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28 de octubre de 2015

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

El 1° de noviembre la Iglesia Católica se llena de alegría al celebrar la Solemnidad de todos los Santos, aquellos conocidos y desconocidos, que con su vida son ejemplo de que sí es posible la santidad.

“Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta el que quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan, y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”, decía San Juan Pablo II un primero de noviembre de 1980.

Esta celebración fue instaurada como consecuencia de la Gran Persecución de Diocleciano, a inicios del S. IV, por la gran cantidad de mártires causados por el poder romano.

El Papa Gregorio III la fijó para el 1 de noviembre en el S. VIII, como respuesta a la celebración pagana del “Samhain” o año nuevo celta que se celebra la noche del 31 de octubre. Más adelante Gregorio IV extendería esta festividad a toda la Iglesia.

El Papa Francisco, el 2 de octubre del 2013, ante una gran multitud de gente, enfatizó: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.

¿Qué se celebra en la fiesta de Todos los  Santos?

Sin embargo, para los creyentes es la fiesta de todos los Santos la que verdaderamente tiene relevancia y refleja la fe en el futuro para quienes esperan y viven según el Evangelio predicado por Jesús. El respeto a los restos mortales de quienes murieron en la fe y su recuerdo, se inscribe en la veneración de quienes han sido "templos del Espíritu Santo".

Como asegura Bruno Forte, profesor de la Facultad teológica de Nápoles, al contrario de quienes no creen en la dignidad personal y desvalorizan la vida presente creyendo en futuras reencarnaciones, el cristiano tiene "una visión en las antípodas" ya que "el valor de la persona humana es absoluto". Es ajena también al dualismo heredero de Platón que separa el cuerpo y el alma. "Este dualismo y el consiguiente desprecio del cuerpo y de la sexualidad no forma parte del Nuevo Testamento para el que la persona después de la muerte sigue viviendo en tanto en cuanto es amada por Dios". Dios, añade el teólogo, "no tiene necesidad de los huesos y de un poco de polvo para hacernos resucitar. Quiero subrayar que en una época de "pensamiento débil" en la que se mantiene que todo cae siempre en la nada, es significativo afirmar la dignidad del fragmento que es cada vida humana y su destino eterno".

La fiesta de Todos los Fieles Difuntos fue instituido por San Odilón, monje benedictino y quinto Abad de Cluny en Francia el 31 de octubre del año 998. Al cumplirse el milenario de esta festividad, el Papa Juan Pablo II recordó que "San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal".
"Al rezar por los muertos -dice el Santo Padre-, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos los hombres".

Tras subrayar la importancia de las oraciones por los difuntos, el Pontífice afirma que las "oraciones de intercesión y de súplica que la Iglesia no cesa de dirigir a Dios tienen un gran valor. El Señor siempre se conmueve por las súplicas de sus hijos, porque es Dios de vivos. La Iglesia cree que las almas del purgatorio "son ayudadas por la intercesión de los fieles, y sobre todo, por el sacrificio propiciatorio del altar", así como "por la caridad y otras obras de piedad".


En razón a ello, el Papa a los católicos "a rezar con fervor por los difuntos, por sus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han fallecido, para que reciban la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor".

31 de octubre de 2014

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

1 de noviembre






Para los creyentes, la fiesta de Todos los Santos refleja la fe en el futuro para quienes esperan y viven según el Evangelio predicado por Jesús. El respeto a los restos mortales de quienes murieron en la fe y su recuerdo, se inscribe en la veneración de quienes han sido «templos del Espíritu Santo».
La fiesta de Todos los Fieles Difuntos fue instituida por San Odilón, monje benedictino y quinto Abad de Cluny en Francia el 31 de octubre del año 998. Al cumplirse el milenario de esta festividad, el papa Juan Pablo II recordó que «San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal».
«Al rezar por los muertos —decía san Juan Pablo II—, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos los hombres».Tras subrayar la importancia de las oraciones por los difuntos, el Pontífice afirma que las «oraciones de intercesión y de súplica que la Iglesia no cesa de dirigir a Dios tienen un gran valor. El Señor siempre se conmueve por las súplicas de sus hijos, porque es Dios de vivos. La Iglesia cree que las almas del purgatorio “son ayudadas por la intercesión de los fieles, y sobre todo, por el sacrificio propiciatorio del altar”, así como “por la caridad y otras obras de piedad”».
En razón a ello, el Papa anima a los católicos «a rezar con fervor por los difuntos, por sus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han fallecido, para que reciban la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor».

27 de octubre de 2014

TEMAS A DEBATE:

Qué celebramos a principio de Noviembre,  Los Católicos. 

La festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos  o 

Halloween.


Origenes del Halloween

halloween
Desde el año 840, se celbra el 1 de noviembre, en la iglesia Católica, el día de “Todos los Santos” y la vigilia vespertina para preparar esta celebración el 31 de octubre.

 En la cultura inglesa se tradujo con el nombre de: “hall hallow´s even” que significa: vigilia de todos los santos.
Un grupo de antiguos sacerdotes del pueblo Celta llamados druidas, que habitaron las regiones de Inglaterra, Irlanda, Francia y parte de la península Ibérica, manipularon el nombre para transformarlo en: hall Halloween ev,  que significa: la noche apartada (hall=vestíbulo, allow=poner aparte, eve=víspera, eve=nigth tarde, anochecer, velada).
Esta noche, 31 de octubre, en su calendario ellos celebran la fiesta de Samhain “dios de los muertos”, donde invocaban a los malos espíritus o demonios.
Ellos consideraban que era la época más propicia para la comunicación con los espíritus y para practicar la adivinación y la hechicería; ellos creían que las almas de los muertos visitaban sus casas ese día.
¿era este festival algo sano o inocente?
De ninguna manera, la razón y costumbre de este festival tenía los siguientes propósitos:
  1. Honrar al dios y señor de la muerte: Samhain.
  2. Liberar todo de espíritus malignos por el mundo.
  3. Recibir a los espíritus de los muertos y convivir con ellos en los hogares,  por lo que había que ofrecerles un mesa llena de alimentos.
  4. Recorrían casa por casa pidiendo donativos como comida, dinero, animales y además, un niño pequeño o una virgen para quemarlos en una gran fogata y ofrecerlos a Samahin. Al pedir, lo hacían bajo la amenaza de dañar al que no lo hiciera, si la familia cumplía con la entrega, los sacerdotes dejaban una fruta con una vela en su interior, como las actuales calabazas de Halloween, para evitar que los demonios entran y matan a los que habitaban en la casa, a esto se le consideraba un trato (treat=trato). Si la familia se negaba a satisfacer sus demandas, lanzaban una maldición de muerte sobre ellos y marcaban la puerta de la casa, amenazándolos con que esa noche “Samhain” tenpia libre entrada para destrozarlos; esto se llamaba: “treta” (trick=truco o treta, estafa, engaño, maña, burla, travesura).
  5. Al finalizar esta fiesta, aparentemente los espíritus eran “sacados” del pueblo por gente disfrazada como los espíritus o demonios, con formas de horror, con las pieles y cabezas de los animales sacrificados para, según ellos, engañar a los espíritus y evitar que se quedaran en ese lugar y así poder regresar a la normalidad al día siguiente. Con las cenizas y los restos de los sacrificios, los druidas hacían un rito para conocer el futuro, la fortuna y la suerte de los siguientes doce meses.
  6. La fecha escogida desde aquel tiempo, que perdura hasta nuestros días es 31 de octubre y coincide con el año nuevo druida, que es la más importante de las 8 fiestas satánicas que llevan a cabo durante el año en el mundo, donde: satánicos, hechiceros, brujas, chamanes, etc. Quienes se reúnen para hacer misas negras y festivales satánicos en todo el mundo, ofreciendo en ellas sacrilegios y sacrificios humanos a satanás (especialmente niños después de violarlos)

¿Qué celebramos los católicos?

A primeros de noviembre celebramos dos fiestas hermosísimas de nuestra fe, en las que podemos acercarnos más a nuestro Dios en una celebración de hermanos:

El 1 de noviembre festejamos a todos los santos. Ellos son nuestros hermanos que vivieron el verdadero amor  aquí en la tierra y ahora viven ese amor para siempre, junto a Dios; son sus amigos más cercanos, por lo cual, este día los festejamos y nos animamos a seguir sus pasos, confiando en su intercesión.

El 2 de noviembre oramos por todos los fieles difuntos. Le ofrecemos a Dios nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras por su purificación total, toda la Iglesia peregrina pide por la Iglesia que se purifica. Los fieles difuntos son también nuestros fieles intercesores.