Mostrando entradas con la etiqueta III Domingo de Cuaresma- Ciclo B. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta III Domingo de Cuaresma- Ciclo B. Mostrar todas las entradas

7 de marzo de 2021

III DOMINGO DE CUARESMA - CICLO B

 Elimina todo lo que te sobra… El amor no se compra


EL AMOR NO SE COMPRA

Cuando Jesús entra en el Templo de Jerusalén no encuentra gentes que buscan a Dios, sino comercio religioso. Su actuación violenta frente a «vendedores y cambistas» no es sino la reacción del Profeta que se encuentra con la religión convertida en mercado.

Aquel Templo, llamado a ser el lugar en que se había de manifestar la gloria de Dios y su amor fiel, se ha convertido en lugar de engaños y abusos, donde reina el afán de dinero y el comercio interesado.

Quien conozca a Jesús no se extrañará de su indignación. Si algo aparece constantemente en el núcleo mismo de su mensaje es la gratuidad de Dios, que ama a sus hijos e hijas sin límites y solo quiere ver entre ellos amor fraterno y solidario.

Por eso, una vida convertida en mercado, donde todo se compra y se vende -incluso la relación con el misterio de Dios-, es la perversión más destructora de lo que Jesús quiere promover. Es cierto que nuestra vida solo es posible desde el intercambio y el mutuo servicio. Todos vivimos dando y recibiendo. El riesgo está en reducir nuestras relaciones a comercio interesado, pensando que en la vida todo consiste en vender y comprar, sacando el máximo provecho a los demás.

Casi sin darnos cuenta nos podemos convertir en «vendedores y cambistas» que no saben hacer otra cosa sino negociar. Hombres y mujeres incapacitados para amar, que han eliminado de su vida todo lo que sea dar.

Es fácil entonces la tentación de negociar incluso con Dios. Se le obsequia con algún culto para quedar bien con él, se pagan misas o se hacen promesas para obtener de él algún beneficio, se cumplen ritos para tenerlo a nuestro favor. Lo grave es olvidar que Dios es amor, y el amor no se compra. Por algo decía Jesús que Dios «quiere amor y no sacrificios».

Tal vez, lo primero que necesitamos escuchar hoy en la Iglesia es el anuncio de la gratuidad de Dios. En un mundo convertido en mercado, donde todo es exigido, comprado o ganado, solo lo gratuito puede seguir fascinando y sorprendiendo, pues es el signo más auténtico del amor.

Los creyentes hemos de estar más atentos a no desfigurar a un Dios que es amor gratuito, haciéndolo a nuestra medida: tan triste, egoísta y pequeño como nuestras vidas mercantilizadas.

Quien conoce «la sensación de la gracia» y ha experimentado alguna vez el amor sorprendente de Dios, se siente invitado a irradiar su gratuidad y, probablemente, es quien mejor puede introducir algo bueno y nuevo en esta sociedad donde tantas personas mueren de soledad, aburrimiento y falta de amor.

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (2,13-25
)







8 de marzo de 2015

III DOMINGO DE CUARESMA_CICLO B


En este tercer domingo de Cuaresma, el Evangelio de Juan nos presenta un episodio muy curioso, del que seguramente todos recordamos. Está llegando la fiesta de la Pascua, es el momento del año más sagrado para el pueblo de Israel. Numerosas tribus de peregrinos llegaban de todos lados para la celebración en Jerusalén, donde se encontraba el templo. Recordemos que el único culto litúrgico para los judíos se celebraba en el Templo de Jerusalén, ya que en las así llamadas sinagogas, lo que se realiza es la enseñanza de la Ley y la oración. Por eso la importancia de la ciudad y del Templo.
En verdad, el Templo de Jerusalén, decidió edificarlo el Rey David para custodiar el “Arca de la Alizanza”. En esa Arca estaban las tablas de la Ley que aseguraba la presencia del Señor en medio de su pueblo. Pero Dios no se lo permitió a David, por causa de sus muchos pecados. Y lo mandó finalmente a construir Salomón, su hijo. Estamos hablando del siglo X antes de Cristo. (Esto lo encontramos en el libro de los Reyes y el libro de Crónicas). Allí se custodió el Arca de la Alianza hasta que el Rey Nabucodonosor de Babilonia se arrebata a Jerusalén y destruye todo, incluso el Templo llevándose cautivos a los Judíos. De esa Arca nunca más se comentó ni se supo dónde terminó. Pero en el destierro Esdras, pidió permiso para volver a las ruinas de su ciudad y reconstruir el templo. Ahora hablamos del siglo VI antes antes de Cristo. Luego hubo otras revueltas que volvieron a destruir el templo. Hasta que en el siglo I antes Cristo el Rey Herodes embelleció el Templo mandando trabajadores por muchos años. Éste es el Templo que vió y conoció Jesús.
Es decir el lugar tan sagrado para los judíos, ahora con tantos peregrinos que venías a presentar sus ofrendas y holocaustos, querrían adquirir allí los animales para ofrecerlos en sacrificio y como muchos venían de otros países habían hasta cambistas de dinero. Todo eso es lo que vio Jesús y por esa razón, expulsó a los mercaderes del Templo, con un látigo hecho de cuerdas. Tal vez estamos acostumbrados a ver a Jesús con la gran mansedumbre que trata a todos los pecadores que se convierten, o darles una oportunidad a todos. Pero aquí lo vemos con una fuerza muy importante para poner fuera del Templo a esta gente.
En el medio del relato hay muchas preguntas y un anuncio muy claro sobre su muerte y resurrección, dando a entender que sobre Él mismo ahora es el centro de la religión. Ya no será más el Templo, sino que habrá una sóla víctima (que es el Hijo amado del Padre), y ya nunca más se necesitarán otros sacrificios. Y el “cordero degollado” resucitó y está vivo. Esto es lo que hay que entender del Evangelio de Juan, pues siempre tiene a Cristo Resucitado como centro. Por eso dice Juan que cuando Jesús resucitó, entonces fue que creyeron en esto que había dicho.
El relato termina con el versículo 25 donde dice: “no necesitaba informes de nadie, porque él sabía lo que hay en el interior del hombre”
Es decir, Juan nos relata que Jesús actuó de esta manera, porque Él sabía lo que hay en el interior de los seres humanos. Y tal vez todo esto es lo que justifica esa manera de actuar. Jesús ve los corazones y las intenciones. La religión no puede mezclarse con el comercio y el mercado. Es un muy buen punto para tener en cuenta.