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4 de marzo de 2018

TERCER DOMINGO DE CUARESMA 2018




Este tercer domingo de Cuaresma nos invita de forma expresa a sentir pasión por las «cosas de Dios»: liturgia, sacramentos, pero sobre todo por la presencia de Dios entre nosotros.

Además, hoy tiene lugar el Día de Hispanoamérica, con el lema: «Iglesias jóvenes, alegría y esperanza».

• 1.ª LECTURA (Éx 20, 1 – 17).
Dios libró a Israel de su esclavitud en Egipto e hizo una Alianza con el pueblo en el Sinaí. Esta lectura recoge las condiciones de la Alianza: los diez mandamientos.

• 2.ª LECTURA (1Cor 1, 22 – 25).
 Los cristianos reconocemos en Cristo crucificado a Dios, y sabemos que en Él se manifiesta su fuerza y sabiduría.

• EVANGELIO (Jn 2, 13 – 25).
La expulsión de los mercaderes del templo es muestra de la pasión que Jesús tenía por las «cosas» de su Padre. Jesús siempre es cercano, humilde, sencillo; pero también fuerte y claro cuando desvirtuamos por interés las intenciones divinas.












EL CULTO AL DINERO

Hay algo alarmante en nuestra sociedad que nunca denunciaremos bastante. Vivimos en una civilización que tiene como eje de pensamiento y criterio de actuación la secreta convicción de que lo importante y decisivo no es lo que uno es, sino lo que uno tiene. Se ha dicho que el dinero es «el símbolo e ídolo de nuestra civilización» (Miguel Delibes). Y de hecho son mayoría los que le rinden su ser y le sacrifican toda su vida.
John K. Galbraith, el gran teórico del capitalismo moderno, describe así el poder del dinero en su obra La sociedad opulenta: el dinero «trae consigo tres ventajas fundamentales: primero, el goce del poder que presta al hombre; segundo, la posesión real de todas las cosas que pueden comprarse con dinero; tercero, el prestigio o respeto de que goza el rico gracias a su riqueza».
Cuántas personas, sin atreverse a confesarlo, saben que en su vida, en un grado u otro, lo decisivo, lo importante y definitivo, es ganar dinero, adquirir un bienestar material, lograr un prestigio económico.
Aquí está sin duda una de las quiebras más graves de nuestra civilización. El hombre occidental se ha hecho en buena parte materialista y, a pesar de sus grandes proclamas sobre la libertad, la justicia o la solidaridad, apenas cree en otra cosa que no sea el dinero.
Y, sin embargo, hay poca gente feliz. Con dinero se puede montar un piso agradable, pero no crear un hogar cálido. Con dinero se puede comprar una cama cómoda, pero no un sueño tranquilo. Con dinero se pueden adquirir nuevas relaciones, pero no despertar una verdadera amistad. Con dinero se puede comprar placer, pero no felicidad. Pero los creyentes hemos de recordar algo más. El dinero abre todas las puertas, pero nunca abre la puerta de nuestro corazón a Dios.
No estamos acostumbrados los cristianos a la imagen violenta de un Mesías fustigando a las gentes. Y, sin embargo, esa es la reacción de Jesús al encontrarse con hombres que, incluso en el templo, no saben buscar otra cosa que no sea su propio negocio.
El templo deja de ser lugar de encuentro con el Padre cuando nuestra vida es un mercado donde solo se rinde culto al dinero. Y no puede haber una relación filial con Dios Padre cuando nuestras relaciones con los demás están mediatizadas solo por intereses de dinero. Imposible entender algo del amor, la ternura y la acogida de Dios cuando uno solo vive buscando bienestar. No se puede servir a Dios y al Dinero.
Evangelio Comentado por:
José Antonio Pagola
Jn 2, 13-25



















Se avecinan tiempos difíciles. La práctica de la religión le va dando otro sentido. Jesús, que purificó el templo de Jerusalén, nos pide a nosotros que hagamos lo mismo. Que expulsemos de nuestra vida todo lo que nos impide la práctica constante de la religión. Que la misma tenga su valor y su importancia en nuestro mundo. Que vivamos una religión fundada en el verdadero templo: Jesucristo.



25 de febrero de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 2018


Hoy el evangelio nos habla de la transfiguración de Jesús ante sus discípulos. Jesús se nos muestra como el Hijo de Dios, el Mesías esperado. Jesucristo es la la luz que nos ilumina.

 • 1.ª LECTURA (Gn 22, 1 – 2.9a.10 – 13.15 – 18). Dios pone a prueba la fe de Abraham. Abraham piensa que Dios le pide el sacrificio de su hijo, y esta dispuesto hacerlo. Pero Dios no es un Dios de muerte, sino de vida y por eso hará a Abraham padre de un gran pueblo, el pueblo de los creyentes.

 • 2.ª LECTURA (Rom 8, 31b – 34). San Pablo nos invita a vivir con confianza en Dios, por que nadie puede condenarnos ya que ha enviado a su Hijo para salvarnos.

 • EVANGELIO (Mc 9, 2 – 10). En el pasaje de la transfiguración Dios nos revela que Jesús es su hijo amado y nos invita a escucharlo. Aparta a sus discípulos para el mensaje, como hoy nos habla a cada uno de nosotros. 












LIBERAR LA FUERZA DEL EVANGELIO

Este relato de la«transfiguración de Jesús»fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.
Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.
La escena culmina de forma extraña: «Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado; escuchadlo». El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.
Este mensaje de Jesús encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.
Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.
Sin embargo, también hoy lo único decisivo que puede ofrecer la Iglesia a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús y su proyecto humanizador del reino de Dios. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Palabra.
Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.
Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.
Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida. Dentro de pocos años nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo.














Contemplar la transfiguración o vivirla no es suficiente. Hay que bajarse de la montaña y seguir caminando junto al Maestro. Cada uno de nosotros puede contar con riqueza de detalles los recuerdos del paso de Jesús por nuestras vidas. Transfigurados con él, también debemos ser signos de resurrección para muchas realidades en nuestro mundo que yacen en la inercia y la mediocridad.



18 de febrero de 2018

CUARESMA 2018

Cuaresma,

tiempo de conversión.





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