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10 de marzo de 2019

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2019 - CICLO C


En este primer domingo de Cuaresma, en este tiempo de preparación hacia la pascua del Señor, la liturgia nos presenta un pasaje cargado de emotividad, significado y actualidad, como es la tentación del Señor Jesús en el desierto, donde es llevado por el Espíritu Santo (Lc 4,1), donde permaneció cuarenta días, sin comer nada. Y al final del mismo aparece el diablo a tentarlo, buscando desviarlo de su misión. Es muy importante ver cómo y de qué manera se manifiesta el diablo, para tener en cuenta su astucia, para conocer sus argumentos, para ver cómo manipula la palabra, utilizando así algo sagrado como es ella, para tergiversar su sentido, buscando así engañarnos y seducirnos.
Resulta sorprendente como el tentador, busca desviar al Señor, a partir de necesidades vitales, como ser saciar el hambre material que tenía, pues después de cuarenta días sin comer nada, tuvo hambre, y ahí que él le propone al Señor darse a conocer, convirtiendo las piedras en pan. Una propuesta fácil e inmediata para remediar la situación que estaba viviendo. En la segunda tentación, le ofrece al Señor Jesús, la seguridad de las riquezas, la gloria del poder, el honor del dominio y la autoridad, otra cosa que hace parte de anhelos y deseos inherentes a nuestra vida, como son el bienestar y el reconocimiento. Finalmente, el propio diablo, quiere ayudarle a Jesús, a darse a conocer, desafiándole a que se tirara de la parte más alta del templo (Lc 4,9), para que todos los vieran y así lo reconocieran como el Mesías, para esto utilizó una cita del Sal 91,11, para justificar el pedido. Es elocuente y sorprendente la manera de actuar el espíritu del mal, que siempre apeló a algo bueno para desviar al Señor de su misión, que en el fondo era que el Señor lo tuviera a él como su referente y su proyecto, y no lo que el Padre le pedía. Es significativo, ver la manera de actuar que tuvo y los recursos que utilizó para seducir al Señor.
 Pero si la actitud del tentador es significativa, la respuesta del Señor es mucho más, pues siempre y en todas las oportunidades, recurrió a las Escrituras (Lc 4,4.8.12), para rebatir y rechazar las seducciones del mal, destacando el Señorío del Padre en su vida, haciendo ver que el único y verdadero referente para nuestra vida debe ser el Padre y es a Él, a quién debemos adorar y servir, viviendo de acuerdo a su voluntad. Un texto como éste al comienzo de la cuaresma, nos ayuda a mirar nuestra vida y así sincerarnos a nosotros mismos, respecto de la situación de nuestra vida, para darnos cuenta, dónde estamos parados, lo que estamos haciendo, para tomar conciencia de la actitud que tenemos ante las diferentes y siempre seductoras propuestas que uno recibe para sustituir al Señor en nuestra vida, y así arrodillarnos ante falsos dioses, que buscan alejarnos del proyecto de Dios, llevándonos a la ruina y a la perdición. Por lo tanto, aprovechemos este pasaje, para mirar nuestro corazón y así pedirle al Señor su gracia para que sólo Él y únicamente Él, sea nuestro Dios y Señor, por quién y para quién vivimos.






En este primer Domingo de Cuaresma la liturgia nos anima a adentrarnos en el desierto, junto a Jesús. El desierto es un lugar de prueba, el lugar de la tentación, pero también el lugar privilegiado de encuentro con Dios. El desierto es la vida misma, llena de posibilidades y opciones, complejidades, oscuridades y tentaciones. Miremos a Jesús y aprendamos de él. Pongámonos en camino.