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6 de diciembre de 2014

Segundo Domingo de Adviento - Ciclo B

Celebramos el segundo domingo de Adviento. Tengamos el corazón bien dispuesto para acoger la Palabra de Dios en nuestra vida y vivamos la Eucaristía con la alegría que nos proporciona el encuentro con Jesús, con el que entramos en comunión.




En este II domingo de Adviento, el evangelista Marcos nos habla del comienzo de la Buena Noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios. Y al comienzo, lo que resuena no es la voz de Jesús, sino la voz de los profetas, cuya misión es roturar -arar como hacían nuestros antepasados con la tierra para preparar la cosecha-, la aridez de los corazones.
Jesús no llega al corazón de las personas de sopetón. Necesita precursores, alguien que le prepare el camino. Juan Bautista recoge las palabras de Isaías y predica y prepara...
"Una voz grita en el desierto". ¿Acaso nuestros oídos están taponados? ¿No oímos? O lo que es peor, ¿no hay respuesta?.
Pedía el Señor que se hablase al corazón de Jerusalén, al corazón del pueblo. Ese Jerusalén somos hoy nosotros, la Iglesia. ¿Quién es quien habla con profundidad al corazón? Jesús. Sus palabras fueron siempre de vida y de gracia y llegaban al corazón de la gente, especialmente a los que más sufrían.




Hablar al corazón, es decir  palabras sinceras y sentidas, palabras vivas: la palabra que el hermano necesita y espera.
Es hablar desde la comprensión y la empatía (de percibir lo que el otro puede sentir). Es proyectar un haz de luz en la noche del que sufre. Es encender la esperanza. Es hablar desinteresadamente. Es hablar desde, y para el amor.
Hoy NO HABLAMOS AL CORAZÓN. Hablamos más al cerebro, para convencerle de nuestras ideas o ideologías. Hablamos a las pasiones, para despertarlas. Hablamos a los sentidos, para provocar en ellos necesidades y apetencias. Hablamos al bolsillo, para sacar el dinero, para obtener un beneficio. Pero… al corazón no llegan nuestras palabras.
Pensemos ahora en los medios de comunicación, pensemos en los discursos de los políticos, en los mensajes de todos esos famosos que deambulan por la vida social, en las enseñanzas de los educadores, en nuestros diálogos en familia o nuestras conversaciones cotidianas...
Hemos de confesar que la mayoría de las veces nuestros diálogos pecan de superficiales.
Hablemos, pues, al corazón: que los padres hablen al corazón de sus hijos; que los educadores hablen al corazón de sus alumnos; que los gobernantes hablen al corazón de su pueblo; que los artistas hablen al corazón del mundo.
"Preparad el camino al Señor..." cantamos y escuchamos repetidamente en este tiempo de Adviento. ¿Qué pasos ha de dar el hombre? ¿Qué caminos tiene que preparar? ¿Cómo ha de preparar su corazón?
Todos podemos dar pequeños pasos, que uno tras otro, son un gran trecho que podemos recorrer con la ayuda de Dios.
Preparar la Navidad no es llenar de espumillón y de flores de pascua nuestras casas, es "dar el cayo" por los demás. En la Iglesia lo hacemos de una forma organizada por medio de Cáritas y se condenan aquellos que menosprecian y no colaboran con esta gran labor; porque ser cristiano, amar a Dios a quien no vemos, es amar a los hermanos a quienes sí vemos y en quienes se refleja el rostro del auténtico Cristo sufriente.




Esta preparación de los caminos del Señor —de los que nos hablaba el Evangelio— es lo que llamamos conversión. Y todo conversión es un proceso que debemos recorrer en pequeños pasos.
Hoy la Palabra de Dios nos invita a convertirse o cambiar totalmente nuestra vida, a empezar a vivir de nuevo, a ser el hombre o la mujer nuevos: el de la fe, la esperanza y el amor en todas sus dimensiones.
El Dios que se nos hace presente, el Dios de las promesas y de la gracia, está y viene a nuestra vida. Pidamos hoy, con fe, que venga a nosotros su reino; que pase este mundo; que todo se renueve; que venga Jesucristo, nuestro Señor.








30 de noviembre de 2014

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO - Ciclo B

El primer domingo de Adviento es el primer día de un nuevo Año Litúrgico para la Iglesia Católica y en esta ocasión el Evangelio anima a los fieles a velar y estar preparados porque no se sabe cuándo llegará el dueño de casa.


Evangelio: Marcos 13,33-37
"Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa"
En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: "Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!"

Esta primera semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación a la vigilancia en espera de la venida del  Señor. Por ello, es importante que en las familias se haga un propósito que les permita avanzar en el camino hacia la Navidad.


Para terminar, es importante recordar que el Año Litúrgico es el conjunto de las celebraciones con las cuales la Iglesia conmemora anualmente el misterio de Cristo. El tiempo de Adviento, que es el primer período del Año Litúrgico, tiene una duración de cuatro semanas. Este año 2014, comienza el domingo 30 de noviembre y se prolonga hasta el 23 de diciembre. Las lecturas son las correspondientes al Ciclo B.





28 de noviembre de 2014

EL DOMINGO YA EMPIEZA EL ADVIENTO




Cuatro domingos de Adviento tendrán que pasar para que ya, una vez más, estemos en Navidad...

El próximo domingo será el primero y el advenimiento que vamos a celebrar es la conmemoración de la llegada del Hijo de Dios a la Tierra.

Es tiempo de preparación puesto que siempre que esperamos recibir a una persona importante, nos preparamos.

La Iglesia nos invita a que introduzcamos en nuestro espíritu y en nuestro cotidiano vivir un nuevo aspecto disciplinario para aumentar el deseo ferviente de la venida del Mesías y que su llegada purifique e ilumine este mundo, caótico y deshumanizado, procurando el recogimiento y que sean más abundantes y profundos los tiempos de oración y el ofrecimiento de sacrificios, aunque sean cosas pequeñas y simples, preparando así los Caminos del Señor.

Caminos que llevamos en nuestro interior y que tenemos que luchar para que no se llenen de tinieblas, de ambición, de lujuria, de envidia, de soberbia y de tantas otras debilidades propias de nuestro corazón humano, sino que sean caminos de luz, senderos que nos conduzcan a la cima de la montaña, a la conquista de nuestro propio yo.

Hace unos días celebrábamos el día de Cristo Rey. Cristo es un Rey que no es de este mundo. El reino que El nos vino a enseñar pertenece a los pobres, a los pequeños y también a los pecadores arrepentidos, es decir, a los que lo acogen con corazón humilde y los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los Cielos".... y a lo "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas ocultas a los sabios y a los ricos.

Es preciso entrar en ese Reino y para eso hay que hacerse discípulo de Cristo.

A nosotros no toca ser portadores del mensaje que Jesús vino a traer a la Tierra.

Cristo no vivió su vida para sí mismo, sino para nosotros desde su Encarnación. por "nosotros los hombres y por nuestra salvación hasta su muerte, por nuestros pecados" (1Co 15,3) y en su Resurrección "para nuestra justificación (Rm4,1) "estando siempre vivo para interceder en nuestro favor" (Hb 7,25). Con todo lo que vivió y sufrió por nosotros, de una vez por todas, permanece presente para siempre "ante el acatamiento de Dios en favor nuestro" (Hb 9,24).


Cuatro domingos faltan para que celebremos su llegada. Días y semanas para meditar, menos carreras, menos cansancio del bullicio y ajetreo de compras y compromisos, de banalidades y gastos superfluos... mejor preparar nuestro corazón y tratar de que los demás lo hagan también para el Gran Día del Nacimiento en la Tierra de Dios que se hace hombre.

PREPARÉMONOS CON ILUSIÓN Y CON FE.