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7 de abril de 2016

SAN JUAN DE LA SALLE


“La gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios”, decía San Juan Bautista de la Salle, fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos Lasallistas / lasallanos) y patrón de los educadores. Su fiesta es cada 7 de abril.
San Juan Bautista de la Salle nació en Reims (Francia) en 1651 en una familia acomodada. Desde pequeño deseó ser sacerdote. Se graduó como Maestro en Artes e ingresó al Seminario de San Sulpicio en París. A los 19 años murieron sus padres y tomó la responsabilidad de educar a sus hermanos menores.

Fue ordenado sacerdote a los 27 años. Con el tiempo parecía que ocuparía altos cargos eclesiales, pero veía que Dios lo llamaba a los más pobres. Es así que se empieza a reunir con un grupo de maestros, brindándoles formación humana, pedagógica y cristiana.

El 24 de junio de 1681, Juan Bautista de La Salle y sus maestros inician vida en comunidad en una casa alquilada, hecho que marcaría el nacimiento de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Dentro de sus reformas en la educación, el Santo introdujo la enseñanza de niños en grupo, ya que hasta ese momento se instruía a cada niño por separado, inició una escuela gratuita en París para muchachos pobres y fundó universidades en Reims y Saint-Denis para maestros.
Por ese entonces cayó una hambruna terrible en Francia y el Santo repartió todos sus bienes para ayudar a los necesitados.


En 1686, ocho de sus seguidores emitieron sus primeros votos en la compañía que San Juan Bautista fundó y el 15 de agosto consagró su comunidad a la Virgen María.

Solía viajar a pie solicitando alojamiento y alimento. Su sotana y su manto eran tan pobres y descoloridos, decían, que un necesitado no se los hubiera aceptado como limosna.

Pasaba muchas horas en oración y les insistía a los miembros de su comunidad que lo que más éxito consigue en la labor de un educador es orar, dar buen ejemplo y tratar a todos como Cristo lo recomendó en el evangelio: "haciendo a los demás todo el bien que deseamos que los demás nos hagan a nosotros".

El 7 de abril de 1719, Viernes Santo, partió a la Casa del Padre. Sus últimas palabras fueron: “Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”. Fue canonizado el 24 de mayo de 1900, día de la Virgen, y el 15 de mayo de 1950 fue nombrado Patrono de los educadores.




SAN VICENTE FERRER



“Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad”, decía San Vicente Ferrer, cuya fiesta se celebra cada 5 de abril, y que solía dar un regalo especial a las esposas que peleaban mucho con sus maridos.

San Vicente Ferrer nació en Valencia (España) en el 1350, fue miembro de la Orden de Predicadores. Se dedicó a la enseñanza de teología y filosofía.

Combatió con empeño la división de la Iglesia en el cisma de occidente. Recorrió muchas comarcas predicando, obteniendo muchas conversiones y reforma en las costumbres de los pueblos.

Partió a la Casa del Padre el 5 de abril de 1419 en Vannes (Francia), donde se venera su cuerpo. Fue canonizado por Calixto III en 1455. Hay gran devoción hacia él en Europa y América.

San Vicente Ferrer solía regalar a las señoras, que peleaban mucho con su marido, un frasquito con agua bendita y les aconsejaba: "Cuando su esposo empiece a insultarle, échese un poco de esta agua a la boca y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla".

Esta famosa "agua de Fray Vicente" ayudaba mucho a las familias porque la mujer, al no poder contestarle al marido, entonces no había peleas.

Ojalá que en muchos hogares se viva esta bella costumbre de callar mientras el otro ofende porque lo que produce la pelea no es la palabra ofensiva que se oye, sino la palabra ofensiva que se responde.







SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN

4 de marzo


Cada 25 de marzo la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación, sin embargo, al coincidir este año con el Viernes Santo, esta pasó a celebrarse hoy 4 de abril.

Un día como hoy la historia de la humanidad cambió cuando María dio su “Sí” valiente a Dios, concibiendo desde aquel momento a Jesús y convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.

“‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible’. María contestó: ‘Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y la dejó el ángel”
 (Lc. 1, 35 - 38).

La Solemnidad de la Anunciación se celebra nueve meses antes de la Navidad. Si se analiza la historia, María “no la tuvo fácil”. Ella estaba comprometida con José y ciertamente esta decisión de concebir al Hijo de Dios trajo inestabilidad.

Tanto así que el justo José decidió repudiarla en secreto para que los dos no tuvieran muchos problemas. María, además, era joven y pobre, pero confiaba en la Providencia de Dios.

Por lo tanto el Señor interviene y el ángel en sueños le habla a José, quien acepta el plan de Dios, obteniendo así el privilegio de ser padre de Jesús en la tierra y de formar la Sagrada Familia con María.

En el Evangelio de hoy (Lc. 1, 26-38) se aprecia el diálogo del mensajero de Dios con la Virgen. No fue una imposición sino una propuesta a la que María pudo haber dicho no. Pero la “bendita entre las mujeres” aceptó y se produjo el milagro de Encarnación del Hijo de Dios.

Desde aquel momento María tuvo en su vientre a Jesús, no a los tres meses o cuando el embrión tenía forma humana, sino desde el momento de la concepción. He aquí una razón más por la que la Iglesia defiende al bebé desde el primer instante de su vida.

https://www.aciprensa.com/noticias/6-cosas-que-debe-saber-acerca-de-la-solemnidad-de-la-anunciacion-83677/