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22 de diciembre de 2021

TIEMPO DE NAVIDAD




Navidad 2021: La Epifanía

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Navidad 2021: Documentos

Navidad 2021: Liturgias

Navidad 2021: Los Santos y la Navidad


“El Tiempo de Navidad es un tiempo de inmensa alegría. Es un tiempo en el que se nos invita a contemplar al Hijo de Dios, hecho Hombre...”


 




23 de diciembre de 2018

TIEMPO DE NAVIDAD

Exposición dogmática
Si el tiempo de Adviento nos hace suspirar por el doble advenimiento del Hijo de Dios, el de Navidad, celebra el aniversario de su nacimiento en cuanto hombre, y por lo mismo nos prepara a su venida como Juez.
Desde Navidad sigue la Iglesia paso a paso a  Jesucristo en su obra Redentora, para que nuestras almas, aprovechándose de todas sus gracias  que de todos los misterios de su vida fluyen, sean, como dice San pablo, “la esposa sin mácula, si arruga, santa e inmaculada”, que podrá presentar a Cristo a su Padre cuando vuelva a buscarnos al fin del mundo. Este momento, significado por el postrer domingo después de Pentecostés, es el término de todas las fiestas del calendario cristiano.
Al recorrer las páginas que el Misal y el Breviario dedican al tiempo de Navidad, se ve que están especialmente consagradas a los misterios de la infancia de Cristo.
La liturgia celebra la manifestación al pueblo Judío (Natividad, 25 de Diciembre), y al gentil (Epifanía, 6 de Enero) del gran Misterio de la Encarnación, que consiste en la unión en Jesús del Verbo, “engendrado de la substancia del Padre antes que todos los siglos”, con la humanidad, “engendrada de la substancia de su Madre en el mundo”. Y este Misterio se completa mediante la unión de nuestras almas con Cristo, el cual nos engendra a la vida divina. A todos cuantos le recibieron les dio poder de ser hijos de Dios. La afirmación del triple nacimiento del Verbo, que recibe eternamente la naturaleza divina de su Padre, que “eleva a Sí a la humanidad” que le d en el tiempo la Virgen santísima y que se une en el transcurso de los siglos a nuestras almas, constituye la preocupación de la Iglesia en esta época.
Nacimiento eterno del Verbo
Dice San Pablo que “Dios habita en una inaccesible luz” y que precisamente, para darnos a conocer a su Padre baja Jesús a la tierra. “Nadie conoce al Padre si no es Hijo, y aquél a quien pluguiere al Hijo revelarlo”. Así el Verbo hecho carne es la manifestación de Dios al hombre.
A través de las encantadoras facciones de este Niño recién nacido, quiere la Iglesia que columbremos a la Divinidad misma, que por decirlo así, se ha tornado visible y palpable.”Quien me ve, al Padre ve”, decía Jesús. “Por el misterio de la Encarnación del Verbo, añade el Prefacio de Navidad conocemos a Dios bajo una forma visible” – y, para asentar de una vez cómo la contemplación del Verbo es el fundamento de la ascesis de este Tiempo, se echa mano de los pasos más luminosos y profundos que hay en los escritos de los dos Apóstoles S. Juan y S. Pablo, entrambos heraldos por excelencia de la Divinidad de Cristo.
La espléndida liturgia de Navidad nos convida a postrarnos de hinojos con María y San José ante este Dios revestido de la humilde librea de nuestra carne: “Cristo nos ha nacido, venid adorémosle”“con toda la milicia celestial”nos hace cantar “Gloria a Dios”; y con la sencilla comitiva pastoril nos manda “alabar y glorificar a Dios”; y por fin, nos asocia a la pomposa caravana de los Reyes Magos, para que con ellos nos “hinquemos delante del Niño y le adoremos
Nacimiento temporal de la humanidad de Jesús
“Cuando haya salido el sol en el cielo, veréis al rey de los reyes, que procede de Padre, como esposo que sale del tálamo nupcial” (Ant. Visp. Nav.). “Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”.
Ese Dios a quien adoramos es la divinidad unida a la humana naturaleza en todo lo que aquélla tiene de más amable y de más débil, de modo que no nos deslumbre su luz, y podamos acercarnos a Él sin pavor. El ABC de la vida espiritual consiste  precisamente, e conocer los Misterios de la Infancia del Salvador y asimilarse su espíritu. Por eso, durante algunas semanas contemplamos a Cristo en Belén, en Egipto y en Nazaret.
María da al mundo su Hijo, y lo envuelve en pañales, y le recuesta en el pesebre, y José rodea al Niño de sus cuidados paternales. Es su padre, no ya sólo porque como esposo de la Virgen, tiene derechos en el Fruto de su vientre, sino también porque, como dice Bossuet, así como algunos adoptan hijos, así Jesús adoptó un padre”.
Por eso, los tres benditos nombres de Jesús, de María y de José son como otras tanta preciosas perlas engastadas en os textos de la liturgia de Navidad: “María madre de Jesús, se había desposado con José”; “Hallaron a María, a José y al Niño”, “José y María madre de Jesús, “José, toma al Niño y a su Madre” “¡Hijo mío! ¡Tu padre y yo te andábamos buscando!
Nacimiento espiritual del cuerpo místico de Jesús
Pero dice Santo Tomás que, “si el Hijo de Dios se encarnó, no fue tanto por Él cuanto por hacernos dioses mediante su gracia”. A la humanización de Dios debe corresponder la divinización del hombre. “El  Cristo total, añade S. Agustín, lo forman Jesucristo y los cristianos. Él es cabeza y otros miembros”. Con Jesús nacemos siempre de un modo más perfecto a la vida sobrenatural, porque el nacimiento de la cabeza es también el nacimiento del cuerpo.
Que toda nuestra actividad no sea sino el resplandor de esa luz del Verbo, que envuelva a nuestras almas. Esa es la gracia propia del tiempo de Navidad, el cual tiene por fin ampliar la divina paternidad, a fin de que Dios Padre pueda decir, hablando de su Verbo encarnado y de todos nosotros: “Tú eres mi Hijo; Yo te he engendrado hoy” (Int.). Hincadas en tierras las rodillas, digamos con respeto aquellas palabras del Símbolo: “Creo en Jesucristo I) que nació del Padre antes que los siglos todos; Dios de Dios, consubstancial al Padre; 2) que bajó de los cielos y se hizo carne por obra y gracia del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María y se hizo hombre. 3) Creo en la Santa Iglesia, que ha nacido a la vida divina por el mismo Espíritu Santo y por el bautismo.
Exposición histórica
El empadronamiento general que César Augusto mandó hacer por los años de 747-749 de Roma, obligó a José y a María a ir de Nazaret a Belén de Judea. Llegados a aquel lugar la Virgen benditísima dio al mundo a su hijo primogénito. Aludiendo a una tradición del siglo IV que coloca la cuna de Jesús entre dos animales, la liturgia cita dos textos proféticos uno de Isaías: El buey conoció a su amo y el asno el pesebre de su Señor” (I, 3), y aquél de Habacuc: “Señor, te manifestarás en medio de dos animales” (3,2).
En los contornos de Belén, los pastores guardaban sus ganados, hasta que, avisados por el Ángel, corrieron todos presurosos a la gruta. “¿Qué es lo que han visto, dígannos? ¿Quién es el que ha aparecido en la tierra? Y ellos responden: “Hemos visto a un recién nacido y coros de Ángeles que alababan al Señor: ¡Aleluya, aleluya! Ocho días después, el divino Infante fue circuncidado por José, y recibió el nombre de Jesús, según indicación del ángel hecha a José y a María. Cuarenta días después de haber María dado a luz a Jesús se fue con Él al Templo para ofrecer allí el sacrificio prescrito por la Ley. Entonces vaticinó Simeón que Jesús había de salvar a su pueblo, y que una espada de dolor había también de traspasar el corazón de su Madre.
Tras del cortejo pastoril viene el de los magos, los cuales llegan del oriente a Jerusalén guiados por una estrella, Informados por los mismo príncipes de los sacerdotes, caminan hasta Belén, porque allí es donde el Profeta Miqueas predijo había nacer el Mesías. Y, en efecto, allí se encontraron con el Niño y con María su Madre, y postrándose a sus plantas, le adoraron. Al regresar a sus tierras no pasaron por Jerusalén, según en sueños se les había advertido.
Herodes, que les había pedido le dijesen dónde estaba el niño recién nacido, viéndose burlado por los Magos, se encolerizó sobremanera e hizo matar a todos los niños de Belén, creyendo deshacerse por medio de arte tan inhumano del nuevo rey de los judíos en quien se temía un terrible competidor. Un ángel se apareció entonces en sueños a José, y le dio que huyese a Egipto con María y con el Niño; y allí vivieron los tres hasta la muerte de Herodes, porque entonces el ángel del Señor se les volvió a aparecer a José, mandándole regresar a la tierra de Israel. Mas sabiendo José que reinaba en Judea Arquealo en vez de Herodes su padre, como aquel era también perseguidor, temió por la vida del Niño, y así se retiró a Galilea, al pueblecito de Nazaret.
Los Padres de Jesús le perdieron un día en Jerusalén, por las fiestas de Pascua cuando aún sólo tenía doce años; hasta que al cabo de tres días le encontraron entre los Doctores en el Templo. Vuelto a Nazaret crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres; y de allí fue de donde Jesús salió para el Jordán cuando tenía treinta años, con ánimo de hacerse bautizar por S. Juan, y éste, al verlo, declaró a los judíos que Jesús era el Mesías deseado.
Exposición litúrgica
El tiempo de Navidad comienza por la Vigilia de esta fiesta; para el ciclo Temporal, termina en la octava de Epifanía, o sea el 13 de Enero, y para el Santoral en la Purificación de la Virgen Santísima (2 de Febrero).
Se caracteriza por la inmensa dicha que el mundo siente de ver por fin a su Salvador. De ahí que este Tiempo sea de gran regocijo para todo el pueblo”. Con los ángeles, con los pastores, con los Magos sobre todo, primicias de los Gentiles andemos “embargados de un intenso gozo” y cantemos con la Iglesia un alegre “Gloria in excelsis”, ya que sus sacerdotes se revisten de blancos ornamentos, y el órgano recobra su voz melodiosa. Y esta alegría es tanto mayor cuanto que el nacimiento temporal de Jesús es la prenda de nuestro nacimiento al cielo cuando vuelva a buscarnos al fin del mundo.
Jesús nace en medio de las tinieblas, figura de aquellas otras todavía más densas que oscurecían las almas. “Cuando el mundo entero yacía sepultado en el silencio, y la noche había andado la mitad de su carrera, tu Verbo todopoderoso, señor, bajó de su regio trono”. Por eso y por un privilegio especial se celebra en Navidad una misa a media noche, seguida de otra a la Aurora, y de una tercera ya en pleno día. Y es que, conforme lo hacen notar los SS. Padres, en el momento en que el sol ha llegado a lo más bajo de su carrera y parece renacer, entonces renace también en el mundo el “Sol de Justicia”. “Cristo nos nació cuando los días empiezan a crecer. La Fiesta de la Natividad el 25 de Diciembre, que corresponde a la fecha del 25 de Marzo, coincide con la fiesta que los pueblos paganos celebran en el solsticio de invierno, para honrar el nacimiento del sol. Así cristianizó la Iglesia aquel rito gentil.
La Misa de media noche se celebraba en Roma en la Basílica de Sta. María la Mayor, que representa a Belén, pues en ella se veneran algunos trocitos del pesebre del salvador, que fue reemplazado por una cuna de plata en la gruta misma en que Jesús nació.
Nuestro altar sea el pesebre en que Jesús nace por nosotros muy especialmente en el día de Navidad, pues en este día los textos de la misa sólo se refieren al Misterio del Nacimiento del Salvador. Al volver a nuestras casas, manifestemos nuestro gusto litúrgico guardando las típicas costumbres de los grandes siglos de fe, en que las fiestas litúrgicas tenían resonancia y se prolongaban hasta el seno íntimo del hogar.
En toda casa cristiana debiera haber un pequeño Nacimiento, para rezar en torno de él durante este tiempo las oraciones de la mañana y de la noche. De ese modo, los niños comprenderían que en estos festivos días, tan propios para las alegrías infantiles, deben asociarse a los pastorcitos y los Magos, e ir con ellos a adorar a Jesús, reclinado sobre la paja, honrando allí también a su Madre y a su Padre nutricio, que de rodillas le contemplan.


2 de enero de 2018

¡FELIZ NAVIDAD!


Cuando se hubieron cumplido los acontecimientos que debían preceder al advenimiento del Mesías, de acuerdo con los vaticinios de los antiguos profetas, Jesús llamado el Cristo, Hijo de Dios eterno, se encarnó en el seno de la Virgen María y, hecho hombre, nació de ella para la redención de la humanidad. Desde la caída de nuestros primeros padres, la sabia y misericordiosa providencia de Dios había dispuesto gradulamente todas las cosas para la realización de sus promesas y el cumplimiento del más grande de sus misterios: la encarnación de su divino Hijo.
Por aquel entonces, el Emperador Augusto emitió un decreto para llevar a cabo un censo en el cual todas las personas debían registrarse en un lugar determinado según sus respectivas provincias, ciudades y familias. Hasta Belén, cerca de la ciudad de Jerusalén, llegaron San José y la Virgen María procedentes de Nazaret, y estando allí, le llegó la hora de dar a luz de la Virgen, trayendo al mundo a su divino Hijo a quien envolvió en lienzos y lo recostó en la paja del pesebre.

La Epifanía

Recursos

Documentos

Liturgias

Los Santos y la Navidad



7 de enero de 2015

TIEMPO DE NAVIDAD



El tiempo de Navidad empieza en las vísperas del 25 de diciembre y acaba con la fiesta del Bautismo de Jesucristo. Es un tiempo alegre, donde los cristianos alaban al Señor que ha nacido; se utiliza el color blanco, símbolo de la alegría y gozo de la venida del Salvador.
Durante este tiempo, la Iglesia celebra también la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José (domingo entre el 25 de diciembre y el 1 de enero, y si no existe, el 30 de diciembre), que es un ejemplo para las familias. El día de los Reyes Magos es la fiesta de la Epifanía, se celebra el 6 de enero. Es la fiesta de la manifestación y revelación de Dios: Cristo es la luz de todos los pueblos.
El tiempo de Navidad termina con la celebración del Bautismo de Jesús por Juan el Bautista. El Bautismo del Señor se celebra el domingo después de la Epifanía.



A San Esteban se le llama "protomartir" porque fue el primer mártir de toda la historia católica. San Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles; habló y defendió muy bien a Jesús, que entre los judíos generó cierto desconcierto. Por tal razón, la tradición señala que fue llevado ante el Tribunal Supremo de la Nación, el Sanedrín, para ser acusado con falsos testigos, los cuales argumentaron que Esteban afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés.
Sin embargo, el santo no se atemorizó, y por el contrario, pronunció un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Hechos 7) y a través del cual exhortó a los judíos a rectificar, reprendiéndolos por haber llegado al extremo de no sólo no reconocer al Salvador, sino de haberlo además crucificado.
Llenos de ira, éstos lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon.
Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Y de rodillas dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, murió.
Los cristianos lo rescataron y dieron a su cuerpo digna sepultura.

San Juan tuvo la inmensa dicha de ser el discípulo más amado por Jesús. Nació en Galilea y fue hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el mayor. San Juan era pescador, tal como su hermano y su padre, y según señalan los antiguos relatos, al parecer fue San Juan, que también fue discípulo de Juan el Bautista, uno de los dos primeros discípulos de Jesús junto con Andrés. La primera vez que Juan conoció a Jesús estaba con su hermano Santiago, y con sus amigos Simón y Andrés remendando las redes a la orilla del lago; el Señor pasó cerca y les dijo: "Vengan conmigo y los haré pescadores de almas". Ante este subliminal llamado, el apóstol dejó inmediatamente sus redes, a su padre y lo siguió.
Juan evangelista conformó junto con Pedro y Santiago, el pequeño grupo de preferidos que Jesús llevaba a todas partes y que presenciaron sus más grandes milagros. Los tres estuvieron presentes en la Transfiguración, y presenciaron la resurrección de la hija de Jairo. Los tres presenciaron la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos; y junto con Pedro se encargó de preparar la Última Cena.
A Juan y su hermano Santiago les puso Jesús un sobrenombre: "Hijos del trueno", debido al carácter impetuoso que ambos tenían. Estos dos hermanos vanidosos y malgeniados se volvieron humildes, amables y bondadosos cuando recibieron el Espíritu Santo. Juan, en la Última Cena, tuvo el honor de recostar su cabeza sobre el corazón de Cristo. Fue el único de los apóstoles que estuvo presente en el Calvario. Y recibió de Él en sus últimos momentos el más precioso de los regalos. Cristo le encomendó que se encargara de cuidar a la Madre Santísima María, como si fuera su propia madre, diciéndole: "He ahí a tu madre". Y diciendo a María: "He ahí a tu hijo".
El domingo de la resurrección, fue el primero de los apóstoles en llegar al sepulcro vacío de Jesús. Después de la resurrección de Cristo, en la segunda pesca milagrosa, Juan fue el primero en reconocer a Jesús en la orilla. Luego Pedro le preguntó al Señor señalando a Juan: "¿Y éste qué?". Jesús le respondió: "Y si yo quiero que se quede hasta que yo venga, a ti qué?". Con esto algunos creyeron que el Señor había anunciado que Juan no moriría. Pero lo que anunció fue que se quedaría vivo por bastante tiempo, hasta que el reinado de Cristo se hubiera extendido mucho. Y en efecto vivió hasta el año 100, y fue el único apóstol al cual no lograron matar los perseguidores. Juan se encargó de cuidar a María Santísima como el más cariñoso de los hijos.
Con Ella se fue a evangelizar a Éfeso y la acompañó hasta la hora de su gloriosa muerte. El emperador Dominiciano quiso matar al apóstol San Juan y lo hizo echar en una olla de aceite hirviente, pero él salió de allá más joven y más sano de lo que había entrado, siendo desterrado de la isla de Patmos, donde fue escrito el Apocalipsis. Después volvió otra vez a Éfeso donde escribió el Evangelio.
A San Juan Evangelista se le representa con un águila al lado, como símbolo de la elevada espiritualidad que transmite con sus escritos. Ningún otro libro tiene tan elevados pensamientos como su Evangelio.
Según señala San Jerónimo cuando San Juan era ya muy anciano se hacía llevar a las reuniones de los cristianos y lo único que les decía siempre era esto: "hermanos, ámense los unos a otros". Una vez le preguntaron por qué repetía siempre lo mismo, y respondió: "es que ese es el mandato de Jesús, y si lo cumplimos, todo lo demás vendrá por añadidura". San Epifanio señaló que San Juan murió hacia el año 100 a los 94 años de edad.


En medio de una fuerte crisis en torno a la integridad de la familia, Dios Amor nos brinda nuevamente el modelo pleno de amor familiar al presentarnos a Jesús, María y José.
La Sagrada Familia nos habla de todo aquello que cada familia anhela auténtica y profundamente, puesto que desde la intensa comunión hay una total entrega amorosa por parte de cada miembro de la familia santa elevando cada acto generoso hacia Dios, como el aroma del incienso, para darle gloria.
Por ello, a la luz de la Sagrada Escritura, veamos algunos rasgos importantes de San José, Santa María y el Niño Jesús.
San José
Es el jefe de la familia y actúa siempre como Dios le manda, muchas veces sin comprender el por qué de lo que Dios le pide, pero teniendo fe y confianza en Él.
"Al despertarse, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa". (Mt 1, 24-25) Cuando se entera que María estaba embarazada piensa en abandonarla porque la quería mucho y no deseaba denunciarla públicamente (como era la costumbre de la época), pero el Ángel de Dios se le apareció en sueños y le dijo que lo que había sido engendrado en el vientre de María era obra del Espíritu Santo y que no temiera en recibirla.
"Ella dió a luz un hijo,y él le puso el nombre de Jesús" (Mt 1, 25) Cuando nace el niño, él le pone el nombre de Jesús, como el Ángel le había dicho.
Luego, cuando Herodes tenía intenciones de matar al Niño Jesús y ante otro aviso del Ángel del Señor, José toma a su familia y marcha hacia Egipto.
Por último, con la muerte de Herodes y ante un nuevo aviso del Ángel de Dios, lleva a su familia a instalarse en Nazaret.
San José, Casto Esposo de Santa María, acoge a Jesús en su corazón paternal, educándolo, cuidándolo, amándolo como si fuere hijo suyo. El Niño Jesús aprende de su "santo padre adoptivo" muchas cosas, entre estas, el oficio de carpintero.
La Santísima Virgen María
Desde el momento de la Anunciación, María es el modelo de entrega a Dios.
"He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu Palabra" (Lc 1, 38) En la Anunciación, María responde con un Sí rotundo desde una libertad poseída, poniéndose en las manos de Dios.
En Santa María vemos una continua vivencia de la dinámica de la alegría-dolor: criando, educando, siguiendo de cerca a su Hijo Jesús mostrándole en todo momento un auténtico amor maternal.
"Su madre conservaba estas cosas en su corazón" (Lc 2, 52) Ella fue vislumbrando lentamente el misterio trascendente de la vida de Jesús, manteniéndose fielmente unida a Él.
El niño Jesús
Desde chico, Jesús demuestra que es el Hijo de Dios y que cumple fielmente lo que su Padre le manda.
"Vivía sujeto a ellos" (Lc 2, 51) Como niño, Él obedecía a su madre y a su padre adoptivo, y permanecía siempre junto a ellos. María y José fueron sus primeros educadores.
"El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la Gracia de Dios estaba con Él" (Lc 2, 40) Jesús aprende el oficio de carpintero de su padre adoptivo José.
"¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?" (Lc 2, 49) Cuando Jesús se queda en el Templo, a los doce años, se puede pensar que desobedece a sus padres y que eso está mal. No es así, Jesús demuestra en este hecho su plena independencia con respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio el Plan de su Padre y la Misión que Él le ha encomendado.
Oración por la Familia
Dios, de quien proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra: Padre, que eres amor y vida, haz que cada familia humana que habita en nuestro suelo, sea, por medio de tu Hijo Jesucristo,"nacido de mujer" y mediante el Espíritu Santo, fuente de Caridad Divina, un verdadero santuario de vida y amor para las nuevas generaciones.
Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los cónyuges, para bien propio y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte sostén humano, para que crezcan en la verdad y el amor.
Haz que el amor, reforzado por la gracia del Sacramento del Matrimonio, se manifieste más fuerte que cualquier debilidad o crisis que puedan padecer nuestras familias.
Te pedimos por intermedio de la Familia de Nazaret, que la Iglesia pueda cumplir una misión fecunda en nuestra familia, en medio de todas las naciones de la tierra.
Por Cristo, nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida, por los siglos de los siglos. Amén.
S.S. Juan Pablo II
La Sagrada familia, modelo de fe y de fidelidad
Queridos hermanos y hermanas:
En este primer domingo después de la Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia.
Como en el belén, la mirada de fe nos permite abrazar al mismo tiempo al Niño divino y a las personas que están con él: su Madre santísima, y José, su padre putativo. ¡Qué luz irradia este icono de grupo de la santa Navidad! Luz de misericordia y salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre para la familia humana y para cada familia. ¡Cuán hermoso es para los esposos reflejarse en la Virgen María y en su esposo José! ¡Cómo consuela a los padres especialmente si tienen un hijo pequeño! ¡Cómo ilumina a los novios que piensan en sus proyectos de vida!
El hecho de reunirnos ante la cueva de Belén para contemplar en ella a la Sagrada Familia, nos permite gustar de modo especial el don de la intimidad familiar y nos impulsa a brindar calor humano y solidaridad concreta en las situaciones por desgracia numerosas en las que por varios motivos falta la paz, falta la armonía, en una palabra, falta la "familia".
El mensaje que viene de la Sagrada Familia es ante todo un mensaje de fe: la casa de Nazaret es una casa en la que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. Para María y José esta opción de fe se concreta en el servicio al Hijo de Dios que se le confió, pero se expresa también en su amor recíproco, rico en ternura espiritual y fidelidad.
María y José enseñan con su vida que el matrimonio es una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia. La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia.
Es necesario alimentar esa atmósfera de fe. En esta perspectiva se va preparando el segundo Encuentro mundial con las familias, que tendrá lugar en Río de Janeiro los días 4 y 5 de octubre de 1997. Se tratará de una gran fiesta de las familias de América Latina y de todo el mundo que renovará el mensaje del primer Encuentro, celebrado aquí, en Roma, con ocasión del Año internacional de la familia.
Encomiendo a María, "Reina de la familia", a todas las familias del mundo especialmente a las que atraviesan grandes dificultades, e invoco sobre ellas su protección materna.
La Sagrada familia, modelo de fe y de fidelidad Meditación dominical de S.S. Juan Pablo II diciembre de 1997

 Jornada de la Sagrada Familia. Con este motivo, los obispos miembros de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida han escrito conjuntamente un mensaje en relación a la familia y al lema de este año: “ La alegría del Evangelio de la Familia ”.

    En este mensaje se proclama la vocación al amor como centro del Evangelio de la Familia y la alegría del Evangelio de la Familia; todo ello para comprender la importancia de la transmisión de la Fe de padres a hijos y que ésta sea “una Fe viva, testimonial y alegre, traspasada por la esperanza y la caridad.”




El día de hoy se conmemora a los Niños Inocentes que el cruel Herodes mandó matar.
Según señala el Evangelio de San Mateo, Herodes llamó a los Sumos Sacerdotes para preguntarles en qué sitio exacto iba a nacer el rey de Israel, al que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: "Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: "Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel" (Miq. 5, 1).
Entonces Herodes se propuso averiguar exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo dijo a los Reyes Magos: - "Vayan y averiguen acerca de ese niño, cuando lo encuentren regresan y me lo informan, para ir yo también a adorarlo". Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. En sueños recibieron el aviso divino de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, y el pérfido Herodes se quedó sin saber dónde estaba el recién nacido. Esto lo enfureció hasta el extremo, por lo que rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y dio la orden de matar a todos los niñitos menores de dos años, en la ciudad y alrededores.
El mismo evangelista San Mateo afirmará que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: "Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen" (Jer. 31, 15).

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
La Solemnidad de Santa María Madre de Dios es la primer Fiesta Mariana que apareció en la Iglesia Occidental, su celebración se comenzó a dar en Roma hacia el siglo VI, probablemente junto con la dedicación –el 1º de enero– del templo “Santa María Antigua” en el Foro Romano, una de las primeras iglesias marianas de Roma.
La antigüedad de la celebración mariana se constata en las pinturas con el nombre de “María, Madre de Dios” (Theotókos) que han sido encontradas en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones.
Más adelante, el rito romano celebraba el 1º de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús. Tras desaparecer la antigua fiesta mariana, en 1931, el Papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso (431), instituyó la Fiesta Mariana para el 11 de octubre, en recuerdo de este Concilio, en el que se proclamó solemnemente a Santa María como verdadera Madre de Cristo, que es verdadero Hijo de Dios; pero en la última reforma del calendario –luego del Concilio Vaticano II– se trasladó la fiesta al 1 de enero, con la máxima categoría litúrgica, de solemnidad, y con título de Santa María, Madre de Dios.
De esta manera, esta Fiesta Mariana encuentra un marco litúrgico más adecuado en el tiempo de la Navidad del Señor; y al mismo tiempo, todos los católicos empezamos el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María.
El Concilio de Éfeso
En el año de 431, el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, afirmando: “¿Entonces Dios tiene una madre? Pues entonces no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”. Ante ello, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso –la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años– e iluminados por el Espíritu Santo declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".
Asimismo, San Cirilo de Alejandría resaltó: “Se dirá: ¿la Virgen es madre de la divinidad? A eso respondemos: el Verbo viviente, subsistente, fue engendrado por la misma substancia de Dios Padre, existe desde toda la eternidad... Pero en el tiempo él se hizo carne, por eso se puede decir que nació de mujer”.
Madre del Niño Dios
“He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”
Es desde ese fiat, hágase que Santa María respondió firme y amorosamente al Plan de Dios; gracias a su entrega generosa Dios mismo se pudo encarnar para traernos la Reconciliación, que nos libra de las heridas del pecado.
La doncella de Nazareth, la llena de gracia, al asumir en su vientre al Niño Jesús, la Segunda Persona de la Trinidad, se convierte en la Madre de Dios, dando todo de sí para su Hijo; vemos pues que todo en ella apunta a su Hijo Jesús.
Es por ello, que María es modelo para todo cristiano que busca día a día alcanzar su santificación. En nuestra Madre Santa María encontramos la guía segura que nos introduce en la vida del Señor Jesús, ayudándonos a conformarnos con Él y poder decir como el Apóstol “vivo yo más no yo, es Cristo quien vive en mí”.



Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:
Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)
Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán
Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.
La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera.
La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días de haberse dado este cambio; nos dice además que los paganos hacían una fiesta significativa y suntuosa en el templo de Coré. Cosme de Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz, la luz crece".
Entre los años 120 y 140 AD los gnósticos trataron de cristianizar estos festejos celebrando el bautismo de Jesús. Siguiendo la creencia gnóstica, los cristianos de Basílides celebraban la Encarnación del Verbo en la humanidad de Jesús cuando fue bautizado. Epifanio trata de darles un sentido cristiano al decir que Cristo demuestra así ser la verdadera luz y los cristianos celebran su nacimiento.
Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este día la Epifanía del Señor. Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es decir, la santa luz.
Esta fiesta nacida en Oriente ya se celebraba en la Galia a mediados del s IV donde se encuentran vestigios de haber sido una gran fiesta para el año 361 AD. La celebración de esta fiesta es ligeramente posterior a la de Navidad.
Los Reyes Magos
Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente se celebra con esta fiesta la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. La celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.
De acuerdo a la tradición de la Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios. Del pasaje bíblico sabemos que son magos, que vinieron de Oriente y que como regalo trajeron incienso, oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se nos dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar. Hasta el año de 474 AD sus restos estuvieron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron trasladados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta nuestros días.
El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis" (Mt. 25, 40); a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién nacido.