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8 de mayo de 2025

NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN

 



Cada 8 de mayo se celebra a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Luján, o Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Faría, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, Argentina, pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, para venerarla en la capilla que estaba construyendo en sus tierras.

Su amigo, pensando en que Don Antonio tuviese la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas fueron colocadas en cajas y enviadas en una carreta. Al llegar a las cercanías del Río Luján, después de tres días de viaje, los troperos encargados del transporte decidieron pasar la noche en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, una clara mañana de mayo, cuando se quiso continuar con el viaje, los troperos no lograron mover los bueyes, que parecían incapaces de arrastrar el cargamento. Todos los intentos de los jinetes fueron inútiles. Entonces decidieron bajar de la carreta una de las cajas, pero tampoco obtuvieron resultados. Subieron aquella caja de nuevo y probaron bajando la otra y, para sorpresa de todos, la carreta por fin se movió.

Al abrir la caja que estaba sobre el suelo con el propósito de revisarla, los hombres se percataron de que solo estaba la estatuilla de la Inmaculada Concepción que habían cargado desde el inicio. El hecho, entonces, fue interpretado por los presentes como que la Virgen de la Inmaculada Concepción no quería irse de ese lugar. Acto seguido, la llevaron a la casa de Don Rosendo, donde la familia la recibió con alegría. La noticia con lo ocurrido corrió por toda la región y despertó la devoción de la gente. Muchas personas empezaron a agradecer a la Virgen gracias y milagros. La Virgen de Luján había llegado para quedarse en el corazón de los argentinos.

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen. Con el tiempo se erigió una Basílica –el Santuario a la Virgen de Luján.

San Juan Pablo II, en 1982, en la Misa que celebró en el Santuario de Luján dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

En la audiencia general del 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco recordó de forma especial a la Virgen de Luján, a quien profesa una especial devoción por ser la Patrona de su natal Argentina. Aquel día, el Papa encomendó a Ella todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, y pidió "un aplauso bien fuerte para la Madre de Dios".






 



8 de mayo de 2024

NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN



Cada 8 de mayo se celebra a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Luján, o Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Faría, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, Argentina, pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, para venerarla en la capilla que estaba construyendo en sus tierras.

Su amigo, pensando en que Don Antonio tuviese la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas fueron colocadas en cajas y enviadas en una carreta. Al llegar a las cercanías del Río Luján, después de tres días de viaje, los troperos encargados del transporte decidieron pasar la noche en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, una clara mañana de mayo, cuando se quiso continuar con el viaje, los troperos no lograron mover los bueyes, que parecían incapaces de arrastrar el cargamento. Todos los intentos de los jinetes fueron inútiles. Entonces decidieron bajar de la carreta una de las cajas, pero tampoco obtuvieron resultados. Subieron aquella caja de nuevo y probaron bajando la otra y, para sorpresa de todos, la carreta por fin se movió.

Al abrir la caja que estaba sobre el suelo con el propósito de revisarla, los hombres se percataron de que solo estaba la estatuilla de la Inmaculada Concepción que habían cargado desde el inicio. El hecho, entonces, fue interpretado por los presentes como que la Virgen de la Inmaculada Concepción no quería irse de ese lugar. Acto seguido, la llevaron a la casa de Don Rosendo, donde la familia la recibió con alegría. La noticia con lo ocurrido corrió por toda la región y despertó la devoción de la gente. Muchas personas empezaron a agradecer a la Virgen gracias y milagros. La Virgen de Luján había llegado para quedarse en el corazón de los argentinos.

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen. Con el tiempo se erigió una Basílica –el Santuario a la Virgen de Luján.

San Juan Pablo II, en 1982, en la Misa que celebró en el Santuario de Luján dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

En la audiencia general del 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco recordó de forma especial a la Virgen de Luján, a quien profesa una especial devoción por ser la Patrona de su natal Argentina. Aquel día, el Papa encomendó a Ella todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, y pidió "un aplauso bien fuerte para la Madre de Dios".






 



8 de mayo de 2023

NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN



Cada 8 de mayo se celebra a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Luján, o Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Faría, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, Argentina, pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, para venerarla en la capilla que estaba construyendo en sus tierras.

Su amigo, pensando en que Don Antonio tuviese la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas fueron colocadas en cajas y enviadas en una carreta. Al llegar a las cercanías del Río Luján, después de tres días de viaje, los troperos encargados del transporte decidieron pasar la noche en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, una clara mañana de mayo, cuando se quiso continuar con el viaje, los troperos no lograron mover los bueyes, que parecían incapaces de arrastrar el cargamento. Todos los intentos de los jinetes fueron inútiles. Entonces decidieron bajar de la carreta una de las cajas, pero tampoco obtuvieron resultados. Subieron aquella caja de nuevo y probaron bajando la otra y, para sorpresa de todos, la carreta por fin se movió.

Al abrir la caja que estaba sobre el suelo con el propósito de revisarla, los hombres se percataron de que solo estaba la estatuilla de la Inmaculada Concepción que habían cargado desde el inicio. El hecho, entonces, fue interpretado por los presentes como que la Virgen de la Inmaculada Concepción no quería irse de ese lugar. Acto seguido, la llevaron a la casa de Don Rosendo, donde la familia la recibió con alegría. La noticia con lo ocurrido corrió por toda la región y despertó la devoción de la gente. Muchas personas empezaron a agradecer a la Virgen gracias y milagros. La Virgen de Luján había llegado para quedarse en el corazón de los argentinos.

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen. Con el tiempo se erigió una Basílica –el Santuario a la Virgen de Luján.

San Juan Pablo II, en 1982, en la Misa que celebró en el Santuario de Luján dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

En la audiencia general del 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco recordó de forma especial a la Virgen de Luján, a quien profesa una especial devoción por ser la Patrona de su natal Argentina. Aquel día, el Papa encomendó a Ella todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, y pidió "un aplauso bien fuerte para la Madre de Dios".






 



8 de mayo de 2022

NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN



Cada 8 de mayo se celebra a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Luján, o Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Faría, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, Argentina, pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, para venerarla en la capilla que estaba construyendo en sus tierras.

Su amigo, pensando en que Don Antonio tuviese la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas fueron colocadas en cajas y enviadas en una carreta. Al llegar a las cercanías del Río Luján, después de tres días de viaje, los troperos encargados del transporte decidieron pasar la noche en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, una clara mañana de mayo, cuando se quiso continuar con el viaje, los troperos no lograron mover los bueyes, que parecían incapaces de arrastrar el cargamento. Todos los intentos de los jinetes fueron inútiles. Entonces decidieron bajar de la carreta una de las cajas, pero tampoco obtuvieron resultados. Subieron aquella caja de nuevo y probaron bajando la otra y, para sorpresa de todos, la carreta por fin se movió.

Al abrir la caja que estaba sobre el suelo con el propósito de revisarla, los hombres se percataron de que solo estaba la estatuilla de la Inmaculada Concepción que habían cargado desde el inicio. El hecho, entonces, fue interpretado por los presentes como que la Virgen de la Inmaculada Concepción no quería irse de ese lugar. Acto seguido, la llevaron a la casa de Don Rosendo, donde la familia la recibió con alegría. La noticia con lo ocurrido corrió por toda la región y despertó la devoción de la gente. Muchas personas empezaron a agradecer a la Virgen gracias y milagros. La Virgen de Luján había llegado para quedarse en el corazón de los argentinos.

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen. Con el tiempo se erigió una Basílica –el Santuario a la Virgen de Luján.

San Juan Pablo II, en 1982, en la Misa que celebró en el Santuario de Luján dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

En la audiencia general del 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco recordó de forma especial a la Virgen de Luján, a quien profesa una especial devoción por ser la Patrona de su natal Argentina. Aquel día, el Papa encomendó a Ella todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, y pidió "un aplauso bien fuerte para la Madre de Dios".






 



8 de mayo de 2021

SAN PEDRO TARENTAISE



San Pedro de Tarentaise, una de las glorias de la orden cisterciense, nació cerca de Vienne, en la provincia del Dilfinado. Desde joven, dio prueblas de una memoria extraordinaria y de gran inclinación a los estudios religiosos y a los 20 años, entró en la abadía de Bonnevaux. Con gran celo, abrazó la austeridad de la regla y edificó a cuantos le trataron, por su caridad, humildad y modestia. Al cabo de un buen tiempo, su padre, su madre y su única hermana tomaron el hábito en un convento cisterciense de los alrededores. Además de esos miembros de la humilde familia de San Pedro, muchos nobles abrazaron también la vida religiosa en Bonnevaux, movidos por el ejemplo del santo.

Todavía no cumplía los 30 cuando fue elegido superior del nuevo convento de Tamié, en las solitarias montañas de Tarentaise. Con la ayuda de Amadeo III, conde de Saboya, que le tenía gran estima al santo, San Pedro fundó un hospital para los enfermos y forasteros, en el que asistía personalmente a sus huéspedes.

En 1142, San Pedro fue elegido arzobispo de Tarentaise. El nuevo arzobispo encontró la arquidiócesis en un estado lamentable, por lo que decidió trabajar con mucho esfuerzo por el bienestar de ella. San Pedro visitaba constantemente su dióceis, recuperó las propiedades confiscadas, destinó a los mejores sacerdotes a las parroquias, fundó instituciones para la educación de la juventud y el socorro de los pobres y promovió la celebración de los divinos oficios en todas las iglesias.

En 1155, después de 13 años de gobierno de su diócesis, desapareció sin dejar huella. Se había retirado a una lejana abadía cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y lo aceptaron como un hermano lego. Pero cuando sus superiores supieron la noticia, lo obligaron a regresar a su diócesis donde los feligreses lo recibieron con júbilo. San Pedro decidió entonces dedicarse a ella con mayor ahínco y celo apostólico, realizando múltiples obras en favor de ella.

Debido a su fama de hábil pacificador, Alejandro III decidió enviarlo a negociar la reconciliación entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra. Aunque era ya bastante anciano, el santo partió y predicó durante todo el viaje. Durante el encuentro sostenido con ambos monarcas, el rey de Inglaterra le prodigó al santo de toda clase de honores; sin embargo, la paz no se produjo hasta después de la muerte del santo.

Cuando volvía a su diócesis, San Pedro cayó enfermo cerca de Besanconm y murió cuando le transportaban a la abadía de Bellevaux. Su canonización se realizó en 1191.





 


NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN



Cada 8 de mayo se celebra a la Virgen María bajo la advocación de la Virgen de Luján, o Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

Corría el año 1630 y el portugués Antonio Faría, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, Argentina, pidió a un compatriota suyo, residente en Brasil, que le enviara una imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, para venerarla en la capilla que estaba construyendo en sus tierras.

Su amigo, pensando en que Don Antonio tuviese la oportunidad de elegir la imagen de su agrado, envió dos estatuillas: una según el pedido original y otra representando a la Madre de Dios con el niño Jesús en brazos. Ambas fueron colocadas en cajas y enviadas en una carreta. Al llegar a las cercanías del Río Luján, después de tres días de viaje, los troperos encargados del transporte decidieron pasar la noche en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, una clara mañana de mayo, cuando se quiso continuar con el viaje, los troperos no lograron mover los bueyes, que parecían incapaces de arrastrar el cargamento. Todos los intentos de los jinetes fueron inútiles. Entonces decidieron bajar de la carreta una de las cajas, pero tampoco obtuvieron resultados. Subieron aquella caja de nuevo y probaron bajando la otra y, para sorpresa de todos, la carreta por fin se movió.

Al abrir la caja que estaba sobre el suelo con el propósito de revisarla, los hombres se percataron de que solo estaba la estatuilla de la Inmaculada Concepción que habían cargado desde el inicio. El hecho, entonces, fue interpretado por los presentes como que la Virgen de la Inmaculada Concepción no quería irse de ese lugar. Acto seguido, la llevaron a la casa de Don Rosendo, donde la familia la recibió con alegría. La noticia con lo ocurrido corrió por toda la región y despertó la devoción de la gente. Muchas personas empezaron a agradecer a la Virgen gracias y milagros. La Virgen de Luján había llegado para quedarse en el corazón de los argentinos.

El 8 de mayo de 1887 se realizó la coronación canónica de la imagen. Con el tiempo se erigió una Basílica –el Santuario a la Virgen de Luján.

San Juan Pablo II, en 1982, en la Misa que celebró en el Santuario de Luján dijo: “Ante esta bendita imagen de María, a la que mostraron su devoción mis predecesores Urbano VIII, Clemente XI, León XIII, Pío XI y Pío XII, viene también a postrarse, en comunión de amor filial con vosotros, el Sucesor de Pedro en la cátedra de Roma”.

En la audiencia general del 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco recordó de forma especial a la Virgen de Luján, a quien profesa una especial devoción por ser la Patrona de su natal Argentina. Aquel día, el Papa encomendó a Ella todas las alegrías y preocupaciones de los argentinos, y pidió "un aplauso bien fuerte para la Madre de Dios".






 



8 de mayo de 2020

SAN PEDRO TARENTAISE



San Pedro de Tarentaise, una de las glorias de la orden cisterciense, nació cerca de Vienne, en la provincia del Delfinado. Desde joven, dio pruebas de una memoria extraordinaria y de gran inclinación a los estudios religiosos y a los 20 años, entró en la abadía de Bonnevaux. Con gran celo, abrazó la austeridad de la regla y edificó a cuantos le trataron, por su caridad, humildad y modestia. Al cabo de un buen tiempo, su padre, su madre y su única hermana tomaron el hábito en un convento cisterciense de los alrededores. Además de esos miembros de la humilde familia de San Pedro, muchos nobles abrazaron también la vida religiosa en Bonnevaux, movidos por el ejemplo del santo.
Todavía no cumplía los 30 cuando fue elegido superior del nuevo convento de Tamié, en las solitarias montañas de Tarentaise. Con la ayuda de Amadeo III, conde de Saboya, que le tenía gran estima al santo, San Pedro fundó un hospital para los enfermos y forasteros, en el que asistía personalmente a sus huéspedes.
En 1142, San Pedro fue elegido arzobispo de Tarentaise. El nuevo arzobispo encontró la arquidiócesis en un estado lamentable, por lo que decidió trabajar con mucho esfuerzo por el bienestar de ella. San Pedro visitaba constantemente su dióceis, recuperó las propiedades confiscadas, destinó a los mejores sacerdotes a las parroquias, fundó instituciones para la educación de la juventud y el socorro de los pobres y promovió la celebración de los divinos oficios en todas las iglesias.
En 1155, después de 13 años de gobierno de su diócesis, desapareció sin dejar huella. Se había retirado a una lejana abadía cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y lo aceptaron como un hermano lego. Pero cuando sus superiores supieron la noticia, lo obligaron a regresar a su diócesis donde los feligreses lo recibieron con júbilo. San Pedro decidió entonces dedicarse a ella con mayor ahínco y celo apostólico, realizando múltiples obras en favor de ella.
Debido a su fama de hábil pacificador, Alejandro III decidió enviarlo a negociar la reconciliación entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra. Aunque era ya bastante anciano, el santo partió y predicó durante todo el viaje. Durante el encuentro sostenido con ambos monarcas, el rey de Inglaterra le prodigó al santo de toda clase de honores; sin embargo, la paz no se produjo hasta después de la muerte del santo.
Cuando volvía a su diócesis, San Pedro cayó enfermo cerca de Besanconm y murió cuando le transportaban a la abadía de Bellevaux. Su canonización se realizó en 1191.