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7 de enero de 2015

25 de Diciembre

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.
Manifestación del Verbo de Dios a los hombres, 25 de diciembre





Con la solemnidad de la Navidad, la Iglesia celebra la manifestación del Verbo de Dios a los hombres.  En efecto, éste es el sentido espiritual más importante y sugerido por la misma liturgia, que en las tres misas celebradas por todo sacerdote ofrece a nuestra meditación “el nacimiento eterno del Verbo en el seno de los esplendores del Padre (primera misa); la aparición temporal en la humildad de la carne (segunda misa); el regreso final en el último juicio (tercera misa)  (Liber Sacramentorum).
Un antiguo documento del año 354 llamado el Cronógrafo confirma la existencia en Roma de esta fiesta el 25 de diciembre, que corresponde a la celebración pagana del solsticio de invierno "Natalis solis invicti", esto es, el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más largo del año, readquiría nuevo vigor.
Al celebrar en este día el nacimiento de quien es el verdadero Sol, la luz del mundo, que surge de la noche del paganismo, se quiso dar un significado totalmente nuevo a una tradición pagana muy sentída por el pueblo, porque coincidía con las ferias de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían dones de sus patrones y se los invitaba a sentarse a su mesa, como libres ciudadanos. Sin embargo, con la tradición cristiana, los regalos de Navidad hacen referencia a los dones de los pastores y de los reyes magos al Niño Jesús.
En oriente se celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo el 6 de enero, con el nombre de Epifanía, que quiere decir "manifestación", después la Iglesia oriental acogió la fecha del 25 de diciembre, práctica ya en uso en Antioquía hacia el 376, en tiempo de San Juan Crisóstomo, y en el 380 en Constantinopla. En occidente se introdujo la fiesta de la Epifanía, última del ciclo navideño, para conmemorar la revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano.
Los textos de la liturgia navideña, formulados en una época de reacción contra la herejía trinitaria de Arrio, subrayan con profundidad espiritual y al mismo tiempo con rigor teológico la divinidad y realeza del Niño nacido en el pesebre de Belén, para invitarnos a la adoración del insondable misterio de Dios revestido de carne humana, hijo de la Purísima Virgen María.

25 de diciembre de 2012

Navidad: Hoy ha aparecido el Salvado


Abrámosle las puertas de nuestra alma para que nazca en nuestras vidas
 
Navidad: Hoy ha aparecido el Salvador

Hoy ha nacido Jesucristo; hoy ha aparecido el Salvador; hoy en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles; hoy saltan de gozo los justos, diciendo: "Gloria a Dios en el cielo". Aleluya (Antífona del Magnificat de las II Visp.).

La Iglesia exulta de alegría en la celebración de la Natividad del Señor y se une al canto de alabanza de los ángeles porque Dios ha visitado a su pueblo.

Hoy ha nacido Jesucristo, Resplandor de la luz eterna, Rey de las naciones, Piedra angular de la Iglesia. Hoy ha aparecido el Salvador, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para reconciliar a los pueblos, para salvar al hombre formado del barro de la tierra.

La Iglesia contempla admirada el Misterio de la Encarnación del Verbo: El que es Dios de Dios y Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre. La Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, se hizo carne y acampó entre nosotros. Como leemos en el Cántico de la epístola a los Filipenses, "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos". Bajó del cielo por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Nos ofrece, así, la prueba del amor del Padre y el regalo de una nuevo comienzo, la posibilidad de ser, por la gracia, hijos de Dios.

Hoy saltan de gozo los justos; en la tierra cantan los ángeles, se alegran los arcángeles. Los pastores de Belén y la creación entera, se unen a María y a José para adorar al Niño acostado en el pesebre.

Qué también nosotros lo recibamos con alegría. Abrámosle las puertas de nuestra alma para que nazca en nuestras vidas. Pidámosle también, en la Santa Misa de Navidad, que rejuvenezca a su Iglesia, que socorra a los débiles y consuele a los tristes, que mire con amor a los pobres y que admita en su gloria a todos los difuntos. Qué Él, Rey del cielo y de la tierra, nos conserve en su paz. Amén.