San Nicolás, cuyo nombre significa "protector y defensor de los pueblos" fue tan popular en la antigüedad que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado por los fieles en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, consiguiendo éstos favores admirables por parte del santo.
Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista
al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de
los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo
a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.
Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del
profeta Isaías: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo escuchar ese grito en la
Iglesia de hoy?¿Cómo abrir caminos para
que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo
acogerlo en nuestras comunidades?
Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un
contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarnos solo de
doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime
abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su
estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.
En medio del «desierto espiritual» de la sociedad moderna,
hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se
acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos
creyentes, poco creyentes e incluso no creyentes en torno al relato evangélico
de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora
en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.
No hemos de olvidarlo. En los evangelios no aprendemos
doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo
largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los
tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no
toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.
La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico
nos hace nacer a una nueva fe, no por vía de «adoctrinamiento» o de
«aprendizaje teórico», sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a
vivir la fe no por obligación, sino por atracción. Nos hace vivir la vida
cristiana no como deber, sino como contagio. En contacto con el Evangelio
recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.
Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia
invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz
concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por alguien que pone
sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de toda
evangelización consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús.
Sin él no es posible engendrar una fe nueva.
Evangelio Comentado por: José Antonio Pagola Lc (3,1-6)
Lc 3,1-6.
Se acerca la Navidad y decoramos nuestras casas, nuestros centros de trabajo, la ilusión volverá a nuestro corazón pero, ¿haremos que sea Navidad para todos? ¿Todo el mundo podrá escuchar que Dios va a nacer?
Nació en Turquía en el año 439. Era hijo de un comandante del ejército, quien tuvo que partir a lejanas tierras y lo dejó confiado a un tío. Apenas a los ocho años, sufrió el desprecio de sus parientes, los cuales se rehusaban a educarlo. San Sabas, se fue a un monasterio, y después de pasar varios años como monje ejemplar en su tierra, decidió partir a Jerusalén para aprender la santidad con los monjes de ese país.
Se dedicó a una vida llena de oración y penitencia. Trabajaba diez horas al día, hacía canastos y los vendía para poder llevar alimentos a los más ancianos y débiles.
El santo pasó cuatro años seguidos en el desierto sin hablar con nadie. Luego empezaron a llegar monjes a pedirle que los dirigiera hacia la santidad a lo que el santo accedió. Llegó a tener 150 monjes cerca del Mar Muerto, y cuando tuvo 50 años fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Jerusalén, y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa. Con la herencia que le dejaron sus padres construyó dos hospitales.
Por tres veces fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, a obtener que este no apoyara a los herejes y que favoreciera la Tierra Santa. San Sabas llegó a dirigir personalmente a muchos monjes y entre sus dirigidos hay varios santos canonizados como San Juan Damasceno y San Teodoro.
Murió el 5 de diciembre del año 532, a los 94 años de edad. Su monasterio, cerca del Mar Muerto, es uno de los tres monasterios más antiguos que existen en el mundo.
Según una antigua tradición, Santa Bárbara era hija de un hombre muy rudo llamado Dióscoro. Como ella no quería creer en los ídolos paganos de su padre, éste la encerró en un castillo, al cual le había mandado colocar dos ventanas, pero la santa mandó a los obreros a que añadieran una tercera ventana para acordarse de las Tres Divinas personas que conforman la Santísima Trinidad. Sin embargo, este acto enfureció más a su incrédulo padre, quien permitió que la martirizaran cortándole la cabeza con una espada.
De esta manera, Santa Bárbara es representada con una espada, una palma (señal de que obtuvo la palma del martirio) y con una corona porque se ganó el reino de los cielos. La misma tradición señala además, que cuando Dióscoro bajaba del monte donde habían matado a su hija, le cayó un rayo y lo mató, y es por este hecho, que muchas personas rezan a la santa para pedir su intersección y verse libre de los rayos de las tormentas. En su sepulcro se obraron muchos milagros.
Nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China.
Santa Bibiana es de las últimas víctimas de la persecución anticristiana de Julián el Apóstata (361-363). En una Passio Sanctae Bibianae, no anterior al siglo VII, se lee que el gobernador Aproniano, después de haber hecho asesinar a Fausto y a Dafrosa, seguro de poderse adueñar de su patrimonio, trató de obligar a la apostasía a las jóvenes hijas de los mártires. Encerradas en la cárcel, Demetria murió antes de la terrible prueba. Bibiana, impávida y resuelta, enfrentó al gobernador, que, para debilitar su resistencia la confió inútilmente a una alcahueta. Entonces ordenó que Bibiana fuera atada a una columna y flagelada.
Llena de llagas por todo el cuerpo, finalmente la joven mártir entregó su alma a Dios. Echaron su cuerpo a los perros, pero unos cristianos lo rescataron y le dieron sepultura junto a la tumba de sus padres y de la hermana, cerca de su casa, en donde pronto construyeron una capilla y más tarde la actual basílica, sobre el monte Esquilino. De esto da cuenta el biógrafo del Papa Simplicio (468-83), atribuyendo a este pontífice la construcción de la basílica en honor de la bienaventurada mártir Bibiana "juxta Licinianum ubi corpus eius requiescit".
San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo
VII ya que Dios le concedió desde muy pequeño grandes cualidades para trabajar
con mucho arte el oro y la plata. Nació en el año 588 en Limoges (Francia); su
padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño
tenía capacidades excepcionales para el arte y buscó formarlo mejor bajo la
dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.
Cuando aprendió bien el arte de la orfebrería se fue a París. Ahí, el rey
Clotario II le encomendó la fabricación de un trono adornado con oro y piedras
preciosas. El rey quedó admirado de la inteligencia y la habilidad de Eloy,
nombrándolo jefe de la casa de la moneda.
Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en
los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín,
Santa Genoveva y San Germán.
El nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin,
donde fundó un monasterio de hombres. Luego el rey le regaló un terreno en
París y allá fundó un monasterio para mujeres. A sus religiosos les enseñaba el
arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas.
Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se
dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se
convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. Se conservan
15 sermones suyos, en los que ataca fuertemente a la superstición