El Evangelio de la resurrección de Lázaro es el signo
cumbre que Jesús realiza antes de su pasión. Lázaro, amigo de Jesús, está
enfermo. Sus hermanas Marta y María envían a decirle: "Señor, aquel a
quien amas está enfermo". Jesús llega cuando Lázaro ya lleva cuatro días
muerto.
Marta sale a su encuentro y le dice: "Señor, si
hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano". Jesús le responde con
una de las declaraciones más importantes del Evangelio: "Yo soy la
resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que
está vivo y cree en mí, no morirá para siempre". Y pregunta a Marta:
"¿Crees esto?". Marta responde: "Sí, Señor, yo creo que tú eres
el Mesías, el Hijo de Dios". Jesús se conmueve profundamente, llora (¡el
versículo más corto de la Biblia: "Jesús lloró"!), y se acerca al
sepulcro. Manda quitar la piedra, ora al Padre, y grita con voz potente:
"¡Lázaro, sal fuera!". Y el muerto sale, atado de pies y manos con
vendas. Jesús dice: "Desatadlo y dejadlo andar".
Este relato anuncia la resurrección de Jesús y la
nuestra. El profeta Ezequiel nos habla de los huesos secos que vuelven a la
vida. El Salmo 129 expresa nuestra esperanza: "Del Señor viene la
misericordia". San Pablo nos recuerda que el Espíritu que resucitó a Jesús
habita en nosotros.
Jesús nos acompaña escribiendo nuestra nueva historia.
Viene a nuestras tumbas, llora con nosotros, y nos llama a la vida. Nos quita
las piedras que nos aprisionan y nos libera de nuestras vendas.
SANTA LEA
Hoy 22 de marzo la iglesia conmemora a santa Lea.
Santa Lea era de familia noble, y quedó viuda a muy joven edad. Al parecer debía contraer nuevas nupcias con un ilustre personaje que estaba a punto de recibir el alto cargo de cónsul.
Sin embargo, Lea renuncia al matrimonio, prefiriendo ingresar a la comunidad de Marcela, donde se estudiaban las Escrituras y se rezaba en comunidad, y donde se vivía en castidad y pobreza. Esta decisión significó un giro completo en su vida. Marcela encuentra en Santa Lea total fidelidad, tanto que le encomienda la formación de los jóvenes en la vida de la fe y en la práctica de la caridad. A la larga, Lea llegaría a dirigir el instituto. Estas son las palabras insustituibles de san Jerónimo: "De un modo tan completo se convirtió a Dios, que mereció ser cabeza de su monasterio y madre de vírgenes; después de llevar blandas vestiduras, mortificó su cuerpo vistiendo sacos; pasaba las noches en oración y enseñaba a sus compañeras más con el ejemplo que con sus palabras". "Fue tan grande su humildad y sumisión, que la que había sido señora de tantos criados parecía ahora criada de todos; aunque tanto más era sierva de Cristo cuanto menos era tenida por señora de hombres. Su vestido era pobre y sin ningún esmero, comía cualquier cosa, llevaba los cabellos sin peinar, pero todo eso de tal manera que huía en todo la ostentación". No sabemos más de esta dama penitente, cuyo recuerdo sólo pervive en las frases que hemos citado de san Jerónimo. La Roma en la que fue una rica señora de alcurnia no tardaría en desaparecer asolada por los bárbaros, y Lea, «cuya vida era tenida por todos como un desatino», llega hasta nosotros con su áspero perfume de santidad que desafía al tiempo. SANTA LEA nos enseña que la viudez puede abrir caminos inesperados para encontrar a Dios. Escúchanos, oh Dios que amas nuestra salvación, permite en la fiesta de la bienaventurada santa Lea, seamos agraciados por sentir una tierna devoción. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén. Hoy también la iglesia recuerda a: - San Epafrodito – Obispo - San Bienvenido Scotivoli – Obispo - San Nicolás Owens – Jesuita mártir - San Basilio de Ancira – Obispo - San Pablo de Narbona – Obispo

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