"En el misterio pascual, Dios Padre, por medio del Hijo en el Espíritu Paráclito, se ha inclinado sobre cada hombre ofreciéndole la posibilidad de la redención del pecado y la liberación de la muerte". (Juan Pablo II)
Este 2018, la Semana Santa comenzará con el Domingo de Ramos el 25 de marzo y terminará con el Domingo de Resurrección el 1 de abril.
La devoción a Nuestra señora de los dolores viene desde muy antiguo. Ya en el siglo VIII los escritores eclesiásticos hablaban de la “Compasión de la Virgen” en referencia a la participación de la Madre de Dios en los dolores del Crucificado.
Pronto empezaron a surgir las devociones a los 7 dolores de María y se compusieron himnos con los que los fieles manifestaban su solidaridad con la Virgen dolorosa.
La fiesta empezó a celebrarse en occidente durante la Edad Media y por ese entonces se hablaba de la “Transfixión de María”, de la “Recomendación de María en el Calvario”, y se conmemoraba en el tiempo de Pascua.
En el siglo XII los religiosos servitas celebraban la memoria de María bajo la Cruz con oficio y Misa especial. Más adelante, por el siglo XVII se celebraba el domingo tercero de septiembre.
El viernes anterior al Domingo de Ramos también se hacía una conmemoración a la Virgen Dolorosa, festividad conocida popularmente como “Viernes de los Dolores”.
Benedicto XIII extendió universalmente la celebración del “Viernes de Dolores” en 1472 y en 1814 el Papa Pío VII fijó la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.
Los datos acerca de este santo los sabemos por el libro de Daniel, en la S. Biblia. Pertenecía a una familia importante de Jerusalem. Era muy inteligente y estudioso y de agradable presencia. Cuando el rey Nabucodonosor invadió a Jerusalem se lo llevó prisionero a Babilonia junto con otros jóvenes. Al darse cuenta de las cualidades de este adolescente, Nabucodonosor lo hace instruir en todas las ciencias políticas y sociales de su país.
Los enemigos de la religión acusaron a Daniel porque tres veces cada día se arrodillaba en la azotea de su casa a adorar y rezar a Dios. En castigo fue echado al foso donde había leones sin comer. Pero Dios hizo el milagro de que los leones no lo atacaran, y esto hizo que el rey creyera en el verdadero Dios. El joven se abstenía de tomar bebidas alcohólicas y de consumir alimentos prohibidos por la Ley de Moisés, y Dios en cambio le concedió una inmensa sabiduría, con la cual logró escalar los más altos puestos de gobierno hasta llegar a ser primer ministro bajo los gobiernos de Nabucodonosor, Baltasar, Darío y Ciro.
A su gran sabiduría, a su habilidad para gobernar y a su santidad debe él que a pesar de los cambios de gobierno lograra conservar su cargo durante el reinado de cuatro reyes. Daniel recibió de Dios la gracia de revelar sueños y visiones. Daniel fue un profeta tan estimado que pudo corregir a los mismos jefes de gobierno de su tiempo y sus correcciones fueron recibidas con buena voluntad. Ante el pueblo apareció siempre como un hombre iluminado por Dios y de una conducta ejemplar y como un creyente de una profunda piedad y devoción.
En el Plan Reconciliador de Dios, San José tuvo un papel esencial: Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.
San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.
Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.
Nuestro Señor Jesús fue llamado "Hijo de José", "el carpintero" (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).
Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!
Este lunes 19 de marzo se celebra el Día del Padre o de San José. Este año solo será festivo en la Comunidad Valenciana y Murcia, de tal forma que en el resto de España es laborable. Precisamente esta festividad se considera uno de los día sustituibles dentro del calendario laboral, es decir, que cada comunidad autónoma ha podido sustituirlo por otras festividades. Pero, ¿por qué se celebra en España el Día de San José?
En el caso de nuestro país, la fecha escogida - mañana 19 de marzo- coincide en la tradición católica con la festividad de San José, esposo de la Virgen María y padre de Jesús. Una conmemoración a la que se le dio la relevancia actual a partir del 1621, por mandato del Papa Pío IX que lo proclamó Patrono Universal de la Iglesia. Por su parte, Juan XXIII (1959-1963) lo incluyó dentro del canon de la misa. Más recientemente, lo que se conoce actualmente como el Día del Padre, se remonta a la iniciativa de una maestra del barrio madrileño de Vallecas - Manuela Vicente Ferrero- quien a imitación del Día de la Madre, también decidió que los hombres con familia merecían un reconocimiento a su labor. Lo que plasmó en un artículo en el periódico «El Magisterio Español» al año siguiente, publicación en la que colaboraba bajo el seudónimo de Nely. A través de este medio, esta maestra exaltó en su escrito las virtudes del padre de Jesús y recordó que los padres, como San José, eran el «instrumento de la voluntad de Dios». En este sentido, animaba a los hijos a que se mostraran agradecidos a sus progenitores y sus compañeros de profesión a impulsar esta iniciativa. La propia Manuela predicó con el ejemplo y celebró un primer Día del Padre en el colegio madrileño donde daba clase en 1948.
Dedicado a todos los padres
¡¡¡FELICIDADES A TODOS LOS QUE HOY CELEBRAN SU ONOMÁSTICA!!!.
EN ESPECIAL FELICITAMOS A NUESTROS MAESTROS: JOSÉ MARTÍNEZ CAÑAVERAS, TUTOR DE 3ºA Y JOSÉ GONZÁLEZ AUÑÓN, TUTOR DE 6ºB.
En el quinto domingo de Cuaresma que celebramos hoy se percibe la cercanía del momento de entregar la vida en la cruz, momento en el que Jesús, enviado por Dios, cumple la voluntad del Padre. Además, celebramos también el Día del Seminario: acordémonos de los seminaristas, que pretenden ahondar en su vocación desde la entrega a los demás, al igual que Jesús. • 1.ª LECTURA (Jer 31, 31 – 34). El profeta Jeremías es enviado al pueblo de Dios para que hable en su nombre y le anuncie que pronto el Señor hará con ellos una nueva alianza. • 2.ª LECTURA (Heb 5, 7 – 9). Cristo sufre mientras obedece al Padre y cumple con su misión. Confiemos en que el Padre nos escucha y sostiene en medio de nuestros padecimientos, como lo hizo Jesús en su vida terrena. • EVANGELIO (Jn 12, 20 – 33). Se acerca la hora en que Jesús cumplirá totalmente la misión a la que el Padre le envió: entregar su vida en la cruz para darnos vida eterna.
ACERCÁNDONOS A LA LUZ
Puede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros. Podemos seguir viviendo día tras día sin querer ver qué es lo que en verdad mueve nuestra vida y quién es el que dentro de nosotros toma realmente las decisiones.
No es torpeza o falta de inteligencia. Lo que sucede es que, de manera más o menos consciente, intuimos que vernos con más luz nos obligaría a cambiar. Una y otra vez parecen cumplirse en nosotros aquellas palabras de Jesús: «El que obra el mal detesta la luz y la rehúye, porque tiene miedo a que su conducta quede al descubierto». Nos asusta vernos tal como somos. Nos sentimos mal cuando la luz penetra en nuestra vida. Preferimos seguir ciegos, alimentando día a día nuevos engaños e ilusiones.
Lo más grave es que puede llegar un momento en el que, estando ciegos, creamos verlo todo con claridad y realismo. Qué fácil es entonces vivir sin conocerse a sí mismo ni preguntarse nunca: «¿Quién soy yo?». Creer ingenuamente que yo soy esa imagen superficial que tengo de mí mismo, fabricada de recuerdos, experiencias, miedos y deseos.
Qué fácil también creer que la realidad es justamente tal como yo la veo, sin ser consciente de que el mundo exterior que yo veo es, en buena parte, reflejo del mundo interior que vivo y de los deseos e intereses que alimento. Qué fácil también acostumbrarnos a tratar no con personas reales, sino con la imagen o etiqueta que de ellas me he fabricado yo mismo.
Aquel gran escritor que fue Hermann Hesse, en su pequeño libro Mi credo, lleno de sabiduría, escribía: «El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad».
Probablemente, a la hora de querer transformar nuestra vida orientando nuestros pasos por caminos más nobles, lo más decisivo no es el esfuerzo por cambiar. Lo primero es abrir los ojos. Preguntarme qué ando buscando en la vida. Ser más consciente de los intereses que mueven mi existencia. Descubrir el motivo último de mi vivir diario.
Podemos tomarnos un tiempo para responder a esta pregunta: ¿por qué huyo tanto de mí mismo y de Dios? ¿Por qué, en definitiva, prefiero vivir engañado sin buscar la luz? Hemos de escuchar las palabras de Jesús: «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que hace está inspirado por Dios».
Evangelio Comentado por: José Antonio Pagola Jn 3, 14-21
Nació alrededor del año 387, en Escocia, en Bennhaven Taberniae (pueblecito que hoy no se encuentra en los mapas). Murió en Irlanda alrededor del 461. No se conoce con exactitud los datos cronológicos del Apóstol de Irlanda.