El evangelio de este primer domingo nos presenta a Jesús
en el desierto, conducido por el Espíritu, enfrentando las tentaciones del
diablo durante cuarenta días. Es significativo que Jesús, después de su
bautismo donde el Padre proclama "Este es mi Hijo amado", sea llevado
inmediatamente al desierto. El desierto es el lugar del encuentro con Dios,
pero también el lugar de la prueba.
Las tres tentaciones que el diablo presenta a Jesús son
las mismas que nos acechan a nosotros hoy: la tentación del tener (convertir
las piedras en pan - buscar seguridad solo en lo material), la tentación del
poder (adorar al diablo para obtener todos los reinos - buscar el éxito a
cualquier precio), y la tentación de usar a Dios a nuestro antojo (tirarse del
templo para que los ángeles lo salven - un Dios espectacular según nuestros
deseos).
Jesús vence cada tentación citando la Palabra de Dios,
mostrándonos que la verdadera libertad está en la obediencia amorosa al Padre.
El Salmo 50 que rezamos hoy nos pone en actitud de humildad:
"Misericordia, Dios mío, por tu bondad". Reconocemos nuestra
fragilidad, como Adán y Eva en el Génesis que sucumbieron a la tentación, pero
confiamos en que Jesús, el nuevo Adán, ha vencido por nosotros.
Jesús nos acompaña en el desierto de nuestras
tentaciones. No estamos solos cuando el camino se hace difícil, cuando debemos
elegir entre el bien y el mal. Él camina con nosotros y nos enseña a vencer.
Cada domingo, la Palabra de Dios nos va a regalar un ingrediente que dará más “sabor” a nuestra vida. Vamos a dejar que Jesús cocine nuestra VIDA.
Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro.
- Cátedra de San Pedro
- De Banquillo de madera a Santa Sede
- Cátedra de San Pedro en la Enciclopedia Católica

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