Los Padres Blancos evangelizaron en África en el siglo XIX. Los primeros conversos instruyeron y guiaron a los más nuevos creciendo la comunidad rápidamente. Inicialmente no había problemas con el rey pero al ver que interfería en su estilo de vida y modo de gobierno comenzaron las represalias.
José Mkasa era el lider de la comunidad católica, quien tenía a su cargo una comunidad de 200 miembros.
El rey mandó a que mataran a José, mientras sus verdugos le amarraban las manos, él les dijo: "Un Cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir". Lo quemaron el 15 de Noviembre de 1885.
Los cristianos lejos de atemorizarse, continuaron con sus actividades. Carlos Lwanga, favorito del rey, reemplazó a José como jefe de la comunidad cristiana. Sus oraciones lograron que el rey desistiera de las persecuciones por seis meses.
En mayo del año siguiente, estalló la tempestad. Los cristianos fueron capturados y llamados ante el rey. Este les preguntó si tenían la intención de seguir siendo cristianos, "!Hasta la muerte!", respondieron ellos al unísono. El rey ordenó que la ejecución se haga en un lugar llamado Namugongo, a 60 kms de distancia. Uno de los jóvenes era el hijo del verdugo. Éste le rogó para que se escapara, pero no fue aceptada su propuesta. A tres de los jóvenes mártires se les quitó la vida cuando iban por el camino; los restantes fueron encerrados por siete días en la prisión de Namugongo, bajo condiciones infrahumanas.
El 3 de junio de 1886, día de la Ascensión, fueron sacados de la prisión; envueltos en unos juncos y, ordenados en fila, se les prendió fuego. Al hijo del verdugo le dieron un golpe en la cabeza para que no sufriera al ser quemado. Murieron proclamando el nombre de Jesús y diciendo: "Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas".
Carlos Lwanga (21 años), Andrés Kagwa, y otros veinte jóvenes fueron beatificados el 6 de Junio de 1920 por el Papa Benito XV.
Ésto fue lo que escribió para su beatificación:
"Quién fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa aún; pero consta que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquella región a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y "muchos hermanos mártires" que las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses, conocidos también con el nombre de "masas cándidas", o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie."
El 18 de octubre de 1964, el Papa Pablo VI canonizó a los 22 mártires de Uganda.
En el siglo de Giácomo Amoroso, italiano, laico de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos (1715-1787).
San Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia en el año 1715 con el nombre de Filippo Giácomo, provenía de una familia humilde y muy religiosa. Al quedarse huérfano de padre, tuvo que trabajar desde niño de zapatero para ayudar en el hogar, oficio que heredó de su difunto padre.
A los 20 años, pidió su admisión en el convento de los capuchinos para que fuera aceptado como Lego, ya que, por ser analfabeto no podía ser clérigo, en esta oportunidad fue rechazado. Sin renunciar por ello a sus propósitos, el joven se entregó al trabajo, las plegarias y la mortificación, renovando cada cierto tiempo su solicitud en el convento. Por fin, luego de siete años fue admitido en 1743 en el convento de los capuchinos en Mistreta luego de hablar personalmente con el padre provincial de Mesina que se encontraba de visita en Nicosia.
Un año después hizo su profesión tomando el nombre de fray Félix de Nicosia y fue llamado a su ciudad natal para ayudar al hermano limosnero en sus rondas por la ciudad, aquí realizó un gran apostolado entre la gente de todas las clases. Cada día recorría las calles y tocaba las puertas de los ricos; siempre agradecía a cada uno, recibiera o no donativos, diciendo: "Que sea por el amor de Dios".
A pesar de ser analfabeto, conocía muy bien las Sagradas Escrituras y la Doctrina de la Iglesia, pues trataba de aprenderse los pasajes bíblicos y textos de libros que se leían en el convento durante las comidas.
En privado, San Félix practicaba grandes austeridades y en público su amor a Dios se manifestaba con la caridad y la obediencia. Éstas cualidades atrajeron hacia él la atención de los fieles, que se encomendaban a sus oraciones. Realizó curaciones milagrosas, sobre todo en la epidemia que sacudió el pueblo de Cerami, en 1777. Curó también las enfermedades del espíritu, convirtiendo a muchos pecadores, inclusive a algunos delincuentes presos, a quienes el santo socorría con alimentos y con la Palabra de Dios.
Era muy devoto de la Eucaristía (se pasaba horas ante el sagrario), la Virgen de los Dolores (llevó en su pecho durante treinta años una estampa de la Virgen) y la Pasión de Cristo (pasaba mucho tiempo con los brazos en cruz meditando el crucifijo).
Murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia, a la edad de 78 años. Fue Beatificado el 12 de Febrero de 1888 por el Papa León XIII y Canonizado el 23 de Octubre del 2005 por el Papa Benedicto XVI.
La iconografía de la Virgen de la Luz tiene su origen en
la ciudad de Palermo (Italia) sobre el años 1722, cuando una monja visionó una
imagen de la Virgen María evitando caer en las fauces de un monstruo maligno,
mientras sostiene su alma.
La imagen de esta visión plasmada por un pintor sobre
esas fechas de 1722, fue conservada en la ciudad de Palermo hasta 1732, cuando
fue sorteada por el padre José Genovesa para el traslado a alguna fundación
reciente de la Compañía de Jesús, siendo en suerte trasladada el 2 de julio de
1732 a la iglesia jesuita de León en Guanajuato (México), que desde el año 2005
es denominada Basílica-Catedral Metropolitana de Nuestra Madre Santísima de la
Luz. A partir de entonces, los jesuitas fueron quienes difundieron su culto por
el continente americano.
La representación de la Virgen de la Luz es aquella donde
muestra a la Virgen María evitando caer en las fauces de un monstruo maligno,
mientras sostiene su alma y al Niño Jesús.
La Virgen María aparece vestida con túnica blanca y su
manto azul (semejante al de la iconografía de la Inmaculada Concepción), que
simbolizan su pureza y castidad, sobre un fondo de color amarillo dorado.
En los brazos sostiene con su mano derecha la figura de
un alma, y con su brazo izquierdo al Niño Jesús, el cual escoge un par de
corazones ardientes que un ángel porta y le ofrece en una cesta. Los corazones
ardientes simbolizan la caridad y el amor a Dios.
Sobre la cabeza de la Virgen María están un par de
ángeles que la coronan como reina del cielo, mientras que a sus pies, le espera
un monstruo (Leviatán) con sus fauces abiertas. La figura de Leviatán fue
censurada desde 1760 por la Iglesia Católica Romana y fueron sustituidas por
unas llamas que aludían al purgatorio, o unas nubes oscuras que simbolizan al
pecado.
“La oración y la acción de gracias son lo que más agrada a Dios"
San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua Siquem, en Samaria (ciudad que en su tiempo se llamaba Naplus). Sus padres eran paganos, de origen griego, y le dieron una excelente educación, instruyéndolo lo mejor posible en filosofía, literatura e historia.
En sus libros, sobre todo "Diálogo con el Judío Tifón" nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad,luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su «Apología».
Justino y su obras demuestran cómo la Iglesia celebraba el culto desde sus inicios. Las actas que se conservan acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad. Justino es llevado ante el alcalde de Roma, y empieza entre los dos un diálogo emocionante:
Alcalde. ¿Cuál es su especialidad? ¿En qué se ha especializado?
Justino. Durante mis primero treinta años me dediqué a estudiar filosofía, historia y literatura. Pero cuando conocí la doctrina de Jesucristo me dediqué por completo a tratar de convencer a otros de que el cristianismo es la mejor religión.
Alcalde. Loco debe de estar para seguir semejante religión, siendo Ud. tan sabio.
Justino. Ignorante fui cuando no conocía esta santa religión. Pero el cristianismo me ha proporcionado la verdad que no había encontrado en ninguna otra religión.
Alcalde. ¿Y qué es lo que enseña esa religión?
Justino. La religión cristiana enseña que hay uno solo Dios y Padre de todos nosotros, que ha creado los cielos y la tierra y todo lo que existe. Y que su Hijo Jesucristo, Dios como el Padre, se ha hecho hombre por salvarnos a todos. Nuestra religión enseña que Dios está en todas partes observando a los buenos y a los malos y que pagará a cada uno según haya sido su conducta.
Alcalde. ¿Y Usted persiste en declarar públicamente que es cristiano?
Justino. Sí declaro públicamente que soy un seguidor de Jesucristo y quiero serlo hasta la muerte.
El alcalde pregunta luego a los amigos de Justino si ellos también se declaran cristianos y todos proclaman que sí, que prefieren morir antes que dejar de ser amigos de Cristo.
Alcalde. Y si yo lo mando torturar y ordeno que le corten la cabeza, Ud. que es tan elocuente y tan instruido ¿cree que se irá al cielo?
Justino. No solamente lo creo, sino que estoy totalmente seguro de que si muero por Cristo y cumplo sus mandamientos tendré la Vida Eterna y gozaré para siempre en el cielo.
Alcalde. Por última vez le mando: acérquese y ofrezca incienso a los dioses. Y si no lo hace lo mandaré a torturar atrozmente y haré que le corten la cabeza.
Justino. Ningún cristiano que sea prudente va a cometer el tremendo error de dejar su santa religión por quemar incienso a falsos dioses. Nada más honroso para mí y para mis compañeros, y nada que más deseemos, que ofrecer nuestra vida en sacrificio por proclamar el amor que sentimos por Nuestro Señor Jesucristo.
Los otros cristianos gritaron que ellos estaban totalmente de acuerdo con lo que Justino acababa de decir.
Justino y sus compañeros, cinco hombres y una mujer, fueron azotados cruelmente, y luego les cortaron la cabeza.
Y el antiguo documento termina con estas palabras: "Algunos fieles recogieron en secreto los cadáveres de los siete mártires, y les dieron sepultura, y se alegraron que les hubiera concedido tanto valor, Nuestro Señor Jesucristo a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos. Amen".
El primer domingo después de Pentecostés se celebra a Dios, Uno y Trino: “Es el único creador del mundo, de todos nosotros: precisamente este Dios único es trinitario, un círculo de amor”, decía el Papa Benedicto XVI. Este día está dedicado a Dios amor, que precisamente por serlo, es también “comunidad”. El ser humano, como creatura llamada a vivir el amor pleno, está llamado también a vivir en relación con Dios y con los hermanos.
La Iglesia Católica celebra este domingo 31 de mayo el
misterio central de la fe cristiana: la Santísima Trinidad. El Catecismo de la
Iglesia Católica enseña que Dios es uno y trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La Iglesia recuerda y propone que en esta Solemnidad todos
los fieles renueven la opción por el amor como respuesta a Dios y al prójimo
para así encontrar la verdad y la felicidad.
En una de sus catequesis, el Papa Benedicto XVI recuerda que
“la prueba más grande que somos hechos a imagen de la Trinidad es esta: solo el
amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y para
ser amados”.
El Papa también afirma que los fieles están “llamados a ser
una comunidad de amor y de vida, en la cual las diversidades nos lleven a
formar una ‘parábola de comunión’”.
Por el Espíritu Santo los creyentes pueden conocer la
intimidad de Dios mismo, descubriendo que? Él es la comunión de luz y de
amor,?un?eterno diálogo entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo.
La historia de San Agustín permite ahondar un poco más en el
misterio de la Trinidad. Se encontraba el santo paseando un día por la playa,
intentando comprender este misterio. Se encontró a un niño que había hecho un
hoyo en la arena y con una concha llenaba el agujero con agua del mar.
El niño corría hasta la orilla, llenaba la concha con agua y
la depositaba en el hoyo que había hecho en la arena. San Agustín le preguntó
al niño por qué lo hacía, y el pequeño respondió que intentaba vaciar toda el
agua del mar en el agujero.
Al escucharlo, San Agustín le dijo al niño que eso era
imposible, a lo que el niño respondió que si aquello era imposible hacer, más
imposible aún era el tratar de decifrar el misterio de la Santísima Trinidad.
La Trinidad es el término empleado para significar la doctrina central de la religión Cristiana: la verdad que en la unidad del Altísimo, hay Tres Personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, estas Tres Personas siendo verdaderamente distintas una de la otra.
Cada 31 de mayo la Iglesia celebra la fiesta de la
Visitación de la Virgen María a su prima, Santa Isabel, quien se encontraba
también en estado de buena esperanza.
Con esta celebración se cierra el mes de mayo, dedicado a
nuestra Madre del Cielo. Este es, pues, un hermoso detalle previsto por la
Iglesia para coronar los ejercicios de piedad o las expresiones de amor que
hemos ido realizando a lo largo del mes.
Durante mayo hemos acompañado a la Virgen en los
jubilosos días de Pascua; la hemos celebrado en la Advocación de la Virgen de
Fátima y pronto estaremos a su lado celebrando Pentecostés (8 de junio).
Aunque, quizás, sea mejor decir que fue Ella quien estuvo todo este tiempo a nuestro
lado, educándonos en la fe. Cada rezo del Rosario durante este mes, cada
Letanía a la Virgen, cada oración frente a su santa imagen ha sido un gesto
importante para que la amemos más, la conozcamos mejor y la tengamos más
presente el resto del año.
¡Dios nos conceda el don de amar a María como Jesús la
amó!
Conociendo
a nuestra Madre
La fiesta de la Visitación constituye esencialmente una
invitación del Señor a contemplar a la Virgen María, la Madre de Dios, que
salió al encuentro de su pariente Isabel para ponerse a su servicio -recordemos
que Isabel estaba embarazada y era una mujer mayor-. Se trata de una
oportunidad renovada para considerar el llamado a vivir el ‘amor generoso’
-amor que brota de nuestro interior cuando en él habita Jesús-.
María camino a la casa de Zacarías e Isabel es la más
clara evidencia de que la Madre de Dios jamás “se cerró sobre sí misma” sino
que estuvo siempre sensible y atenta a las necesidades del otro. La Madre de
Dios se puso en marcha para servir en las labores domésticas sin hacer alarde
de nada; acude con toda sencillez, movida por el amor a su prima, magnificado
por Aquél que lleva en su vientre virginal.
María
viene a visitar tu corazón
De acuerdo al relato evangélico, el ángel Gabriel anunció
a María que sería la Madre de Jesús, Redentor del mundo. Luego le revelaría que
su prima Isabel estaba encinta a pesar de su edad. Dios, en María, obra con
grandeza delante de todos y suscita la respuesta amorosa del ser humano: la
Virgen sale en ayuda de su pariente embarazada, la que será madre de Juan el
Bautista, y se queda con esta por un periodo de tres meses.
Aquel gesto amable nos recuerda que María, como madre que
es, ama a cada uno con un amor particular. Al mismo tiempo, evoca el “encargo”
que ha de recibir en el Calvario (Cfr. Jn 19, 26-27) por el que sabemos que
nunca abandonará a ninguno de sus hijos.
De esta manera, la doncella elegida por Dios se ha hecho
ejemplo perfecto de cómo debemos salir también nosotros al encuentro del
prójimo –llevando a Jesús en el corazón–.
Aunque pasemos por circunstancias difíciles, no perdamos
la esperanza, al contrario: tengamos presente que la primera que quiere
ayudarnos a tener a Jesús en nuestro interior es la Virgen. ¡Invoca su nombre
sin reparos! ¡Recíbela en tu casa! Una madre como Ella jamás ha de
negarse.
María,
maestra de oración
Así como la Virgen nos invita a servir, así también nos
invita a orar. De los textos correspondientes al episodio de la Visitación
surgen dos importantes oraciones: la segunda parte del Avemaría y el canto del
Magníficat.
Cuando Isabel oyó el saludo de María, “el niño saltó en
su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
‘¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es
posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu
saludo, el niño saltó de alegría en mi seno’” (ver Lc 1, 39-56).
María, sierva del Señor, responde alabando a Dios por sus
maravillas: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en
Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava…” (Lc 1,
47-48).
“Canal
de la Gracia”
San Bernardo de Claraval, a propósito de los pasajes
bíblicos que acabamos de considerar, señala que “desde entonces María quedó
constituida como un ‘canal inmenso’ por medio del cual la bondad de Dios envía
hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y
bendiciones”.
Entre los más prolíficos devotos de la Madre de Dios está
San Bernardo.
Evangelio del día (Lc 1, 39-56)
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo
de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel.
En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y
levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto
de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?
Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa
tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del
Señor”.
Entonces dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre”.
María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego
regresó a su casa.
Por qué el Día de Castilla-La Mancha es el 31 de mayo
El 31 de mayo de 1983 se constituyeron por primera vez
las Cortes de Castilla-La Mancha. Es decir, ese día comenzó a funcionar
oficialmente el parlamento autonómico tras el proceso de autonomía y de ahí que
cada 31 de mayo se celebre el día de Castilla-La Mancha.
Pero aquella primera sesión en el parlamento no fue un
simple trámite sino que venía precedida de un paso importante, el referéndum
celebrado el 8 de mayo de ese mismo año, en el que se eligieron los
representantes. Y apenas unas semanas después, ya estaba en marcha la
estructura política propia de la región. Por eso se eligió esa fecha, y por
eso, desde 1984, se celebra cada año como fiesta oficial en toda la comunidad.
No es una fecha simbólica elegida al azar, sino el recuerdo de cuando
Castilla-La Mancha empezó a tomar sus propias decisiones desde sus
instituciones.
Cómo se celebra el Día de Castilla-La Mancha
El acto oficial de la celebración del día de Castilla-La
Mancha cambia de lugar cada año. No siempre se hace en la misma ciudad, y eso
permite que distintas localidades tengan su protagonismo. Este año el evento se
celebra en Cuenca y como siempre, se entregan las Medallas de Oro de la Región
y las Placas al Mérito Regional, que reconocen a personas y entidades
destacadas. Con el tiempo, han pasado por ahí nombres muy conocidos, desde
figuras del mundo del cine hasta deportistas o comunicadores.
Para el Día de Castilla-La Mancha 2026, el gobierno
regional ha anunciado que las tres Medallas de Oro más destacadas serán para,
Sara Carbonero, Fernando Morientes y Jesús Fuentes Lázaro, a título póstumo.
Además, este año también habrá 13 nombramientos de Hijos e Hijas Predilectos,
así como 6 distinciones de Hijos e Hijas Adoptivo y 14 Placas al Mérito Regional.
Y al margen de los actos institucionales, las calles de
Castilla-La Mancha se llenan de música tradicional, con bandurrias, dulzainas o
incluso zambombas. En muchos sitios hay grupos bailando jotas o fandangos, y no
es raro encontrarse con actuaciones improvisadas o pequeños escenarios en
plazas.
Y luego está la gastronomía ya que si algo no falla en
Castilla-La Mancha es lo bien que se come. Durante esta jornada aparecen platos
muy reconocibles como son las migas, gachas, pisto manchego o los asadillos y
que son recetas que forman parte del día a día pero que en este día se
comparten más que nunca. Todo acompañado de vino, algo casi obligatorio en una
región que presume de tener una de las mayores superficies de viñedo del mundo.
Además, muchos municipios organizan actividades que van
más allá de lo típico. Mercados cervantinos, pasacalles, concursos de cocina
tradicional o incluso propuestas como rutas del vino o eventos culturales. En
algunos lugares, la figura de Don Quijote vuelve a aparecer como símbolo, con
recreaciones o actividades inspiradas en la obra de Cervantes.
Y por último, otro detalle que se nota mucho es la
presencia de la bandera de Castilla-La Mancha. Balcones, edificios oficiales,
calles, etc…prácticamente todo se llena de ese rojo y blanco tan
característico. Es una forma bastante visible de recordar la identidad de la
región sin necesidad de explicaciones.
Al final, el Día de Castilla-La Mancha es una mezcla de
todo lo mencionado. Un poco de historia, bastante tradición y, sobre todo,
mucha vida en la calle. No es una fiesta que se limite a un acto concreto, sino
una celebración que se reparte por toda la comunidad y que cada lugar adapta a
su manera.
EL PASADO VIERNES 29 EN NUESTRO CENTRO EDUCATIVO CELEBRAMOS EL DÍA DE NUESTRA COMUNIDAD CON AYUDA DE NUESTRO AMPA.
¡FELICIDADES A TODOS LOS CASTELLANO-MANCHEGOS EN EL DÍA DE LA ATONOMÍA!
Esta santa a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión. Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia. Su padre se llamaba Jaime de Arco, y era un campesino.
Era hijo del rey Alfonso IX y primo hermano del rey San Luis de Francia. Fue un verdadero modelo de gobernante, de creyente, de padre, esposo y amigo. Emprendió la construcción de la bellísima Catedral de Burgos y de varias catedrales más y fue el fundador de la famosa Universidad de Salamanca. San Fernando III protegió mucho a las comunidades religiosas y se esforzó porque los soldados de su ejército recibieran educación en la fe. Instauró el castellano como idioma oficial de la nación y se esmeró para que en su corte se le diera importancia a la música y al buen hablar literario.
Sus enfrentamientos tuvieron por fin, liberar a España de la esclavitud en la que la tenían los moros, y por ende liberar también a la religión católica del dominio árabe.
Como todos los santos fue mortificado y penitente, y su mayor penitencia consistió en tener que sufrir 24 años en guerra incesante por defender la patria y la religión.
En sus cartas se declaraba: "Caballero de Jesucristo, Siervo de la Virgen Santísima, y Alférez del Apóstol Santiago. El Papa Gregorio Nono, lo llamó: "Atleta de Cristo", y el Pontífice Inocencio IV le dio el título de "Campeón invicto de Jesucristo".
Propagaba por todas partes la devoción a la Santísima Virgen y en las batallas llevaba siempre junto a él una imagen de Nuestra Señora. Y le hacía construir capillas en acción de gracias, después de sus inmensas victorias. Este gran guerrero logró libertar de la esclavitud de los moros a Úbeda, Córdoba, Murcia, Jaén, Cádiz y Sevilla. Para agradecer a Dios tan grandes victorias levantó la hermosa catedral de Burgos y convirtió en templo católico la mezquita de los moros en Sevilla.
¡¡¡ FELICIDADES A TOD@S L@S QUE HOY CELEBRAN SU ONOMÁSTICA !!!.
Maximino nació al comienzo del siglo IV en Poitiers (Aquitania), al sudoeste de la antigua Galia. Provenía de un hogar muy piadoso.
La santidad de Agricio, obispo de Tréveris, llevó a Maximino a dejar el suelo natal e ir en busca de aquel prelado, para recibir lecciones de religión, ciencias y humanidades. El santo reconoció en el recién llegado una lúcida inteligencia y un firme amor a la doctrina católica, razón por la cual le confirió las sagradas órdenes. En el ejercicio de estas funciones hizo en breve tiempo notables progresos.
Al morir Agricio, conocidos por el pueblo los atributos de Maximino, por voluntad unánime éste fue su sucesor, ocupando la cátedra de Tréveris en el año 332.
Perturbaba en aquel tiempo en la Iglesia el arrianismo, doctrina que negaba la unidad y consustancialidad en las tres personas de la santísima Trinidad; según ellos el Verbo habría sido creado de la nada y era muy inferior al Padre. El Verbo encarnado era Hijo de Dios, pero por adopción.
Contra esta interpretación, que disminuía el misterio de la encarnación y el de la redención del hombre, se levantó Atanasio, obispo de Alejandría, que se había de constituir en el campeón de la ortodoxia.
Reinaba entonces el emperador Constantino el Grande, a quien los herejes engañaron acumulando calumnias sobre Atanasio, y así lograron que lo desterraste a Tréveris en el año 336. Allí Maximino lo recibió con evidencias de la veneración que le profesaba y trató por todos los medios de suavizar la situación del desterrado. Lo mismo hizo con Pablo, obispo de Constantinopla, también forzado a ir a Tréveris después de un remedo de sínodo arriano. Al morir Constantino, el hijo mayor, Constantino el Joven, su sucesor en Occidente, devolvió a Atanasio la sede de Alejandría.
En el año 345, Maximino concurrió al concilio de Milán, donde los arrianos, cuyo jefe era Eusebio de Nicomedia, fueron otra vez condenados. Considerado indispensable para cimentar la paz de la Iglesia celebrar un nuevo concilio ecuménico. Maximino lo propuso al emperador Constante; éste, hallándolo conveniente, escribió a su hermano Constantino, concertándose para tal reunión la ciudad de Sárdica (hoy Sofía, capital de Bulgaria).
Los arrianos quisieron atraer al emperador a su secta y justificar la conducta seguida contra Atanasio. Pero Maximino alertó al emperador, defendiendo así al obispo sin culpa; y Atanasio fue nuevamente restablecido.
Vuelto a su Iglesia, Maximino hizo frente a las necesidades, socorriendo a los pobres. Su familia residía en Poitiers y allá fue a visitarlos, pero murió al poco tiempo en esa ciudad, en el año 349. La fecha de hoy recuerda la traslación de sus reliquias a Tréveris.