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10 de enero de 2022

TIEMPO ORDINARIO



Este lunes 10 de enero empezamos el «tiempo ordinario», una larga temporada litúrgica que nos acompañará durante unas 34 semanas. Es un tiempo normal, común, ordenado (eso significa etimológicamente «ordinario»), con alguna fiesta, sí, pero sin sobresaltos litúrgicos. Hay algún santo o fiesta puntual, pero nada más. Tener estos «días tranquilos» nos ayuda sentirnos acompañados por el Señor en la normalidad del día a día, y a destacar la importancia del Domingo, que es la gran fiesta de cada semana.

A lo largo del año litúrgico, la Iglesia celebra aspectos particulares del misterio de Cristo y, en torno a ellos, va distribuyendo el calendario. Esta manera peculiar de ordenar el tiempo (que no coincide mucho con el «calendario civil») tiene una intencionalidad pedagógica. La Iglesia, Madre y Maestra, propone a sus hijos recorrer los misterios principales de la Salvación obrada en Cristo, en el tiempo, para profundizar en ellos, descubrirlos, celebrarlos y que nos vayamos contagiando, empapando de Él, creciendo en su imitación. Año tras año se repite el ciclo litúrgico, pero cada año somos distintos, nunca los celebramos igual, por eso el círculo con el que solemos representar el Año Litúrgico, debería ser, más bien, una espiral ascendente: vamos girando, pero creciendo «en sabiduría, estatura y gracia, ante Dios y ante los hombres» (cf. Lc 2, 52).

¿Cómo se organiza el Calendario Litúrgico?



El Tiempo Ordinario no tiene fechas fijas, cada año es diferente (aunque la duración es más o menos igual). Para fijarlo, decimos que «empieza el lunes siguiente al 6 de enero» y termina «el sábado anterior al cuarto domingo de antes del 25 de diciembre». Un trabalenguas. Y si añado, encima, que no es un tiempo continuo, sino que se interrumpe con la Cuaresma y la Pascua (que tampoco tienen fechas fijas), ya entonces acabo de liarlo del todo.

¿Y por qué tanto lío? ¿No sería más fácil poner fechas fijas y ya está? Ya, bueno, si fuera tan sencillo se habría hecho hace mucho tiempo, y se habrían evitado incluso cismas en la Iglesia. Ni siquiera nuestro calendario es fijo aunque lo parezca (un ejemplo: cada año el 25 de diciembre cae en un día distinto de la semana) y tenemos fiestas que tienen su origen en el calendario lunar judío y que nos gusta conservar así porque son muy importantes (la Pascua, sin ir más lejos). Sí. A cualquiera le puede parecer un lío. Nuestro «calendario civil» se rige por el calendario solar (1 año = 1 rotación de la tierra al sol, 365 días) y el «calendario litúrgico» sigue un calendario lunisolar (1 año = 12 rotaciones de la luna a la tierra + 1 mes añadido de vez en cuando para que cuadre con el calendario solar, las estaciones y demás; por eso se llama «lunisolar»: un «año lunar» puro no añade ese mes y dura 354 días, 11 menos que el solar, lo cual hace que vaya descuadrándose cada vez más respecto al solar; es lo que sucede más o menos, por ejemplo, en el calendario musulmán). Total, que un mes solar nos sale a 30/31 días y un mes lunar es de 28/29 días, y si tengo una fiesta como la Pascua que se fija en «la primera luna llena del equinoccio de la primavera del hemisferio norte», el resultado es que la Pascua cae cada vez en una semana diferente del calendario solar.

Fechas móviles del Año Litúrgico 2021-2022

Cada 6 de enero, después de la proclamación del Evangelio en el día de la Epifanía, se anuncian solemnemente las fiestas movibles del año. Esta costumbre se originó en los primeros siglos de la Iglesia, cuando, desde Alejandría (donde tenían predilección por los estudios astronómicos), se mandaba a todas las iglesias de la cristiandad la fecha precisa de la Pascua de ese año; esto va evolucionando hasta llegar a la costumbre de proclamar no solo la fecha de la Pascua, sino también la de las fiestas cuya fecha dependen de ella.

Se hace en el día de la Epifanía porque es el día que celebramos que Dios se ha manifestado en Cristo y durante el año celebramos cómo lo hizo: nacimiento, resurrección, etc. Esta costumbre se sigue manteniendo (aunque es opcional) y se hace con un texto fijo (en el que solo cambian las fechas) que expresa maravillosamente esta idea:

«Queridísimos hermanos:

La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día …x…
Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte. De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día …x… ; la Ascensión del Señor, que este año será el …x… ; el Domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día …x…; el primer Domingo de Adviento, que celebraremos el día …x… ; también en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor. A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.»

Os dejo las fechas móviles de este año y las de los tiempos litúrgicos (que ponemos en otro color), y te ponemos una pequeña nota en cursiva de porqué es en esa fecha:

28 de noviembre de 2021:– Comienzo del Año Litúrgico (primer domingo de                                                         Adviento)
————————————   -– Cuarto domingo antes de Navidad (25 de                                                                    diciembre)

Del 28 de noviembre a 24 de diciembre de 2021:
————————————– Tiempo de Adviento
————————————– Desde el cuarto domingo antes de Navidad hasta el                                                  24 de diciembre.

Del 25 de diciembre de 2021 al 9 de enero de 2022:
————————————– Tiempo de Navidad
————————————– De Navidad al Bautismo del Señor.

26 de diciembre de 2021:– Sagrada Familia
——————————          – El domingo siguiente a Navidad

9 de enero de 2022:———-– Bautismo del Señor, fin del Tiempo de Navidad
———————————— -– El domingo siguiente a la Epifanía (6 de enero)

Del 10 de enero al 2 de marzo de 2022:
————————————– Tiempo Ordinario (Primera Parte)
————————————– Desde el final del Tiempo de Navidad al comienzo del                                                Tiempo de Cuaresma

2 de marzo de 2022:———-– Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma (40 días + domingos)
————————————  – El miércoles antes del Primer Domingo de                                                                 Cuaresma

Del 2 de marzo al 14 de abril:
————————————-– Tiempo de Cuaresma
————————————–– Desde el miércoles de ceniza hasta el Jueves Santo

10 de abril de 2022: ———-– Domingo de Ramos
————————————  -– El domingo anterior a la primera luna llena de la                                                         primavera

17 de abril de 2022:———-– Domingo de Resurrección
————————————-– El domingo siguiente a la primera luna llena de la                                                       primavera

Del 17 de abril al 5 de junio de 2022:
————————————-– Tiempo de Pascua
————————————-– Desde el domingo de Resurrección hasta                                                                   Pentecostés

26 de mayo de 2022:———– Ascensión del Señor
————————————-– 40 días después de Resurrección: cae en jueves,                                                       pero, en España por motivos pastorales, se traslada                                                   al domingo 29 de mayo

5 de junio de 2022:———–– Pentecostés
———————————— -– 50 días después de Resurrección

Del 6 de junio al 26 de noviembre de 2022:
————————————-– Tiempo Ordinario (Segunda Parte)
————————————-– Desde el final de la Pascua hasta el comienzo del                                                     Adviento.

9 de junio de 2022:———–– Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote
————————————-– El jueves después de Pentecostés

12 de junio de 2022:———-– Santísima Trinidad
————————————  -– El jueves después de Pentecostés

16 de junio de 2022:———-– Corpus Christi
———————————  —-– El jueves después de la Trinidad: en España,
————————————-     por motivos pastorales, se traslada al domingo 19                                                     de  mayo

24 de junio de 2022: ———– Sagrado Corazón de Jesús
————————————- – El viernes después del Corpus

 



13 de enero de 2020

TIEMPO ORDINARIO

Celebremos el Tiempo Ordinario

Presencia del Señor en el camino de la Iglesia
El Tiempo Ordinario comienza el lunes que sigue al Bautismo del Señor.

a.    Origen y significado.
El tiempo ordinario tiene su origen en el domingo, en la celebración de la “Pascua” que se repetía semana tras semanas (cf. Hch 20,7). Poco a poco se han ido incorporando en la liturgia de la Iglesia los diferentes tiempos fuertes que hacen hincapié en algún misterio concreto de Cristo (Navidad o Pascua) o nos sirven como preparación de estos (Adviento y Cuaresma). Sin embargo, el Tiempo Ordinario omás propiamente, tiempo durante el año, es una de las partes del año litúrgico En él se desarrolla el misterio pascual de un modo progresivo y profundo; y, si cabe, con mayor naturalidad aún que otros tiempos litúrgicos, cuyo contenido está a veces demasiado polarizado por una temática muy concreta. Para la mistagogia de los bautizados y confirmados que acuden cada domingo a celebrar la eucaristía, el tiempo ordinario significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la l celebración litúrgica de la iglesia.
El valor del tiempo ordinario consiste en formar con sus treinta y cuatro semanas un continuo celebrativo a partir del episodio del bautismo del Señor, para recorrer paso a paso la vida de la salvación revelada en la existencia de Jesús. Cada domingo tiene valor propio. Se convierte, así, en un camino cotidiano y sencillo; en el que aprendemos de Jesús y compartimos con él las pequeñas cosas de nuestra propia vida.
b.    Características y peculiaridades de este tiempo.
El tiempo ordinario se divide en dos partes:
1ª) Desde la Fiesta del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza
2ª) Desde Pentecostés hasta el I Domingo de Adviento
Esto supone que de las 52 semanas del año, 34 discurren en el tiempo ordinario. Y de estas, 6 en la primera parte y 28 en la segunda. Pero más allá de los número debemos destacar la conexión del Tiempo Ordinario con los primeros pasos de las comunidades cristianas que se reunían cada semana para compartir la Palabra y el Pan; es decir, no se celebran grandes acontecimientos sino la cotidianidad de alimentarse con la Palabra y con el Cuerpo de Cristo.
En este sentido, el Evangelio proclamado en cada celebración dominical durante el tiempo ordinario se convierte en el punto de referencia; no porque en otros tiempos no lo sea, sino porque durante todo el tiempo ordinario se hace una lectura continuada de los evangelios sinópticos: Mateo (ciclo A), Marcos (ciclo B), Lucas (ciclo C). El Evangelio de Juan viene representado con el capítulo 6 en el ciclo A. De este modo vamos leyendo las escenas del evangelio por el orden que el evangelista ha dispuesto; y, así, la cotidianidad de Jesús se hace una con la nuestra.
Otra característica muy visible de este tiempo es el color verde de los ornamentos sagrados; aunque no tiene un origen muy definido podría evocarnos la esperanza, la naturaleza, la paz…
c.     Fiestas que preceden a los domingos del Tiempo Ordinario.
El ritmo de los domingos del tiempo ordinario es importante mantenerlo; sin embargo, a veces hay fiestas que tienen suficiente entidad como para pasar por delante del ritmo dominical. Por ello hay días que cambiamos el color verde de la cotidianidad por el correspondiente de la fiesta que celebremos, que pueden ser de tres tipos:
1º) La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (Cristo Rey). El año litúrgico siempre finaliza con esta celebración en el último domingo del tiempo ordinario (XXXIV).
2º) Solemnidades de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). Son los domingo consecutivos a Pentecostés.
3º) Fiestas del Señor o de los Santos que se consideran bastante importantes como para celebrarse en lugar del domingo que corresponda: Presentación del Señor (Candelaria), San Juan, San Pedro y San Pablo, Transfiguración del Señor, Asunción de María, Exaltación de la Santa Cruz, Todos los Santos, Fieles Difuntos, Dedicación de la Basílica de Letrán, el Apóstol Santiago o las fiestas del patrón del pueblo o ciudad.
d.    ¿Un repertorio musical para todo el Año?
 En la actualidad, parece que los cancioneros más utilizados son: El Cantoral Litúrgico Nacional (CEE) y el Cantoral de Misa Dominical (CPL) en castellano; Cantoral Litúrxico Galego (vol. I y vol II) en gallego; el Graduale Romanum y el Graduale Simplex que –aún siendo los más completos– no suelen ser muy utilizados, posiblemente por estar estar en latín.
Ante un repertorio tan amplio y variado debemos realizar una correcta administración del mismo. Estos repertorios suelen estar ordenados por el “orden de aparición”: Entrada, Señor ten piedad, Gloria, Aleluya… para luego dejar pequeños grupos de cantos por tiempos litúrgicos, fiestas del Señor, etc. Olvidándose de la división principal que nos propone el cantoral oficial de la Iglesia (Graduale): Ordinario (Kyriale, en el que cada misa se corresponde con un tiempo litúrgico o con fiestas concretas: apóstoles, virgen María, etc.) y Propio (dividiendo los domingo por tiempos litúrgicos y las fiestas y solemnidades cronológicamente). De este modo, nunca se interpretan los mismos cantos en una fiesta y en una misa de diario; dándole a la música un valor mistagógico.
Por otra parte, la lectura continuada de los evangelios en las celebraciones dominicales durante el tiempo ordinario debe notarse también en el canto litúrgico. El canto de comunión, por ejemplo, puede (debe) hacer referencia al contenido del Evangelio; ayudará, sin duda, a fortalecer la unidad entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística; y para ello no puede ayudar conocer las antífonas de comunión propuestas por el Misal Romano para cada misa dominical.
Todo esto no nos debe asustar sino motivarnos a consolidar los criterios necesarios para seleccionar un repertorio apropiado, es más, teniendo criterio litúrgico-musical podremos colaborar para que la comunidad que celebra lo haga con mayor intensidad.
Fuente: www.liturxia.com

8 de enero de 2018

TIEMPO ORDINARIO

Celebremos el Tiempo Ordinario
Presencia del Señor en el camino de la Iglesia
El Tiempo Ordinario comienza el lunes que sigue al Bautismo del Señor.

a.    Origen y significado.
El tiempo ordinario tiene su origen en el domingo, en la celebración de la “Pascua” que se repetía semana tras semanas (cf. Hch 20,7). Poco a poco se han ido incorporando en la liturgia de la Iglesia los diferentes tiempos fuertes que hacen hincapié en algún misterio concreto de Cristo (Navidad o Pascua) o nos sirven como preparación de estos (Adviento y Cuaresma). Sin embargo, el Tiempo Ordinario omás propiamente, tiempo durante el año, es una de las partes del año litúrgico En él se desarrolla el misterio pascual de un modo progresivo y profundo; y, si cabe, con mayor naturalidad aún que otros tiempos litúrgicos, cuyo contenido está a veces demasiado polarizado por una temática muy concreta. Para la mistagogia de los bautizados y confirmados que acuden cada domingo a celebrar la eucaristía, el tiempo ordinario significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la l celebración litúrgica de la iglesia.
El valor del tiempo ordinario consiste en formar con sus treinta y cuatro semanas un continuo celebrativo a partir del episodio del bautismo del Señor, para recorrer paso a paso la vida de la salvación revelada en la existencia de Jesús. Cada domingo tiene valor propio. Se convierte, así, en un camino cotidiano y sencillo; en el que aprendemos de Jesús y compartimos con él las pequeñas cosas de nuestra propia vida.
b.    Características y peculiaridades de este tiempo.
El tiempo ordinario se divide en dos partes:
1ª) Desde la Fiesta del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza
2ª) Desde Pentecostés hasta el I Domingo de Adviento
Esto supone que de las 52 semanas del año, 34 discurren en el tiempo ordinario. Y de estas, 6 en la primera parte y 28 en la segunda. Pero más allá de los número debemos destacar la conexión del Tiempo Ordinario con los primeros pasos de las comunidades cristianas que se reunían cada semana para compartir la Palabra y el Pan; es decir, no se celebran grandes acontecimientos sino la cotidianidad de alimentarse con la Palabra y con el Cuerpo de Cristo.
En este sentido, el Evangelio proclamado en cada celebración dominical durante el tiempo ordinario se convierte en el punto de referencia; no porque en otros tiempos no lo sea, sino porque durante todo el tiempo ordinario se hace una lectura continuada de los evangelios sinópticos: Mateo (ciclo A), Marcos (ciclo B), Lucas (ciclo C). El Evangelio de Juan viene representado con el capítulo 6 en el ciclo A. De este modo vamos leyendo las escenas del evangelio por el orden que el evangelista ha dispuesto; y, así, la cotidianidad de Jesús se hace una con la nuestra.
Otra característica muy visible de este tiempo es el color verde de los ornamentos sagrados; aunque no tiene un origen muy definido podría evocarnos la esperanza, la naturaleza, la paz…
c.     Fiestas que preceden a los domingos del Tiempo Ordinario.
El ritmo de los domingos del tiempo ordinario es importante mantenerlo; sin embargo, a veces hay fiestas que tienen suficiente entidad como para pasar por delante del ritmo dominical. Por ello hay días que cambiamos el color verde de la cotidianidad por el correspondiente de la fiesta que celebremos, que pueden ser de tres tipos:
1º) La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (Cristo Rey). El año litúrgico siempre finaliza con esta celebración en el último domingo del tiempo ordinario (XXXIV).
2º) Solemnidades de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). Son los domingo consecutivos a Pentecostés.
3º) Fiestas del Señor o de los Santos que se consideran bastante importantes como para celebrarse en lugar del domingo que corresponda: Presentación del Señor (Candelaria), San Juan, San Pedro y San Pablo, Transfiguración del Señor, Asunción de María, Exaltación de la Santa Cruz, Todos los Santos, Fieles Difuntos, Dedicación de la Basílica de Letrán, el Apóstol Santiago o las fiestas del patrón del pueblo o ciudad.
d.    ¿Un repertorio musical para todo el Año?
 En la actualidad, parece que los cancioneros más utilizados son: El Cantoral Litúrgico Nacional (CEE) y el Cantoral de Misa Dominical (CPL) en castellano; Cantoral Litúrxico Galego (vol. I y vol II) en gallego; el Graduale Romanum y el Graduale Simplex que –aún siendo los más completos– no suelen ser muy utilizados, posiblemente por estar estar en latín.
Ante un repertorio tan amplio y variado debemos realizar una correcta administración del mismo. Estos repertorios suelen estar ordenados por el “orden de aparición”: Entrada, Señor ten piedad, Gloria, Aleluya… para luego dejar pequeños grupos de cantos por tiempos litúrgicos, fiestas del Señor, etc. Olvidándose de la división principal que nos propone el cantoral oficial de la Iglesia (Graduale): Ordinario (Kyriale, en el que cada misa se corresponde con un tiempo litúrgico o con fiestas concretas: apóstoles, virgen María, etc.) y Propio (dividiendo los domingo por tiempos litúrgicos y las fiestas y solemnidades cronológicamente). De este modo, nunca se interpretan los mismos cantos en una fiesta y en una misa de diario; dándole a la música un valor mistagógico.
Por otra parte, la lectura continuada de los evangelios en las celebraciones dominicales durante el tiempo ordinario debe notarse también en el canto litúrgico. El canto de comunión, por ejemplo, puede (debe) hacer referencia al contenido del Evangelio; ayudará, sin duda, a fortalecer la unidad entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística; y para ello no puede ayudar conocer las antífonas de comunión propuestas por el Misal Romano para cada misa dominical.
Todo esto no nos debe asustar sino motivarnos a consolidar los criterios necesarios para seleccionar un repertorio apropiado, es más, teniendo criterio litúrgico-musical podremos colaborar para que la comunidad que celebra lo haga con mayor intensidad.
Fuente: www.liturxia.com



12 de enero de 2016

CELEBRAMOS EL TIEMPO ORDINARIO

El Tiempo Ordinario de la Liturgia, ordinario no significa de poca importancia
11 de enero de 2016

Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.

Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.

Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.

Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?

Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.


 Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net 



12 de enero de 2014

Tiempo Ordinario



Son treinta y tres o treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el Misterio Pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El Tiempo Ordinario del año comienza con el lunes que sigue del domingo después del 6 de enero y se prolonga hasta el martes anterior a la Cuaresma; vuelve a reanudarse el lunes después del domingo de Pentecostés y finaliza antes del Domingo Primero de Adviento.
Las fechas varían cada año, pues se toma en cuenta los calendarios antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús, a partir de ahí se estructura todo el año litúrgico.




13 de enero de 2013

Tiempo Litúrgico Ordinario


En el año litúrgico, llamamos tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento.







Son treinta y tres o treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el Misterio Pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El Tiempo Ordinario del año comienza con el lunes que sigue del domingo después del 6 de enero y se prolonga hasta el martes anterior a la Cuaresma; vuelve a reanudarse el lunes después del domingo de Pentecostés y finaliza antes del Domingo Primero de Adviento.
Las fechas varían cada año, pues se toma en cuenta los calendarios antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús, a partir de ahí se estructura todo el año litúrgico.





El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe.