Desde la Delegación diocesana de Enseñanza de Ciudad Real, los profesores
de Religión Católica queremos comprometernos con los más desfavorecidos, más si
cabe en estos momentos de pandemia que tanta gente lo está pasando tan mal.
Por eso me atrevo a animaros a colaborar económicamente para
compartir lo que somos y tenemos con los que más lo necesitan.
En principio, la campaña va a durar hasta que pasen las
vacaciones de Navidad, el 11 de enero
No olvidéis que, en esta situación de pandemia y necesidad
de muchas familias, se hace más necesaria nuestra solidaridad y compromiso con
los más débiles y empobrecidos.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel. Palabra del Señor
Evangelio Comentado por: José Antonio Pagola - Lc (1,26-38)
ACOGER A JESÚS CON GOZO
El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios está cerca, dispuesto a transformar nuestra vida.
Con un arte difícil de igualar recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su Hijo Jesús. Todos podemos unirnos a ella para acoger al Salvador. ¿Cómo prepararnos para recibir con gozo a Dios encarnado en la humanidad entrañable de Jesús?
«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes, que lo quieren todo enseguida. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente se nos ha olvidado esperar a Dios, y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.
Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. Sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir nuevos caminos hacia la alegría.
«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando vivimos llenos de miedos, que nos amenazan desde dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzada? ¿Cómo olvidar nuestra impotencia y cobardía para enfrentarnos al mal?
Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si vivimos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.
«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del Misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,1-8):
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Palabra del Señor
Evangelio Comentado por: José Antonio Pagola Mc (1,1-8)
RENDIJAS
Son bastantes las personas que ya no aciertan a creer en Dios. No es que lo rechacen. Es que no saben qué camino seguir para encontrarse con él. Y, sin embargo, Dios no está lejos. Oculto en el interior mismo de la vida, Dios sigue nuestros pasos, muchas veces errados o desesperanzados, con amor respetuoso y discreto. ¿Cómo percibir su presencia?
Marcos nos recuerda el grito del profeta en medio del desierto: «Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos». ¿Dónde y cómo abrir caminos a Dios en nuestras vidas? No hemos de pensar en vías espléndidas y despejadas por donde llegue un Dios espectacular. El teólogo catalán J. M. Rovira nos ha recordado que Dios se acerca a nosotros buscando la rendija que el hombre mantiene abierta a lo verdadero, a lo bueno, a lo bello, a lo humano. Son esos resquicios de la vida a los que hemos de atender para abrir caminos a Dios.
Para algunos, la vida se ha convertido en un laberinto. Ocupados en mil cosas, se mueven y agitan sin cesar, pero no saben de dónde vienen ni a dónde van. Se abre en ellos una rendija hacia Dios cuando se detienen para encontrarse con lo mejor de sí mismos.
Hay quienes viven una vida «descafeinada», plana e intrascendente en la que lo único importante es estar entretenido. Solo podrán vislumbrar a Dios si empiezan a atender el misterio que late en el fondo de la vida.
Otros viven sumergidos en «la espuma de las apariencias». Solo se preocupan de su imagen, de lo aparente y externo. Se encontrarán más cerca de Dios si buscan sencillamente la verdad.
Quienes viven fragmentados en mil trozos por el ruido, la retórica, las ambiciones o la prisa darán pasos hacia Dios si se esfuerzan por encontrar un hilo conductor que humanice sus vidas.
Muchos se irán encontrando con Dios si saben pasar de una actitud defensiva ante él a una postura de acogida; del tono arrogante a la oración humilde; del miedo al amor; de la auto condena a la acogida de su perdón. Y todos haremos más sitio a Dios en nuestra vida si lo buscamos con corazón sencillo.
Este poema ha recorrido las redes sociales estos días por la anécdota que le supuso a su autor, Javier Leoz, párroco de San Lorenzo, en Pamplona-Iruña. Recibió ni más ni menos que la llamada telefónica de Francisco, el papa, para agradecerle la inspiración y la acertada premonición sobre la navidad de este año, más purificada, más de verdad.
Y es que en la primera navidad hubo bastante de lo que ahora se vive: hubo fragilidad, hubo vulnerabilidad, hubo incertidumbres… Entramos en el Adviento, la época de la esperanza en medio de las dudas, la época del caminar con la sola luz de la confianza. Estas navidades las tenemos que preparar más desde dentro. En plena segunda ola de pandemia, con menos optimismo que en la primera, invadidos por el ¡Cuánto durará esto!, y con la mirada puesta en la vacuna, no terminamos de creernos que el mundo ya estaba enfermo de antes, y que ya Dios envió su vacuna cuando se puso a caminar entre nosotros y señalaba el amor fraterno como la única salvación.
¿QUÉ NO HABRÁ NAVIDAD?
¡Claro que sí!
Más silenciosa y con más profundidad
Más parecida a la primera en la que Jesús nació en soledad.
Sin muchas luces en la tierra
pero con la de la estrella de Belén
destellando rutas de vida en su inmensidad
Sin cortejos reales colosales
pero con la humildad de sentirnos
pastores y zagales buscando la Verdad.
Sin grandes mesas y con amargas ausencias
pero con la presencia de un Dios que todo lo llenará
¿QUÉ NO HABRÁ NAVIDAD?
¡Claro que sí!
Sin las calles a rebosar
pero con el corazón enardecido
por el que está por llegar
Sin ruidos ni verbenas,
reclamos ni estampidas…
pero viviendo el Misterio sin miedo
al «covid-herodes» que pretende
quitarnos hasta el sueño de esperar.
Habrá Navidad porque DIOS está de nuestro lado
y comparte, como Cristo lo hizo en un pesebre,
nuestra pobreza, prueba, llanto, angustia y orfandad.
Habrá Navidad porque necesitamos
una luz divina en medio de tanta oscuridad.
Covid19 nunca podrá llegar al corazón ni al alma
de los que en el cielo ponen su esperanza y su alto ideal
!HABRÁ NAVIDAD!
¡CANTAREMOS VILLANCICOS!
¡DIOS NACERÁ Y NOS TRAERÁ LIBERTAD!
El primer domingo es llamada a estar atentos, vigilantes, a ser centinelas del Reino que ya está aunque le falte.
Podríamos preguntarnos a qué he estado atento en este tiempo de pandemia. Quizá he atendido mejor a la familia, quizá he puesto mi corazón más cerca de los que lloraban por sus duelos o sus pérdidas económicas, o he sentido emoción y orgullo por los que se jugaban el tipo. Sí, quizá he aprendido a estar más atento, a que mi mirada se fije en nuevos brotes. Quizá ahora sepa más que los virus no entienden de fronteras, y por eso nuestra solidaridad tampoco debería de tenerlas (lo digo para cuando llegue la vacuna y sólo pensemos en si mi país o mi gremio la tendrá. Quizá ahora esté más vigilante para valorar la vida, los paseos, lo que no se compra con dinero… quizá he desarrollado una atención a mi interior, y me he hecho más pobre, más frágil, más necesitado, más consciente de mis límites, de los de la humanidad… Quizá ahora mis ojos se van acostumbrando a ver en la oscuridad. Quizá mi vida se hace más parecida a la de tantos, pues para tantísimas personas siempre el mañana ha sido incierto, y sólo los ricos nos acostábamos tranquilos sabiéndonos seguros en nuestra opulencia. Quizá me broten más preguntas, queriendo encontrar vacunas no sólo para el cuerpo.
Francisco nos ha regalado una encíclica que habla de la vacuna verdadera, la fraternidad. Esa es la que hará que el Covid que descubrió nuestra miseria, retroceda ante la fuerza de una humanidad hermanada. Podremos estar también atentos a las oportunidades que la crisis nos está trayendo: para unirnos, para socorrernos, para no endiosarnos, para dialogar, para pacificar, para buscar juntos lo esencial. Hoy que las tinieblas son más espesas, nuestra luz encendida de centinela será alivio para caminantes.