Queridos niños y niñas, hoy comenzamos un tiempo muy
especial: el Adviento. Es como cuando abrimos una ventana por la mañana para
que entre la luz nueva y el aire fresquito que lo renueva todo.
Hoy abrimos la primera parte de la ventana, y descubrimos
a un personaje de la Biblia: Noé, que nos dice algo muy importante:
“¡Despierta! Si ves que va a llover, prepárate.”
Eso significa: estate atento, no vivas adormilado, Dios
viene y quiere encontrarte despierto y con el corazón limpio.
Por eso, al empezar esta Eucaristía, vamos a pedirle a
Jesús que nos ayude a: limpiar los cristales de nuestro corazón, quitar de
nuestra alma las telarañas de pereza o enfados, y dejarnos llenar por la luz y
el aire nuevo del Adviento. Con alegría, encendemos la primera vela y decimos:
“Señor Jesús, queremos estar despiertos para cuando Tú llegues.”
ORACIÓN PARA ENCENDER EL PRIMER CIRIO DE ADVIENTO
Señor Jesús,
hoy abrimos la primera parte de la Ventana del Adviento.
Queremos que entre tu luz nueva
y el aire fresco que limpia y renueva todo.
Como Noé, queremos despertar,
estar atentos y preparados para tu llegada.
Ayúdanos a limpiar los cristales de nuestro corazón,
a quitar las telarañas del egoísmo y la pereza,
y a descubrir cada día tus señales de amor.
Encendemos esta vela
para decirte que te esperamos despiertos,
con los ojos abiertos y el corazón encendido.
Ven, Señor Jesús, y llénanos de tu luz. Amén.
PETICIONES
DE PERDÓN
Jesús quiere entrar en nuestro corazón, pero a veces no le abrimos. Por eso, le pedimos perdón:
• Señor: te pedimos perdón por las veces que nos encerramos
en nosotros mismos. Señor, ten piedad.
• Señor: te pedimos perdón por las veces que no te
abrimos las ventanas y puertas de nuestro corazón.
Cristo, ten piedad.
• Señor: te pedimos perdón por las veces que no estamos
atentos cuando Tú quieres entrar en nuestro corazón. Señor, ten piedad.
Como hemos dicho, hoy comenzamos un tiempo muy especial:
el Adviento. Es como cuando abrimos una ventana por la mañana para que entre la
luz nueva y el aire fresquito que lo renueva todo.
Por eso, durante el Adviento vamos a tener delante este
dibujo de una ventana, que iremos abriendo un poco más cada domingo.
Si en nuestra casa no abrimos las ventanas y estamos con
las persianas bajadas, ¿qué ocurre? El aire está viciado, no huele bien, la
casa está oscura, se hacen humedades, no vemos bien para limpiar… Nosotros no
lo notamos, pero si llega alguien de fuera, de visita, sí que lo nota.
Eso mismo ocurre con nuestra alma: a veces la tenemos
así, cerrada y con la persiana bajada. Esto ocurre cuando no rezamos, cuando no
participamos en la Eucaristía, cuando nuestro comportamiento no es conforme a
lo que Jesús nos enseña… Y cuando esto ocurre, nos vamos “viciando”, lo que
hacemos y pensamos “no huele bien”, el pecado va dejando telarañas y suciedad
en nuestra alma… Y nosotros no nos damos mucha cuenta, pero los que nos rodean
sí que lo notan.
Dentro de cuatro semanas celebraremos la Navidad. Vamos a
celebrar que Alguien “viene a visitarnos”.
¿Quién es? Jesús, que de nuevo quiere nacer entre
nosotros, en nuestro corazón.
Por eso, para recibirle bien, antes hemos de “ventilar”
nuestra alma. Y para eso está el tiempo del
Adviento. Vamos a abrir la ventana de nuestra vida para
ventilar bien nuestra alma. ¿Cómo?
Vamos a “limpiar los cristales”, es decir, nuestra
mirada. Cuando una ventana tiene los cristales sucios, no
se ve bien a través de ella; del mismo modo, si nuestra
mirada no está “limpia”, tampoco podremos ver
bien a los demás y, sobre todo, no podremos distinguir
bien a Jesús cuando venga.
A medida que vamos limpiando los cristales de una
ventana, también va entrando mejor la luz y podemos ver mejor la suciedad, las
telarañas… Cuando vamos abriendo la ventana de nuestra vida y limpiando nuestra
mirada, también podemos ver mejor la “suciedad y telarañas”, es decir, el
pecado, para poderlo limpiar con el Sacramento de la Reconciliación.
Y al abrir una ventana, en nuestra casa entra el aire
fresquito y limpio, que renueva el aire cargado y se lleva los malos olores.
Cuando abrimos la ventana de nuestra vida, también entra el “aire limpio” del Espíritu
Santo, que renueva y oxigena nuestra alma.
Y así estaremos bien preparados para recibir la visita de
Jesús.
JUZGAR:
La Palabra de Dios, cada domingo de Adviento, nos va a
ayudar a que abramos la ventana de nuestra vida y vayamos limpiando todo lo que
nos impide ver bien a Jesús, que viene a nosotros.
Para que nos decidamos a abrir la ventana de nuestra
vida, en la 1ª lectura de hoy, el profeta Isaías nos ha dicho “lo que nos
estamos perdiendo” por vivir de forma “cerrada”, individualista, por tener
nuestra mirada empañada, borrosa por la rutina, las preocupaciones, el
pecado...
Nos estamos perdiendo esa “visión” del futuro de paz que
Dios quiere para nosotros: “De las espadas forjarán arados, de las lanzas,
podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la
guerra…”
Y también nos decía: “Venid; caminemos a la luz del
Señor”. Nos invita a dejar entrar la Luz que viene de Jesús, el Hijo de Dios
que se hace hombre como nosotros.
En la 2ª lectura, san Pablo nos animaba a abrir enseguida
la ventana de nuestra vida, a no dejarlo para más adelante: “Ya es hora de
despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros…”
Nos advierte que vivimos como “adormilados”, despistados con todo lo que rodea
la Navidad (adornos, regalos, comidas…) y no nos damos cuenta de que “el día está
cerca”, que viene Jesús y ya tenemos que empezar a prepararnos.
Y en el Evangelio, Jesús nos ha repetido la misma idea: “Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.” Y nos ha puesto el ejemplo de Noé: ¿Conocemos este relato de la Biblia? (Se resume insistiendo en que es un relato, no un hecho histórico) Jesús lo ha dicho muy claro refiriéndose a Noé: “La gente comía y bebía, se casaban… y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio”. Ahora nos pasa lo mismo: estamos muy ocupados en las cosas de cada día, en los preparativos exteriores de la Navidad… pero no hemos abierto la ventana de nuestra vida, no hemos limpiado ni aireado nuestra alma y, sin darnos cuenta, llegará Jesús y no lo podremos recibir porque no estamos preparados.
ACTUAR:
¿Por qué nos ha puesto Jesús el ejemplo del relato de Noé?
Porque Noé supo leer los signos de los tiempos, entender
lo que venía y prepararse. Por eso en el dibujo lo vemos simbólicamente con un
paraguas: él estaba atento, sabía que venía el diluvio, y se preparó bien.
Si nosotros vemos que el día está muy nublado, que hay
avisos de lluvia, y no cogemos el paraguas, es muy probable que nos mojemos. Y
la culpa será nuestra, por no hacer caso a lo que vemos y a los avisos.
Del mismo modo: el Adviento nos avisa de que Jesús está
cerca, que va a venir… Si no nos preparamos, si no cogemos nuestro “paraguas”,
perderemos la ocasión de encontrarnos con Él.
Así que dejemos de estar “adormilados”, distraídos, y en
este primer domingo de Adviento empecemos a abrir la ventana de nuestra vida y
a preparar nuestro corazón para recibir la visita de Jesús.
¿Cómo empezamos a abrir esa ventana? En primer lugar,
pienso en qué cosas me hacen estar distraído: pensar mucho en los regalos, en
los adornos, en las comidas, en las fiestas…
En segundo lugar, pienso en qué puede ayudarme a limpiar
mi mirada: Nos proponemos rezar al comenzar el día o al terminarlo, o leer el
Evangelio, no faltar ningún domingo a la Eucaristía…
Así es como “cogemos el paraguas” y empezamos a
prepararnos, así es como empieza a entrar en nuestra vida la Luz de Jesús y el
aire nuevo del Espíritu, para renovarnos y que Jesús pueda nacer una vez más entre
nosotros.
PETICIONES
1. Por todos los que somos y formamos la Iglesia, para que en este Adviento abramos la ventana de nuestra vida a la luz de Jesús y seamos en el mundo un signo de paz y esperanza. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.
2. Por todas las familias, para que aprendamos a vivir atentos,
como Noé, preparados para hacer el bien y para reconocer a Jesús en cada
persona. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.
3. Por los que están tristes, enfermos o solos, para que
sientan que Dios entra en su vida como luz suave que anima y consuela. R.:
Señor, queremos estar despiertos contigo.
4. Por nuestro colegio / parroquia, para que este
Adviento sea un tiempo de limpiar el corazón: quitar enfados, egoísmos y
pereza, y dejar entrar el aire nuevo del Espíritu. R.: Señor, queremos estar despiertos
contigo.
5. Por nosotros, los niños que hoy abrimos la primera
parte de la ventana del Adviento, para que vivamos alegres y con el corazón
preparado para Jesús. R.: Señor, queremos estar despiertos contigo.




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