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15 de diciembre de 2019

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


El tercer domingo de Adviento es llamado “domingo de gaudete”, o de la alegría, por la primera palabra del introito de la Misa: Gaudete, es decir, regocíjense.
En esta fecha se permite la vestimenta color rosa como signo de gozo, y la Iglesia invita a los fieles a alegrarse porque ya está cerca el Señor. En la Corona de Adviento se enciende la tercera llama, la vela rosada. 
Evangelio: Lucas 3,10-18
10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.»
12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
13 El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.»
14 Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»
15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;
16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
Domingos de “gaudete” y “laudete”
Hay dos domingos en el año que se permite usar el color rosa en la vestimenta y estos son el cuarto domingo de Cuaresma (laetare) y el tercer domingo de Adviento (gaudete) porque en medio de la “espera”, se recuerda que ya está próxima la alegría de la Pascua o de la Navidad, respectivamente.
En la corona de Adviento también se suele encender una vela rosada.




17 de diciembre de 2017

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


Domingo de alegría

En este tercer domingo nos invita, desde la figura de Juan el Bautista, a confesar nuestra auténtica identidad, con verdad y valentía. A la pregunta de los judíos que le envían emisarios a preguntarle directamente quien es, él confiesa claramente su identidad: no es ni el Mesías, ni Elías, ni el profeta que ellos esperaban. Es solo la voz que clama en el desierto: «Preparad el camino al Señor».
Nuestro mundo laicista e increyente también nos pregunta a nosotros los cristianos: «¿Tú quien eres?» Y nosotros tantas veces no nos atrevemos a confesar lo que somos. Vivimos nuestra identidad cristiana como en la sombra, nos da vergüenza manifestar abiertamente que nosotros somos creyentes, discípulos y seguidores de Jesús, porque hoy no está bien visto, porque tenemos miedo a que se mofen de nosotros y lo ocultamos por vergüenza, vivimos nuestra fe llenos de complejos.

Desde el ejemplo de Juan debemos sentirnos impulsados a confesar abiertamente nuestra fe, nuestra condición de seguidores de Jesús, sin complejos, caiga quien caiga y nos oiga quien nos oiga.

Nuestra vida, nuestra forma peculiar de vivir, debe ser un testimonio claro que exprese nuestra identidad de discípulos y seguidores de Cristo, porque vivimos nuestra vida desde el estilo y los valores de Jesús.
Este tercer domingo de adviento es el domingo llamado «de la alegría». En la segunda lectura, san Pablo, en la carta a los Tesalonicenses nos invita a «estar siempre alegres, no dejando de orar y manteniéndonos en continua acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de nosotros como cristianos (Tes 5, 16).
La alegría es una actitud y una virtud propia del cristiano. Dice el refrán castellano que «un santo triste es un triste santo». El cristiano debe vivir su fe y su identidad cristiana con alegría, porque la vivencia de la fe produce necesariamente alegría y gozo, porque el Señor no solo está cerca, sino que está dentro del creyente que trata de vivir su fe en Él.
Por eso el papa Benedicto XVI, cuando proclamó el Año de la Fe, decía claramente que reavivando nuestra fe tendremos la oportunidad de experimentar la alegría de la fe y el gozo de ser creyente y de transmitir ese gozo y esa alegría a los demás, para que también ellos puedan experimentarla.
Vivimos en un mundo lleno de tristeza, pobreza, heridas y laceraciones, aunque muchos traten de ocultar su tristeza y heridas detrás del bullicio y del ruido del mundo.
Nosotros debemos sorprender e impactar por nuestra alegría, no la que surge del bullicio y el ruido de la sociedad, sino por la alegría interior de quien siente que tiene a Dios en su vida.

                                           Escrito por: Monseñor Gerardo Melgar,Obispo Prior de la Diócesis de Ciudad Real.









Jn 1,6-8.19-28
Junto a la voz que clama en el desierto, en el tercer domingo de Adviento rezamos con el Magníficat. La alegría de María nos llena de esperanza. La entrega radical de Juan nos llena de esperanza. Tantos hechos cotidianos pequeñitos, nos llenan de esperanza. Miremos también conejos esperanzados. Ejercicio de la vista y del corazón.
¿En qué fundamentamos nuestra alegría? ¿Tiene algo que ver esta alegría con la espera del Adviento? Hay algo que va creciendo, imperceptible para aquellos que viven en la tinieblas. Los hijos de la Luz perciben en la pequeñez los brotes nuevos de la humanidad reconciliado, adelanto del banquete del Reino.
Dibu: Patxi Velasco FANO

Texto: Fernando Cordero ss.cc.








13 de diciembre de 2015

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO 2015

 

El Domingo de la Alegría

Llamado este Tercer Domingo de Adviento gaudete desde hace muchos siglos es una invitación especial a la alegría. Procede de la primera palabra latina, gaudete, en la antífona de entrada de nuestra misa de hoy y que utiliza una frase de San Pablo, de la Carta a los Filipenses: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito: estad siempre alegres. El Señor está cerca”.Nada, realmente, puede definir el Adviento con tan pocas palabras. Alegres, siempre alegres esperamos al Señor, que hecho Niño viene a salvarnos. Alegría, paz, amor, esperanza… Esperamos, pues.


El tercer domingo de Adviento tiene un nombre específico: Domingo de Gaudete. Recibe ese nombre por la primera palabra en latín de la antífona de entrada, que dice: Gaudéte in Domino semper: íterum dico, gaudéte. (Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres). La antífona está tomada de la carta paulina a los filipenses 
( Flp. 4, 4-5), que sigue diciendo Dominus prope este (el Señor está cerca). 

Y efectivamente, en este tercer domingo, que marca la mitad del Adviento, la llegada del Señor se ve cercana. Cuando nos acercamos a la celebración del Nacimiento de Jesús, la palabra de Dios nos recuerda cómo las profecías han sido ya cumplidas; que estamos en lo que los teólogos llaman el "ya, pero todavía no".



El Domingo de Gaudete por lo tanto, hace un alto, como el Domingo del Laetare (IV de Cuaresma), a medio camino a través de un tiempo que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor. De las "estaciones" que se mantienen en Roma para representar los cuatro domingos de Adviento, la correspondiente a la basílica Vaticana se le asigna al Gaudete, ya que es el más importante de los cuatro domingos.

Por ese motivo, en este domingo los signos penitenciales que, moderadamente, se dan en Adviento, hoy se eliminan. Se deben poner más flores, sonar la música y, como más característico, se pueden usar vestiduras de color rosado. Lógicamente, si el templo o parroquia no dispone de ese color, se usa el propio del tiempo, o sea, el 
morado.

























14 de diciembre de 2014

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO -Ciclo B

Hoy, la Iglesia nos invita a la alegría y a la acción de gracias. La salvación y la sanación de los corazones están ya más cerca. Las profecías se cumplen. La voz resuena con más fuerza. El pueblo de Dios, reunido en la iglesia del Pilar quiere celebrar con júbilo esta eucaristía, quiere revestirse con la justicia y el amor que Dios nos trae y quiere alimentar su vida cristiana.




Tercer Domingo: Domingo “Gaudete”. Aparece de nuevo la figura del Bautista, el testigo de Luz (cf. Jn 1,7- 8). Los evangelios de este domingo recogen el testimonio de Juan atento a los signos de la llegada de los tiempos mesiánico descritos por los profetas. El motivo de la alegría (“gaudete”: “estad siempre alegres” – cf. antífona de entrada-) es la proximidad del nacimiento del Señor. La asamblea pide “llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante” (oración colecta). Juan el Bautista es presentado como el guía que conduce a la humanidad a Cristo, el profeta que precede al que es el Ungido por el Espíritu de la manera más plena (primera lectura Ciclo B: Is 61,1-2.10-11).