30 de noviembre de 2025

I DOMINGO DE ADVIENTO 2025 - CICLO A



Queridos niños y niñas, hoy comenzamos un tiempo muy especial: el Adviento. Es como cuando abrimos una ventana por la mañana para que entre la luz nueva y el aire fresquito que lo renueva todo.

Hoy abrimos la primera parte de la ventana, y descubrimos a un personaje de la Biblia: Noé, que nos dice algo muy importante:

“¡Despierta! Si ves que va a llover, prepárate.”

Eso significa: estate atento, no vivas adormilado, Dios viene y quiere encontrarte despierto y con el corazón limpio.

Por eso, al empezar esta Eucaristía, vamos a pedirle a Jesús que nos ayude a: limpiar los cristales de nuestro corazón, quitar de nuestra alma las telarañas de pereza o enfados, y dejarnos llenar por la luz y el aire nuevo del Adviento. Con alegría, encendemos la primera vela y decimos: “Señor Jesús, queremos estar despiertos para cuando Tú llegues.”

ORACIÓN PARA ENCENDER EL PRIMER CIRIO DE ADVIENTO

Señor Jesús,

hoy abrimos la primera parte de la Ventana del Adviento.

Queremos que entre tu luz nueva

y el aire fresco que limpia y renueva todo.

Como Noé, queremos despertar,

estar atentos y preparados para tu llegada.

Ayúdanos a limpiar los cristales de nuestro corazón,

a quitar las telarañas del egoísmo y la pereza,

y a descubrir cada día tus señales de amor.

Encendemos esta vela

para decirte que te esperamos despiertos,

con los ojos abiertos y el corazón encendido.

Ven, Señor Jesús, y llénanos de tu luz. Amén. 

PETICIONES DE PERDÓN

Jesús quiere entrar en nuestro corazón, pero a veces no le abrimos. Por eso, le pedimos perdón:

• Señor: te pedimos perdón por las veces que nos encerramos en nosotros mismos. Señor, ten piedad.

• Señor: te pedimos perdón por las veces que no te abrimos las ventanas y puertas de nuestro corazón.

Cristo, ten piedad.

• Señor: te pedimos perdón por las veces que no estamos atentos cuando Tú quieres entrar en nuestro corazón. Señor, ten piedad.

Como hemos dicho, hoy comenzamos un tiempo muy especial: el Adviento. Es como cuando abrimos una ventana por la mañana para que entre la luz nueva y el aire fresquito que lo renueva todo.

Por eso, durante el Adviento vamos a tener delante este dibujo de una ventana, que iremos abriendo un poco más cada domingo.

Si en nuestra casa no abrimos las ventanas y estamos con las persianas bajadas, ¿qué ocurre? El aire está viciado, no huele bien, la casa está oscura, se hacen humedades, no vemos bien para limpiar… Nosotros no lo notamos, pero si llega alguien de fuera, de visita, sí que lo nota.

Eso mismo ocurre con nuestra alma: a veces la tenemos así, cerrada y con la persiana bajada. Esto ocurre cuando no rezamos, cuando no participamos en la Eucaristía, cuando nuestro comportamiento no es conforme a lo que Jesús nos enseña… Y cuando esto ocurre, nos vamos “viciando”, lo que hacemos y pensamos “no huele bien”, el pecado va dejando telarañas y suciedad en nuestra alma… Y nosotros no nos damos mucha cuenta, pero los que nos rodean sí que lo notan.

Dentro de cuatro semanas celebraremos la Navidad. Vamos a celebrar que Alguien “viene a visitarnos”.

¿Quién es? Jesús, que de nuevo quiere nacer entre nosotros, en nuestro corazón.

Por eso, para recibirle bien, antes hemos de “ventilar” nuestra alma. Y para eso está el tiempo del

Adviento. Vamos a abrir la ventana de nuestra vida para ventilar bien nuestra alma. ¿Cómo?

Vamos a “limpiar los cristales”, es decir, nuestra mirada. Cuando una ventana tiene los cristales sucios, no

se ve bien a través de ella; del mismo modo, si nuestra mirada no está “limpia”, tampoco podremos ver

bien a los demás y, sobre todo, no podremos distinguir bien a Jesús cuando venga.

A medida que vamos limpiando los cristales de una ventana, también va entrando mejor la luz y podemos ver mejor la suciedad, las telarañas… Cuando vamos abriendo la ventana de nuestra vida y limpiando nuestra mirada, también podemos ver mejor la “suciedad y telarañas”, es decir, el pecado, para poderlo limpiar con el Sacramento de la Reconciliación.

Y al abrir una ventana, en nuestra casa entra el aire fresquito y limpio, que renueva el aire cargado y se lleva los malos olores. Cuando abrimos la ventana de nuestra vida, también entra el “aire limpio” del Espíritu Santo, que renueva y oxigena nuestra alma.

Y así estaremos bien preparados para recibir la visita de Jesús.

JUZGAR:

La Palabra de Dios, cada domingo de Adviento, nos va a ayudar a que abramos la ventana de nuestra vida y vayamos limpiando todo lo que nos impide ver bien a Jesús, que viene a nosotros.

Para que nos decidamos a abrir la ventana de nuestra vida, en la 1ª lectura de hoy, el profeta Isaías nos ha dicho “lo que nos estamos perdiendo” por vivir de forma “cerrada”, individualista, por tener nuestra mirada empañada, borrosa por la rutina, las preocupaciones, el pecado...

Nos estamos perdiendo esa “visión” del futuro de paz que Dios quiere para nosotros: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra…”

Y también nos decía: “Venid; caminemos a la luz del Señor”. Nos invita a dejar entrar la Luz que viene de Jesús, el Hijo de Dios que se hace hombre como nosotros.

En la 2ª lectura, san Pablo nos animaba a abrir enseguida la ventana de nuestra vida, a no dejarlo para más adelante: “Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros…” Nos advierte que vivimos como “adormilados”, despistados con todo lo que rodea la Navidad (adornos, regalos, comidas…) y no nos damos cuenta de que “el día está cerca”, que viene Jesús y ya tenemos que empezar a prepararnos.

Y en el Evangelio, Jesús nos ha repetido la misma idea: “Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.” Y nos ha puesto el ejemplo de Noé: ¿Conocemos este relato de la Biblia? (Se resume insistiendo en que es un relato, no un hecho histórico) Jesús lo ha dicho muy claro refiriéndose a Noé: “La gente comía y bebía, se casaban… y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio”. Ahora nos pasa lo mismo: estamos muy ocupados en las cosas de cada día, en los preparativos exteriores de la Navidad… pero no hemos abierto la ventana de nuestra vida, no hemos limpiado ni aireado nuestra alma y, sin darnos cuenta, llegará Jesús y no lo podremos recibir porque no estamos preparados.

ACTUAR:

¿Por qué nos ha puesto Jesús el ejemplo del relato de Noé?

Porque Noé supo leer los signos de los tiempos, entender lo que venía y prepararse. Por eso en el dibujo lo vemos simbólicamente con un paraguas: él estaba atento, sabía que venía el diluvio, y se preparó bien.

Si nosotros vemos que el día está muy nublado, que hay avisos de lluvia, y no cogemos el paraguas, es muy probable que nos mojemos. Y la culpa será nuestra, por no hacer caso a lo que vemos y a los avisos.

Del mismo modo: el Adviento nos avisa de que Jesús está cerca, que va a venir… Si no nos preparamos, si no cogemos nuestro “paraguas”, perderemos la ocasión de encontrarnos con Él.

Así que dejemos de estar “adormilados”, distraídos, y en este primer domingo de Adviento empecemos a abrir la ventana de nuestra vida y a preparar nuestro corazón para recibir la visita de Jesús.

¿Cómo empezamos a abrir esa ventana? En primer lugar, pienso en qué cosas me hacen estar distraído: pensar mucho en los regalos, en los adornos, en las comidas, en las fiestas…

En segundo lugar, pienso en qué puede ayudarme a limpiar mi mirada: Nos proponemos rezar al comenzar el día o al terminarlo, o leer el Evangelio, no faltar ningún domingo a la Eucaristía…

Así es como “cogemos el paraguas” y empezamos a prepararnos, así es como empieza a entrar en nuestra vida la Luz de Jesús y el aire nuevo del Espíritu, para renovarnos y que Jesús pueda nacer una vez más entre nosotros.

 PETICIONES

1. Por todos los que somos y formamos la Iglesia, para que en este Adviento abramos la ventana de nuestra vida a la luz de Jesús y seamos en el mundo un signo de paz y esperanza. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.

2. Por todas las familias, para que aprendamos a vivir atentos, como Noé, preparados para hacer el bien y para reconocer a Jesús en cada persona. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.

3. Por los que están tristes, enfermos o solos, para que sientan que Dios entra en su vida como luz suave que anima y consuela. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.

4. Por nuestro colegio / parroquia, para que este Adviento sea un tiempo de limpiar el corazón: quitar enfados, egoísmos y pereza, y dejar entrar el aire nuevo del Espíritu. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.

5. Por nosotros, los niños que hoy abrimos la primera parte de la ventana del Adviento, para que vivamos alegres y con el corazón preparado para Jesús. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.









COMIENZA EL AÑO LITÚRGICO


Con el primer Domingo de Adviento comienza un nuevo Año Litúrgico para la Iglesia Católica. Ese día se inicia el llamado ‘Ciclo A’, ‘de año par’. ¿Qué significa esto? Aquí te lo explicamos.

¿Cuándo empieza y termina el año litúrgico?

A diferencia del año civil que empieza cada 1 de enero, la Iglesia comienza su año litúrgico unas semanas antes, el Primer Domingo de Adviento. El Adviento es el tiempo de preparación para la Navidad. El Año Litúrgico se divide en 6 tiempos o estaciones: Adviento, Navidad, Cuaresma, Sagrado Triduo Pascual, Pascua y Tiempo Ordinario.

Este año el Primer Domingo de Adviento es el 30 de noviembre, primer día del año litúrgico 2025-2026. El último día será el 28 de noviembre de 2026, sábado posterior a la Solemnidad de Cristo Rey del Universo del próximo año.

Ciclos A, B y C (esquema trienal)

El Calendario Litúrgico -la forma litúrgica como se ordena el año- está organizado por ‘ciclos trienales’ (ciclos de tres años). Cada trienio se compone de un año de ciclo A, un año de ciclo B y un año de ciclo C. Después de completar los tres años, se vuelve a empezar (vuelta al ciclo A, y así sucesivamente).

¿Qué caracteriza a cada uno de los ciclos (A, B,C) que componen un trienio? Fundamentalmente lo que cambia es la liturgia de la Palabra, en concreto, las lecturas bíblicas de la misa dominical son diferentes en cada ciclo. El trienio A-B-C determina principalmente qué Evangelio es el que se debe leer cada domingo.

Por ejemplo, durante el ciclo A, el Evangelio dominical se toma de Mateo; en el B, de Marcos, y en el C, de Lucas; el Evangelio de Juan se lee principalmente durante la cincuentena de Pascua (Tiempo Pascual).

¿De dónde proviene este ordenamiento? El Papa San Pablo VI, en su Constitución Apostólica Missale Romanum [Misal Romano], indica que “todas las lecturas dominicales se dividen en un ciclo de tres años”. El Ordo Lectionum Missae (1969) [Orden de las lecturas de la Misa] describe que a cada año litúrgico se le denominará “con las letras A, B, C”. En la edición de 1981 del Ordo (edición vigente) se precisa que todos los años que “son múltiplos de 3” serán de ciclo C. Así, el 2025 ha sido ciclo C, y el 2026 será ciclo A.

En consecuencia, este 30 de noviembre empezaremos nuevamente con el Ciclo A. ¿Qué podemos esperar? Por ejemplo, este Adviento 2025 la primera lectura se toma de los Profetas (isaías), la segunda lectura de una carta apostólica y el Evangelio de Mateo. En el Tiempo Pascual, la primera lectura se tomará de los Hechos de los Apóstoles; la segunda lectura de la Primera Carta de San Pedro (en otros ciclos, como es el caso del ciclo B, la segunda lectura se toma de la Primera carta de San Juan; y en el ciclo C, del Apocalipsis). La intención de la Iglesia es que a lo largo del trienio A-B-C los fieles podamos escuchar los cuatro evangelios completos.

Hay algunos datos más que se pueden tomar en cuenta sobre los ciclos trienales: la Primera Lectura de los domingos siempre se toma de alguno de los libros del Antiguo Testamento, mientras que la Segunda Lectura, del Nuevo. La Primera carta a los Corintios se lee en cualquiera de los tres ciclos; mientras que la Carta a los Hebreos, que también se lee completa, ha sido dividida en dos ciclos, al igual que otros textos. A esto se le denomina ‘esquema bienal’.

Año par e impar (esquema bienal)

Además del ciclo trienal, la Iglesia Católica emplea la distinción entre ‘año par’ y ‘año impar’ (ordenamiento en ‘bienios’ o ciclos de dos años) para organizar las lecturas bíblicas de las ‘ferias’ (los días de lunes a sábado) durante el Tiempo Ordinario. En el Ordo de 1969 se especifica que el “Año I” es para los “años impares” y “Año II” para los “años pares”. Por lo tanto, el Calendario Litúrgico para 2025-2026 será ‘año par’.

En la alternancia de los años pares e impares para los días feriales, se usan el Leccionario I (para el año impar), y el Leccionario II (año par). Así, en este ciclo 2025-2026 se usará el Leccionario II.

El orden bienal responde a la intención posconciliar de expandir el rango de textos bíblicos que los fieles pueden escuchar en las misas diarias.

¿Qué se busca con estos ordenamientos en la Liturgia de la Palabra?

Toda esta distribución de las lecturas, por ciclos A, B y C y por años pares o impares, tiene como fuente inspiradora a la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, en la que la Iglesia expresa su vocación a poner más al alcance de los fieles “los tesoros de la Biblia” a través de la celebración eucarística, “... de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura” (Sacrosanctum Concilium, 51).

Así, al cabo de un periodo de tres años, los fieles habrán escuchado gran parte de la Sagrada Escritura y profundizado más en su conocimiento.




 

SAN ANDRÉS-APÓSTOL


Nació en Betsaida y tuvo el honor y el privilegio de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús, Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde.
Esa llamada cambió su vida para siempre. San Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a donde Jesús quien encontró en el gran San Pedro a un entrañable amigo y al fundador de su Iglesia. El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue San Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. El santo presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones, viviendo junto a él por tres años.
En el día de Pentecostés, San Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.
La tradición coloca su martirio el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón.
 


¡ FELICIDADES A TODAS LAS PERSONAS QUE HOY CELEBRAN SU ONOMÁSTICA!