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9 de marzo de 2025

I DOMINGO DEL TIEMPO DE CUARESMA - CICLO C


Lectura del santo evangelio según san Lucas (4,1-13):

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»

Jesús le contestó: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo.»

Jesús le contestó: «Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».

Jesús le contestó: Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra del Señor


Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola

 

LUCIDED Y FIDELIDAD

No le resultó fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida.

Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu, que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, «un signo del cielo», de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.

Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.

Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo, Jesús les dice así: «Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas» (Lucas 22,28).

El episodio conocido como las «tentaciones de Jesús» es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.

¿Ha de pensar en su propio interés o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión o entregarse a su misión confiando en el Padre?

El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.

Para seguir a Jesús con fidelidad hemos de identificar las tentaciones que tenemos los cristianos de hoy: la jerarquía y el pueblo; los dirigentes religiosos y los fieles. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?





 









8 de diciembre de 2024

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO 2024 - CICLO C


Este año el 8 de diciembre, día en que se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, coincide con el segundo domingo de Adviento. En España, gracias a una dispensa, celebramos la solemnidad de la Inmaculada este mismo día, sin necesidad de trasladarlo al día 9 como ocurre en el resto del mundo. 

Pero también hay que decir que, para no perder el sentido del Adviento, la segunda lectura se corresponde con la del segundo domingo de adviento, en la homilía se hará mención a este tiempo litúrgico; en la oración universal se debe incluir, al menos, una petición con el sentido del Adviento, y concluir con la oración colecta del domingo II de Adviento.

Hay una íntima conexión entre el Adviento y la fiesta de la Inmaculada. Si el tiempo de Adviento es el tiempo de la espera de la venida del Señor, el misterio de la Concepción Inmaculada de Virgen es la anticipación del fruto de esta venida: la comunión entre Dios y los hombres por Jesucristo.

Durante el tiempo de Adviento exaltamos la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió total e inmediatamente al proyecto salvífico de Dios y subrayamos su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron al nacimiento de Jesús, el Salvador.

María José Campo













3 de abril de 2022

V DOMINGO DE CUARESMA - CICLO C

 Cuaresma: Perdón

Odres Nuevos V de Cuaresma - Perdón

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: – «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: – «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: – «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».
Ella contestó: – «Ninguno, Señor».
Jesús dijo: – «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn (8,1-11)

NO LANZAR PIEDRAS

En toda sociedad hay modelos de conducta que, explícita o implícitamente, configuran el comportamiento de las personas. Son modelos que determinan en gran parte nuestra manera de pensar, actuar y vivir.

Pensemos en la ordenación jurídica de nuestra sociedad. La convivencia social está regulada por una estructura legal que depende de una determinada concepción del ser humano. Por eso, aunque la ley sea justa, su aplicación puede ser injusta si no se atiende a cada hombre y cada mujer en su situación personal única e irrepetible.

Incluso en nuestra sociedad pluralista es necesario llegar a un consenso que haga posible la convivencia. Por eso se ha ido configurando un ideal jurídico de ciudadano, portador de unos derechos y sujeto de unas obligaciones. Y es este ideal jurídico el que se va imponiendo con fuerza de ley en la sociedad.

Pero esta ordenación legal, necesaria sin duda para la convivencia social, no puede llegar a comprender de manera adecuada la vida concreta de cada persona en toda su complejidad, su fragilidad y su misterio.

La ley tratará de medir con justicia a cada persona, pero difícilmente puede tratarla en cada situación como un ser concreto que vive y padece su propia existencia de una manera única y original.

Qué cómodo es juzgar a las personas desde criterios seguros. Qué fácil y qué injusto apelar al peso de la ley para condenar a tantas personas marginadas, incapacitadas para vivir integradas en nuestra sociedad, conforme a la «ley del ciudadano ideal»: hijos sin verdadero hogar, jóvenes delincuentes, vagabundos analfabetos, drogadictos sin remedio, ladrones sin posibilidad de trabajo, prostitutas sin amor alguno, esposos fracasados en su amor matrimonial…

Frente a tantas condenas fáciles, Jesús nos invita a no condenar fríamente a los demás desde la pura objetividad de una ley, sino a comprenderlos desde nuestra propia conducta personal. Antes de arrojar piedras contra nadie, hemos de saber juzgar nuestro propio pecado. Quizá descubramos entonces que lo que muchas personas necesitan no es la condena de la ley, sino que alguien las ayude y les ofrezca una posibilidad de rehabilitación. Lo que la mujer adúltera necesitaba no eran piedras, sino una mano amiga que le ayudara a levantarse. Jesús la entendió.








 


27 de marzo de 2022

IV DOMINGO DE CUARESMA / DOMINGO DE "LAETARE" - CICLO C

 Cuaresma: Vuelve

Odres Nuevos IV Domingo Cuaresma - Ciclo C


Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo,»
Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado». 
Palabra del Señor

Evangelio Comentado por:

José Antonio Pagola

LA TRAGEDIA DE UN PADRE BUENO


Exegetas contemporáneos han abierto una nueva vía de lectura de la parábola llamada tradicionalmente del «hijo pródigo», para descubrir en ella la tragedia de un padre que, a pesar de su amor «increíble» por sus hijos, no logra construir una familia unida. Esa sería, según Jesús, la tragedia de Dios.

La actuación del hijo menor es «imperdonable». Da por muerto a su padre y pide la parte de su herencia. De esta manera rompe la solidaridad del hogar, echa por tierra el honor de la familia y pone en peligro su futuro al forzar el reparto de las tierras. Los oyentes debieron de quedar escandalizados al ver que el padre, respetando la sinrazón de su hijo, ponía en riesgo su propio honor y autoridad. ¿Qué clase de padre es este?

Cuando el joven, destruido por el hambre y la humillación, regresa a casa, el padre vuelve a sorprender a todos. «Conmovido» corre a su encuentro y lo besa efusivamente delante de todos. Se olvida de su propia dignidad, le ofrece el perdón antes de que se declare culpable, lo restablece en su honor de hijo, lo protege del rechazo de los vecinos y organiza una fiesta para todos. Por fin podrán vivir en familia de manera digna y dichosa.

Desgraciadamente falta el hijo mayor, un hombre de vida correcta y ordenada, pero de corazón duro y resentido. Al llegar a casa humilla públicamente a su padre, intenta destruir a su hermano y se excluye de la fiesta. En todo caso festejaría algo «con sus amigos», no con su padre y su hermano.

El padre sale también a su encuentro y le revela el deseo más hondo de su corazón de padre: ver a sus hijos sentados a la misma mesa, compartiendo amistosamente un banquete festivo, por encima de enfrentamientos, odios y condenas.

Pueblos enfrentados por la guerra, terrorismos ciegos, políticas insolidarias, religiones de corazón endurecido, países hundidos en el hambre… Nunca compartiremos la Tierra de manera digna y dichosa si no nos miramos con el amor compasivo de Dios. Esta mirada nueva es lo más importante que podemos introducir hoy en el mundo los seguidores de Jesús.










DOMINGO DE LAETARE

El cuarto domingo, o de mediados, de Cuaresma, llamado así por las primeras palabras del Introito de la Misa, “Laetare Jerusalem”---“Alégrate, oh, Jerusalén”. Durante los primeros seis o siete siglos la temporada de Cuaresma comenzaba el domingo siguiente a la quincuagésima, y constaba sólo de treinta y seis días de ayuno. Luego se añadió a éstos los cuatro días precedentes al primer domingo, para hacer un ayuno de cuarenta días; y una de las más antiguas menciones litúrgicas de estos días adicionales ocurre en el Evangelio especial asignado a ellos en un manuscrito de Toulon de 714.

Estrictamente hablando, el jueves antes del domingo de Laetare es el día que marca la mitad de la Cuaresma, y en una época se observaba como tal, pero luego los signos especiales de alegría permitidos en este día se transfirieron al domingo siguiente, destinados a alentar a los fieles en su curso a través de la temporada de penitencia. Estos signos consisten (como los del Domingo de Gaudete en Adviento) en el uso de flores sobre el altar y el uso del órgano en la Misa y vísperas; se permite la vestimenta color rosa en vez de púrpura, y el diácono y subdiácono usan dalmática en lugar de la casulla doblada como en los demás domingos de Cuaresma. De este modo se enfatiza el contraste entre los demás domingos y el domingo de laetare, el cual es emblemático de las alegrías de esta vida, alegría comedida mezclada con un cierto rezago de tristeza.

En este día la estación de Roma se hacía en la iglesia de la Santa Cruz en Gerusalemme, una de los siete principales basílicas; ese día se acostumbraba bendecir la Rosa Dorada que el Papa enviaba a los soberanos católicos, y por esta razón a veces se llamaba al domingo, “Domincade Rosa”. También se le daban otros nombres como: “domingo de refrigerio” o el “domingo de los cinco panes” por un milagro registrado en el Evangelio; Media-Cuaresma, mi-carême, o mediana; and “domingo de reconocer por hijo” en alusión a la Epístola, la cual señala a nuestro derecho a ser llamados los hijos de Dios como la fuente de nuestra alegría, y también porque antes los fieles acostumbraban ese día hacer sus ofrendas a la catedral o iglesia-madre. Este último nombre todavía se mantiene en algunas partes remotas de Inglaterra, aunque la razón para ello ha desaparecido.









23 de marzo de 2019

TERCER DOMINGO DE CUARESMA - CICLO C



La paciencia de Dios. 

Jesús, en el Evangelio, nos apremia a la conversión. No podemos alargar más en el tiempo nuestra conversión y nuestra vuelta a Dios. Jesús nos lo explica con la parábola de la higuera. Dios es aquel señor que desea cortar la higuera que no da fruto. Pero el viñador, figura de Cristo, interviene ante aquel hombre para pedirle que tenga paciencia, que no corte todavía la viña, que espere un año para ver si da fruto. El viñador se compromete a cuidar la viña y a abonarla, en espera que finalmente dé fruto. Nos recuerda Jesús con esta parábola que Dios tiene paciencia con nosotros, que es paciente y espera que demos fruto. Pero también nos apremia para que no retrasemos durante más tiempo nuestra conversión. El fruto de nuestras buenas obras, que comienza por la conversión y por dejar atrás lo que es malo y lo que no agrada a Dios, es lo que Él espera de nosotros. No retrasemos más nuestra conversión. Dios aguarda paciente a que volvamos a Él.
En este tercer domingo recordamos que la cuaresma es tiempo de conversión, y que la conversión no podemos retrasarla más en el tiempo. Dios nos salva a través de Cristo, nos saca de la esclavitud de nuestras malas acciones, pero nosotros hemos de corresponder a esa salvación. Dejemos atrás lo que desagrada a Dios, comencemos ya desde hoy a vivir las buenas obras que Dios espera, y con su gracia avancemos por el camino de la conversión en esta Cuaresma.


 III Domingo de Cuaresma: Lc 13, 1-9 ” Ten Esperanza…”

Siempre hay un lugar y una hora exacta en la que el Señor quiere encontrarse con nosotros. Es el momento que marca el comienzo de la conversión o del rechazo radical. Esa conversión es un camino que exige constancia y una decisión siempre renovada de proseguir el viaje a pesar de todo. Si en la antigua alianza el pueblo caminaba bajo la guía de Moisés, para nosotros el camino a seguir es el mismo Hijo de Dios, Jesucristo. Él es quien nos saca de la esclavitud del pecado, quien nos saca de nosotros mismos.
El sentido de la vida eclesial es ayudarse fraternalmente a caminar por las sendas de la conversión, o sea, ayudarse a buscar y seguir a Jesús. Hay que desear ardientemente que ninguno se extravíe, que ninguno se retrase o se aleje. A esto precisamente nos invita el Evangelio de hoy, que concluye con la parábola de la higuera estéril. El labrador que ruega que no la corten todavía es Jesús. Como intercesor nuestro, dirá hasta el final de los tiempos: “Espera un poco, un poco todavía, que la cuidaré más”. Todos los cuidados que Jesús nos prodiga con su Palabra, con los sacramentos, con sus intervenciones providenciales –y lo son también los acontecimientos dolorosos–, son ofertas de conversión. Dejémosle, pues, que nos cultive. La Palabra sagrada es como un arado, y también como una semilla sembrada para que pueda producir fruto.



No hay, netamente, buenos y malos. Todos estamos necesitados de conversión; nadie puede decir que está libre de culpa. Dios da a todos una segunda oportunidad.





17 de marzo de 2019

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - Ciclo C


La transfiguración de Jesús en el monte Tabor es una experiencia que les sirve a sus discípulos de iluminación sobre la verdadera identidad del Maestro, de aliento para que ellos puedan recorrer el camino que les señala Jesús y de exhortación a realizar ese recorrido bajo el imperativo de la escucha.
Encontrarse con Jesús es descubrir, por fin, a alguien que dice la verdad. Alguien que sabe por qué vivir y por qué morir.
Necesitamos momentos de esplendor, nos viene muy bien una palabra de ánimo, una sonrisa como colofón de muchos momentos de tensión y concentración en los quehaceres de la vida; un apretón de manos; un pequeño triunfo en medio de la rutina casi sin nombre de días grises. La vida recupera fuerza y el horizonte se ensancha.
Jesús acaba de anunciar a los suyos la forma de muerte que le espera y Pedro se rebela al conocer la noticia, no puede entender que al Maestro le pase eso y protesta, están decepcionados. ¿Vale la pena seguir detrás de alguien que tiene como futuro la muerte inmediata? ¿Vale la pena ir detrás de un “donnadie”?
Jesús toma a los íntimos. Se transfigura, es decir, deja ver por un instante todo el misterio de luz que encierra. En él se cumple todo lo que los profetas han dicho del Mesías. Y una voz lo confirma: “Este es mi hijo amado, mi predilecto. Escuchadlo”.
Todo transcurre en un abrir y cerrar de ojos, pero es suficiente para levantar la esperanza, para recobrar razones y no apartarse de Él.
Esto lo entienden muy bien los que caminan en soledad, los que tocan con sus manos el vacío de su vida.
Muchos hombres y mujeres viven sin esperanza en el futuro, porque las “transfiguraciones” que les salen al paso no se las creen. Cuando no se cree nada ni a nadie, lo único que nos queda es “escuchar”. En el fondo tenemos una Palabra con mayúscula que nos espera, una revelación que nos sorprenderá. La sabiduría popular dice que “Dios aprieta, pero no ahoga”. Hay siempre una chispa que puede encender esperanzas cansadas. Seguir a Jesús exige algún Tabor en el camino.












En el comienzo del final de la misión, el cielo se abre para animar, para guiar en el cumplimiento del proyecto.





10 de marzo de 2019

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2019 - CICLO C


En este primer domingo de Cuaresma, en este tiempo de preparación hacia la pascua del Señor, la liturgia nos presenta un pasaje cargado de emotividad, significado y actualidad, como es la tentación del Señor Jesús en el desierto, donde es llevado por el Espíritu Santo (Lc 4,1), donde permaneció cuarenta días, sin comer nada. Y al final del mismo aparece el diablo a tentarlo, buscando desviarlo de su misión. Es muy importante ver cómo y de qué manera se manifiesta el diablo, para tener en cuenta su astucia, para conocer sus argumentos, para ver cómo manipula la palabra, utilizando así algo sagrado como es ella, para tergiversar su sentido, buscando así engañarnos y seducirnos.
Resulta sorprendente como el tentador, busca desviar al Señor, a partir de necesidades vitales, como ser saciar el hambre material que tenía, pues después de cuarenta días sin comer nada, tuvo hambre, y ahí que él le propone al Señor darse a conocer, convirtiendo las piedras en pan. Una propuesta fácil e inmediata para remediar la situación que estaba viviendo. En la segunda tentación, le ofrece al Señor Jesús, la seguridad de las riquezas, la gloria del poder, el honor del dominio y la autoridad, otra cosa que hace parte de anhelos y deseos inherentes a nuestra vida, como son el bienestar y el reconocimiento. Finalmente, el propio diablo, quiere ayudarle a Jesús, a darse a conocer, desafiándole a que se tirara de la parte más alta del templo (Lc 4,9), para que todos los vieran y así lo reconocieran como el Mesías, para esto utilizó una cita del Sal 91,11, para justificar el pedido. Es elocuente y sorprendente la manera de actuar el espíritu del mal, que siempre apeló a algo bueno para desviar al Señor de su misión, que en el fondo era que el Señor lo tuviera a él como su referente y su proyecto, y no lo que el Padre le pedía. Es significativo, ver la manera de actuar que tuvo y los recursos que utilizó para seducir al Señor.
 Pero si la actitud del tentador es significativa, la respuesta del Señor es mucho más, pues siempre y en todas las oportunidades, recurrió a las Escrituras (Lc 4,4.8.12), para rebatir y rechazar las seducciones del mal, destacando el Señorío del Padre en su vida, haciendo ver que el único y verdadero referente para nuestra vida debe ser el Padre y es a Él, a quién debemos adorar y servir, viviendo de acuerdo a su voluntad. Un texto como éste al comienzo de la cuaresma, nos ayuda a mirar nuestra vida y así sincerarnos a nosotros mismos, respecto de la situación de nuestra vida, para darnos cuenta, dónde estamos parados, lo que estamos haciendo, para tomar conciencia de la actitud que tenemos ante las diferentes y siempre seductoras propuestas que uno recibe para sustituir al Señor en nuestra vida, y así arrodillarnos ante falsos dioses, que buscan alejarnos del proyecto de Dios, llevándonos a la ruina y a la perdición. Por lo tanto, aprovechemos este pasaje, para mirar nuestro corazón y así pedirle al Señor su gracia para que sólo Él y únicamente Él, sea nuestro Dios y Señor, por quién y para quién vivimos.






En este primer Domingo de Cuaresma la liturgia nos anima a adentrarnos en el desierto, junto a Jesús. El desierto es un lugar de prueba, el lugar de la tentación, pero también el lugar privilegiado de encuentro con Dios. El desierto es la vida misma, llena de posibilidades y opciones, complejidades, oscuridades y tentaciones. Miremos a Jesús y aprendamos de él. Pongámonos en camino.







9 de diciembre de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

                             

Juan es la «voz que grita en el desierto: Preparad el camino al Señor».
Es el medio del que Dios se sirve para que el pueblo se prepare para la venida del salvador, el que grita lo que tienen que hacer para que el salvador llegue a ellos. 
Hoy son muchas las voces que escuchamos que nos llaman a una vida que no es precisamente la vida del creyente. 
Oímos la voz de un mundo sin Dios y sin fe, que vocea a la oreja y al corazón del joven actual; que si se es creyente no se puede ser feliz, porque la fe coarta la libertad; el hacer e ir por donde uno quiera, cuando es todo contrario la fe nos hace libres y rompe todas nuestras esclavitudes. Voces de la mundanidad que invitan a pasarlo bien a costa de lo que sea, pasando por encima de quien y de lo que sea; lo importante es divertirse. 
Voces que nos llaman continuamente al egoísmo, a pensar solo en nosotros mismos y a olvidarnos de los demás y a no complicarnos nuestra vida con sus problemas, allá cada uno con lo suyo, sálvese quien pueda, que cada cual se saque sus castañas del fuego.
Voces que desprecian a Dios y la fe en Él como algo inservible e inútil y sobrevaloran el dinero y lo material como el único dios al que servir y lo único que sirve para todo. 
Voces y voces y voces que nos aturden y confunden y señalan otro camino distinto o contrario al camino del Evangelio. 
Voces que tienen que hacernos pensar que en medio de ellas no puede faltar la voz de los cristianos, que con su vida y testimonio anuncian a Jesús y su mensaje al hombre de hoy, para que se produzca en ellos la conversión. 
Yo, tú, todos, podemos anunciar al Señor como hizo Juan el Bautista. Él gritaba el mensaje de Dios en el desierto y llamaba a preparar el camino al salvador. Nosotros estamos todos, como creyentes, llamados a preparar nuestra vida y nuestro corazón para recibir el Salvador que quiere nacer en cada uno de nosotros. Por otra parte estamos llamados a gritar el mensaje de Jesús al hombre de hoy, que vive en medio del mundo tantas veces separado de Dios y su mensaje, pero que lleva en el corazón impreso el sello de Dios, por lo que no prescindir de él, porque como decía san Agustín: «Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Dios ha querido tener necesidad de nuestra pobre aportación para darse a conocer al hombre actual, para que el mensaje que Él trae llegue al hombre de hoy. Él quiere que le prestemos nuestra voz para decir al hombre actual que tiene que cambiar, que no puede seguir las llamadas de la mundanidad olvidándose de las llamadas que el mismo Dios le hace personalmente. Para ello necesita de nuestra voz, n u e s t r a vida vivida desde los valores que él trae a este mundo; de nuestro testimonio de vida que recuerde, al ser humano del siglo XXI, que Dios quiere nacer en su vida y en su corazón y que debe disponerse a recibirle, como necesitó la voz de los profetas y de Juan para anunciar a su pueblo su llegada a este mundo.
Nuestro mundo actual necesita oír la voz de Cristo que anuncia un estilo propio y peculiar para aquellos que quieran seguirle. Esta voz de Cristo va a llegarles a los hombres de hoy a través nuestro, por medio de nuestra voz, de nuestra vida y de nuestro testimonio. Preparemos el camino al Señor, seamos instrumentos al servicio del anuncio de la llegada de Cristo salvador a la vida de los hombres, descubrámosles que Cristo viene a curar todo lo enfermo que hay en nosotros y dar sentido a todo aquello a lo que, sin Él, no encontraríamos sentido. Pero para ello es necesario que le recibamos, que le abramos nuestro corazón y le dejemos entrar en nuestra vida, porque Cristo ya nació hace veinte siglos, pero quiere nacer hoy y ahora en el corazón de todos los seres humanos del momento actual de nuestra historia.
                                                                                         Monseñor Gerardo Melgar
                                                                            Obispo Prior de la Diócesis de Ciudad Real










Tan solo hay un nosotros
Nunca en la historia nuestro estilo de vida ha estado tan relacionado con la vida de millones de personas.
En la sociedad del hiperconsumo, nuestros hábitos y decisiones cotidianas influyen en las condiciones de vida de millones de personas que sufren situaciones de pobreza, exclusión y violencia en un mundo cada vez más individualista y desigual.
En nuestro modelo social todo son estímulos, cada vez hay menos espacio para el silencio, para el encuentro, y hasta la solidaridad o la espiritualidad se convierten en artículos de consumo.
Sin embargo, el cambio viene desde el desierto, donde no hay distracciones, solo silencio, donde lo único que importa es la vida.
En el desierto descubrimos lo importante, el valor del hermano, del otro que busca, igual que yo, vivir, ser feliz. En el desierto, lejos del egoísmo, lejos de las luces que me separan de lo importante, me encuentro con el hermano que tan solo quiere una vida mejor. En el desierto desaparecen las fronteras, las barreras físicas y mentales, las razas, las clases sociales… todo lo que hemos creado para no reconocernos. En el desierto encontramos nuestro auténtico yo, en el que Dios habita, encontramos al otro y descubrimos que no hay un “otro”, que, en la humanidad, solo hay un “nosotros”, y todo lo que nos aleje de ahí, nos separa de nuestro auténtico yo, nos distancia del Padre que nos habita.
Francisco Jiménez, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga.