6 de junio de 2022

SAN MARCELINO CHAMPAGNAT



Marcelino Champagnat, sacerdote francés que fundó la congregación de los Hermanos Maristas. Nació el año 1789, el mismo año de la Revolución Francesa, en Rosey al sur de Lyon. Sus padres, Juan Bautista y María Teresa, tuvieron 10 hijos, Marcelino fue el noveno. Durante su infancia, trabajó en casa: su familia poseía una pequeña granja y un molino. A los diez años comenzó a ir a la escuela, pero a los pocos días se desanimó y no volvió. A los catorce años, pasó por su casa un buen sacerdote que iba "reclutando" jóvenes para el seminario; se fijó en Marcelino y le animó: "Tienes que estudiar para ser sacerdote. Dios lo quiere." Y Marcelino se decidió.

Ingresó en el Seminario menor y comenzó sus estudios ... con muchos problemas: Como no había ido a la escuela, apenas sabía leer y escribir. Suspendió el primer curso y "le invitaron" a quedarse en su casa ... Pero Marcelino no se desanimó y continuó estudiando. Después de muchos esfuerzos, fue pasando los cursos y pasó al Seminario mayor, en Lyon. Tenía ya 24 años. Allí, junto con otros seminaristas compañeros de estudios, empezó a madurar la idea de fundar una congregación de Hermanos, dedicados a la enseñanza y a la catequesis de los niños. Tres años después fue ordenado sacerdote y lo destinaron a La Valla. En el pueblo los niños no tenían escuela ni catequesis, y los mayores apenas iban a la iglesia. Marcelino empezó a hablar con la gente, se hizo cercano a todos, y el pueblo lo aceptó de buen grado.

Tras una fuerte experiencia con un joven moribundo, el P. Champagnat decidie fundar una congregación de Hermanos que se dedicaran a la enseñanza y a la catequesis de los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados. Enseguida dio los primeros pasos, y el 2 de enero de 1817 reunió, en una casita alquilada cerca de la parroquia, a dos jóvenes que le habían manifestado su deseo de ser religiosos. Se llamaban Juan María Granjon y Juan Bautista Audras. Éste fue el principio de los Hermanos Maristas. Pronto acudieron otros jóvenes. Marcelino les ayudó a organizar su vida en comunidad: oración y trabajo, formación personal, sencillez y pobreza. Y una filial devoción a la Virgen María, bajo cuya protección se puso, desde el primer momento, la naciente congregación. Después de un periodo de formación, el P. Champagnat les dio un hábito religioso y los jóvenes firmaron sus primeros compromisos (votos). Al cabo de un año, Marcelino abrió una escuela en La Valla y en seguida se hicieron cargo de ella los Hermanos. Después de esta primera escuela vinieron muchas más. Los párrocos y alcaldes de los pueblos vecinos se disputaban a los Hermanos. Así, el Instituto de los Hermanos Maristas comenzó a crecer, no sin dificultades, y hubo que construir una nueva casa, porque en La Valla ya no cabían todos.

Marcelino Champagnat fue un gran hombre que llevó a cabo una obra extraordinaria: cuidó como un buen pastor a la gente de su parroquia, atendió a huérfanos y ancianos, pero sobre todo se consagró a la educación religiosa de la juventud. Ciertamente, aquello no fue nada fácil. Su austeridad personal y el trabajo incansable fueron minado su salud. Murió en la madrugada del 6 de junio de 1840, a los 51 años, rodeado de sus Hermanos. Sus restos descansan en la capilla de Ntra. Sra. del Hermitage. En el momento de su muerte, la congregación tenía cerca de 300 Hermanos (más 50 que habían muerto ya), 50 casas y escuelas, y alrededor de 7.000 alumnos.

E P. Marcelino Champagnat fue declarado «Beato» en Roma, por S. S. Pío XII, el 29 de Mayo de 1955, domingo de Pentecostés. Tras un largo y detallado estudio, los expertos habían declarado la autenticidad de dos milagros obtenidos por su intercesión.

La ceremonia de canonización del P. Marcelino Champagnat fue celebrada el domingo 18 de abril de 1999.





 
 



VIRGEN DEL ROCIO - LUNES DE PENTECOSTÉS

 


El cartel ha sido pintado en una técnica mixta de acrílico, óleo y pasta de oro, sobre una tabla previamente tratada. La Virgen del Rocío y el Pastorcito aparecen rodeados del entorno natural de Doñana, entre una esbozada arboleda donde se descubren aves autóctonas, mariposas y otras especies, haciendo alusión también al diseño de las nuevas andas procesionales.

Flanquea a la Patrona de Almonte la mágica luz que desprenden las bengalas del Santo Rosario que antecede su salida triunfal, a hombros de los almonteños. Justo a sus plantas, la palabra “Romería”, esa que tanto anhelamos, contiene en cada letra escenas de la misma

En la parte inferior, destacan en la composición dos leones que custodian la palabra “Rocío”. Dos elementos ornamentales que también podemos ver repujados en el paso de la Virgen y que simbolizan a los almonteños como “Leones del Amor” y fieles custodios de la devoción a la Blanca Paloma.





Cuenta la leyenda que en el siglo XV un hombre mientras estaba cazando en el término almonteño conocido como la rocina, encontró la imagen de la virgen junto a un árbol después de haber cruzado unas zarzas.

El origen documentado de la Romería del Rocío, data del año 1653 cuando la localidad de Almonte nombró patrona a la Virgen del Rocío antes conocida como virgen de las rocinas. Esa fiesta en honor de la Virgen de Rocío duraba solo un día e incluía una misa solemne, sermón y la Procesión con la imagen de la Virgen.

Por otro lado, es en 1677 cuando aparece documentada la primera Hermandad Filial del Rocío, conocida como la Hermandad de Sanlúcar de Barrameda. Son cinco las Hermandades Filiales Fundacionales que hacían la peregrinación anual hacia la Ermita de la Aldea del Rocío.

Es la Hermandad Matriz del Rocío la encargada de administrar y organizar tanto los cultos como la propia Romería del Rocío.

Todo comienza a las 12 h del sábado víspera de Pentecostés. Es en ese momento en el cual se presentan ante las puertas del santuario por orden de antigüedad las Hermandades Filiales. A lo largo del día van pasando el resto de hermandades. Por la noche lo hacen las que se han creado recientemente.

El domingo de Pentecostés a las 10 h, se celebra en el Real del Rocío la Misa Pontifical. Una vez se acaba la Eucaristía los peregrinos se van acercando hasta sus casas de hermandad. Allí se reúnen  con sus compañeros cofrades. La noche del domingo se aclama el santo Rosario justo en la explanada del paraje conocido como El Eucaliptal. Allí se juntan los estandartes y los romeros de cada hermandad, dando lugar a una noche donde se repiten avemarías, salves y letanías a la virgen.

Ya en la madrugada del lunes, los romeros saltan la reja para rescatar a la virgen e iniciar así la procesión con las andas de plata entre un gentío que quiere tocar la imagen de la virgen.

Como dato curioso, te diré que la Romería del Rocío no siempre se ha celebrado el lunes después del Domingo de Pentecostés. Hasta el siglo XVII se celebraba el 8 de septiembre. La Virgen del Rocío recibe el nombre de la Blanca Paloma como referencia a la trascendencia de la Fiesta de Pentecostés, venida del Espíritu Santo a la Virgen y los Apóstoles representado por una paloma.