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16 de marzo de 2025

II DOMINGO DE CUARESMA 2025 - CICLO C

“Este es mi hijo… Escuchadlo”



Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,28b-36):

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola

VIVIR ANTE EL MISTERIO

El hombre moderno comienza a experimentar la insatisfacción que produce en su corazón el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, la superficialidad de nuestra sociedad, la incomunicación con el Misterio.

Son bastantes los que, a veces de manera vaga y confusa, otras de manera clara y palpable, sienten una decepción y un desencanto inconfesable frente a una sociedad que despersonaliza a las personas, las vacía interiormente y las incapacita para abrirse al Trascendente.

La trayectoria seguida por la humanidad es fácil de describir: ha ido aprendiendo a utilizar con una eficacia cada vez mayor el instrumento de su razón; ha ido acumulando un número cada vez mayor de datos; ha sistematizado sus conocimientos en ciencias cada vez más complejas; ha transformado las ciencias en técnicas cada vez más poderosas para dominar el mundo y la vida.

Este caminar apasionante a lo largo de los siglos tiene un riesgo. Inconscientemente hemos terminado por creer que la razón nos llevará a la liberación total. No aceptamos el Misterio. Y, sin embargo, el Misterio está presente en lo más profundo de nuestra existencia.

El ser humano quiere conocer y dominar todo. Pero no puede conocer y dominar ni su origen ni su destino último. Y lo más racional sería reconocer que estamos envueltos en algo que nos trasciende: hemos de movernos humildemente en un horizonte de Misterio.

En el mensaje de Jesús hay una invitación escandalosa para los oídos modernos: no todo se reduce a la razón. El ser humano ha de aprender a vivir ante el Misterio. Y el Misterio tiene un nombre: Dios, nuestro «Padre», que nos acoge y nos llama a vivir como hermanos.

Quizá nuestro mayor problema sea habernos incapacitado para orar y dialogar con un Padre. Estamos huérfanos y no acertamos a entendernos como hermanos. También hoy, en medio de nubes y oscuridad, se puede oír una voz que nos sigue llamando: “Este es mi hijo… Escuchadlo”.












28 de noviembre de 2021

I DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO C

 



DESPIERTA


¿QUÉ ES VIVIR DESPIERTO?

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos».

Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios».

No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos.

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza.

«Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos.

«Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable.

«Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios.

Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola

Lc (21,25-28.34-36)



 





 


Hoy comienza el Adviento. Es una nueva oportunidad para emprender un camino expectante, de esperanza, conversión y liberación. Mira a Jesús a los ojos, ponte ante Él y deja que Él vea a través de ti.


 



7 de abril de 2019

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA - CICLO C



Las lecturas de este quinto domingo de Cuaresma nos invitan a mirar al futuro, un tiempo y un espacio propicio marcado por la misericordia de Dios. Desde esta perspectiva esperanzadora.

TODOS NECESITAMOS PERDÓN

Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a «proclamar la liberación de los cautivos… y a dar libertad a los oprimidos». Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.
De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a «una mujer sorprendida en adulterio». No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: «En la Ley de Moisés se manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?».
La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?
Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.
Los acusadores solo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitamos su perdón.
Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: «Aquel de vosotros que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra». ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propios pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?
Los acusadores se van retirando uno tras otro. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: «Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo».
El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice: «Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más».
Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que «Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva».








El que esté libre de pecado que tire la primera piedra... Así interpela Jesús a quienes acusan y condenan por el incumplimiento de leyes que no humanizan.





1 de abril de 2019

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA - CICLO C



En este cuarto domingo de Cuaresma se proclama el Evangelio del padre y de los  dos hijos, más conocido como parábola del “hijo pródigo” (Lc15,11-32). Este pasaje  de san Lucas constituye una cima de la espiritualidad y de la literatura de todos los  tiempos. En efecto, ¿qué serían nuestra cultura, el arte, y más en general nuestra  civilización, sin esta revelación de un Dios Padre lleno de misericordia? No deja  nunca de conmovernos, y cada vez que la escuchamos o la leemos tiene la  capacidad de sugerirnos significados siempre nuevos. Este texto evangélico tiene,  sobre todo, el poder de hablarnos de Dios, de darnos a conocer su rostro, mejor  aún, su corazón. Desde que Jesús nos habló del Padre misericordioso, las cosas ya  no son como antes; ahora conocemos a Dios: es nuestro Padre, que por amor nos  ha creado libres y dotados de conciencia, que sufre si nos perdemos y que hace  fiesta si regresamos. Por esto, la relación con él se construye a través de una  historia, como le sucede a todo hijo con sus padres: al inicio depende de ellos;  después reivindica su propia autonomía; y por último —si se da un desarrollo  positivo— llega a una relación madura, basada en el agradecimiento y en el amor  auténtico.








Esta parábola, sobradamente conocida por todos, narra un auténtico proceso de conversión cuyo desenlace es la alegría. Una alegría profunda y natural que mana en quien se siente querido y ama (aun con dificultades), y que le permite también vivir con paz.






8 de diciembre de 2015

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO 2015


En este segundo domingo de Adviento, tiempo que nos propone la Iglesia para prepararnos a encontrarnos con Dios en nuestra vida, salimos, de la mano de Juan el bautista al encuentro del Señor.


La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.














10 de marzo de 2013

Cuarto Domingo de Cuaresma


Celebramos el Cuarto Domingo de Cuaresma. 


La Cuaresma es un camino de CONVERSIÓN. Conversión es, sobre todo, volver a Dios, buscarlo y, encontrándolo, permanecer en Él, vivir en Él, con Él y para Él. Convertirse es morir con Cristo para resucitar con Él. Y debe hacerse con decisión hasta lo más profundo de nuestro ser.
Celebrar la Cuaresma es mirarse sin ningún miedo al espejo de Cristo. Encararse con sus exigencias, comparar su programa y su ideología con la nuestra: ¿qué nos falta?, ¿qué nos sobra? Y emprender con decisión la reforma: Seréis santos porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo.


En este Domingo de la Cuarta Semana de Cuaresma leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 15,1-3-.11-32).
El Evangelio de este Domingo se centrará en la misericordia de Dios y en la conversión, típica de San Lucas.
Los fariseos y los escribas reprochan a Jesús que acoja a los pecadores y coma con ellos, y Jesús les propone la conocida parábola del hijo pródigo.
Lo importante de la parábola no está tanto en la conversión del hijo pequeño, del hijo pródigo, sino en la actitud del padre, que mira con compasión y misericordia a su hijo arrepentido. La conducta del hermano mayor podría denominarse la del fariseo, incapaz de reconocer el perdón y la acogida de su padre a su hermano arrepentido, centrado solamente en el cumplimiento y en su conciencia de “bueno”.


3 de marzo de 2013

Tercer Domingo de Cuaresma - Ciclo C

En el evangelio de hoy:

Jesús empieza al principio del capítulo a rebatir la idea que muchos judíos tienen que
cuando una calamidad pasa es el castigo de Dios sobre nosotros.
Esta parábola también enfatiza que Dios es un Dios misericordioso. Él no quiere cortar la higuera sin darle más tiempo para producir fruto. Dios tiene mucha paciencia y quiere dar a todos nosotros el suficiente tiempo para confiar en Él. Pero al final, el tiempo se acaba y la decisión para aceptarlo no se nos es ofrecida. Por eso, es muy importante hacer una decisión para Cristo antes de que no tengamos otra oportunidad.



Continuamos en este camino de conversión que nos marca la Iglesia, y pedimos a Dios nos siga dando fuerzas para intensificar nuestra oración, el ayuno y la caridad con la limosna. 


Las lecturas de hoy nos describen algunos rasgos del Dios cristiano.
Dios es fuego que no se consume. 
Dios se define a si mismo como EL QUE ES.
Un Dios que anhela la conversión del hombre.
Un Dios paciente, que sabe esperar.




25 de diciembre de 2012

IV Domingo de Adviento - Ciclo C



¡DOS MUJERES AL SERVICIO DE LA ESPERANZA Y DE LA VIDA!
Por Javier Leoz

Faltaba María y, en este cuarto domingo de adviento, la liturgia la instala como modelo delante de nuestros ojos. Y, por si fuera poco, se pone en camino, cruza la montaña e Isabel, ante la presencia de la que va a ser Madre de Jesús, siente como sus entrañas se retuercen de gozo a la vez que, su voz, grita y proclama la bondad del Señor.





1. - A pocos días de la celebración de la Navidad, la Virgen, es una puerta abierta a la esperanza. Por Ella, Cristo, aparecerá como la mejor lluvia desprendida de los mismos cielos. La Virgen María, al final de este tiempo de adviento, es un servicio a la espera de tantos hombres y mujeres que deseamos confiar e ir al encuentro de Dios como Ella mismo confió y se lanzó. ¡Qué buena intuición tuvieron Isabel y Juan! Una, al recibirla en su casa, proclama mil bondades de Dios, piropea a la humilde nazarena y, el otro (aquel que gemía en el interior de Isabel) brinca de gozo en su vientre. Reconocieron a la Madre del Señor. Las obras que, el Señor, había realizado en aquella que se dignaba visitar a su pariente. ¡Dichoso y bienaventurado reconocimiento!
-María, la mujer creyente, también nos visita en estos días a nosotros. ¿Danzan por deleite nuestras entrañas ante lo que vamos a celebrar en estos días?
-María, la mujer que aguarda, se sitúa en camino, nada le detiene. ¿Qué nos paraliza y nos impide vivir con profundidad y religiosidad estos días de la Navidad?
-María, llena de Dios, ayuda a los que se encuentran en la misma condición que Ella. Lejos de cerrarse en sí misma, disfruta abriéndose y siendo generosa con su prima Isabel. ¿Quién necesita, ante estas jornadas santas de la Navidad, una palabra de nuestros labios; un gesto fraterno de nuestras manos o una sonrisa sincera de nuestro rostro? ¿Somos conscientes que, sin caridad, no es auténtica nuestra navidad? ¿Caemos en la cuenta que, una navidad sin apertura hacia los más débiles o tristes, corre el peligro de quedarse en simple vanidad?

2. - Esperar con María al Nacimiento del Redentor, implica el ser pregoneros del mucho amor que Dios nos tiene. Conlleva ser altavoces de su presencia en una sociedad en la que, los ruidos y las luces, nos impiden escuchar y ver la huella de Dios en tantos momentos de la Navidad.
En cierta ocasión, un enamorado que escuchó el “SI” de su amada, subió a lo más alto de un edificio para gritar: ¡Soy feliz! ¡Me ama! Poco le importó “el qué dirán”, la altura de los pisos o, incluso, las horas intempestivas en que se decidió a realizar tal hazaña: el amor le tenía totalmente poseído, feliz, radiante. Ojala, que en estas antevísperas de la Navidad, tengamos un poco el entusiasmo de enamorados de Cristo. La valentía de María que, encontrándose en estado de buena esperanza, no dudo en ser portadora del mismo Cristo por difíciles caminos y montañas que separaban Nazaret del pueblo de su prima Santa Isabel. A nosotros, amigos, no se nos pide tanto. No se nos exige cruzar desiertos o escalar riscos para dar razón de lo qué creemos. Pero, eso sí, que no olvidemos que Dios continua encarnándose y habitando en nosotros. Que nos necesita para ser sus pies, sus manos, sus ojos y su voz para seguir renovando este viejo mundo con su amor y su paz.

3.- ¡Vaya par de mujeres al servicio de la esperanza! Que, también nosotros, sepamos impregnarnos un poco de este testimonio vivo y valiente de María y de Isabel. Que lejos de ser tibios en nuestras expresiones religiosas, en nuestras manifestaciones cristianas, hagamos creíble el mensaje de salvación acogiéndolo y dándolo a conocer. ¡Benditos seamos, si así somos y lo hacemos! ¡Gracias, María!










5 de diciembre de 2012

II Domingo de Adviento


"El que vendrá, os bautizará
en el Espíritu Santo
y el Fuego"











2 de diciembre de 2012

Primer Domingo de Adviento




Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.