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21 de febrero de 2021

I DOMINGO DE CUARESMA – Ciclo B

Es un tiempo de entrar en comunicación más profunda con Dios.



En todos los dibujos aparece Jesús y un móvil. Seamos móviles en las manos de Jesús: dejémonos recargar por el en el desierto, subamos a la nube en el tabor, vaciemos nuestra papelera en el templo, encendamos la linterna como en las noches con Nicodemo y compartamos como aquel grano de trigo.

Haremos el Juego de palabras con «CuareSMART Phone» ( teléfono inteligente)… Que lo inteligente en este tiempo será ponernos en manos de Jesús dejarle actuar en nosotros…

dibujos realizados por FANO




"El Espíritu empujó a Jesús al desierto… Parar, recargarse, convertirse"


LA CONVERSIÓN NOS HACE BIEN

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Mc (1,12-15
)



dibujos realizados por FANO



22 de febrero de 2015

I DOMINGO DE CUARESMA _ CICLO B

22 DE FEBRERO DE 2015

"Tiempo de tentación y de purificación" Domingo I Cuaresma Ciclo B (Mc 1, 12-15)



Es un tiempo de conversión. De confrontarnos con nosotros mismos y de reconocernos tal cual somos. Ver aquello que nos aleja de Dios para desterrarlo de nuestra vida.


Como todos los años, el primer Domingo de Cuaresma, nos encontramos con el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Este año, en el ciclo B, nos encontramos con el relato más sobrio, que pertenece a Marcos. Dentro del relato mismo vemos claramente dos partes. La primera, centrada en las tentaciones (Mc 1, 12-13); y la segunda, en la que vemos el inicio de la vida pública de Jesús o de su misión (Mc 1, 14-15). Al ver las tentaciones vemos observamos que en los relatos de Mateo y Lucas aparecen explicadas las tentaciones que sufrió nuestro Señor. En Marcos, simplemente se nos dice que fue tentado. La tentación forma parte de nosotros. Nos ayuda a crecer, a purificarnos. Jesús se solidariza con todos nosotros y nos muestra que podemos superar nuestras tentaciones. Ya que Cristo “ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado” (Hbr 4, 15).

  Jesús se retira al desierto después de ser bautizado. La plenitud del Espíritu lo arrastra, lo “empuja” textualmente. Y esta será una constante en su vida pública. Jesús se deja mover por el Espíritu. Es un continuo descentrarse, por medio del Espíritu, para centrarse en Dios, en el Padre. Cuando Jesús se retira, en su interior se encuentra sólo frente a Dios. Y en ese tiempo del desierto, no debemos ver sólo un tiempo de tentación, sino también de purificación. Purificarse para llevar a cabo el proyecto de Dios y realizar su voluntad. Los cuarenta días nos hacen recordar tanto el diluvio como el peregrinar por el desierto. Son momentos en los que se lleva a cabo esa purificación.



  Vemos también en Jesús como un “nuevo Adán” en medio del paraíso rodeado de “alimañas” o “animales del campo”. Las fieras se vuelven aliadas del hombre. Es una imagen de los tiempos mesiánicos donde se restablecería el orden de la creación. Pero empieza de forma silenciosa y no en un vergel, sino en el desierto. Esta parte termina con los ángeles sirviendo al Señor. Los ángeles aparecen en contraposición de Satanás. Uno tienta y pone a prueba, mientras que los otros sirven y nos revelan a Jesús como el Hijo. Son signo de la ayuda de Dios en nuestros momentos de debilidad y tentación. Él no nos abandona. Venceremos en nuestras tentaciones, si como Jesús, somos fieles a Dios por encima de las sugerencias de poder y de gloria que el Mundo nos ofrece.

  En la segunda parte, Jesús inicia su vida pública y su misión principal, o casi podríamos decir exclusiva: el anuncio del Reino. Apresado Juan el Bautista, marcha a su tierra a proclamar la Buena Noticia, el Evangelio de Dios. Se ha cumplido el plazo. Aquello que esperábamos ya llega, está entre nosotros aunque no lo veamos. Está actuando ahora mismo y afecta a toda la historia. Y las indicaciones de Jesús son bastante sencillas con respecto a la actitud que debemos tomar: conversión y creed aquello que nos anuncia. Es un tiempo de conversión. De confrontarnos con nosotros mismos y de reconocernos tal cual somos. Ver aquello que nos aleja de Dios para desterrarlo de nuestra vida. Pero es también un tiempo de júbilo, ya que la espera se ha terminado. Es momento de acoger con alegría el reinado de Dios en nuestros corazones. Porque la Cuaresma es un purificarnos para llenarnos de Dios. Un camino que pasa por la Cruz para llegar a la Resurrección.