1 de marzo de 2026

II DOMINGO DE CUARESMA 2026 / SAN ALBINO



En este segundo domingo de Cuaresma, subimos con Jesús al monte Tabor. Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y mientras ora, su rostro resplandece como el sol y sus vestidos se vuelven blancos como la luz. Aparecen Moisés y Elías conversando con él. La voz del Padre resuena desde la nube: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo".

Este momento es crucial en el camino hacia Jerusalén. Jesús acaba de anunciar a sus discípulos que debe sufrir, ser rechazado y morir. Pedro incluso ha intentado impedírselo. Y ahora, Dios Padre confirma la identidad de Jesús y nos pide que lo escuchemos. La Transfiguración nos recuerda que el camino de la cruz no es el final, sino que conduce a la resurrección y la gloria.

El primer testimonio de fe de Abrahán en la primera lectura nos muestra que la fe es ponerse en camino confiando en Dios, dejando seguridades. El Salmo 32 expresa nuestra confianza: "Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad".

Jesús nos acompaña transfigurando nuestra mirada. Nos enseña a ver más allá de las apariencias, a descubrir la luz en medio de la oscuridad, a confiar en que el sufrimiento puede ser transformado en gloria si lo vivimos unidos a Él. La oración es el "monte Tabor" donde nuestra mirada se transfigura.



 









Etimológicamente significa "blanco". Viene de la lengua latina.

La gran popularidad de San Albino se debe menos a su vida, sin ningún hecho notable, que a los múltiples milagros que se le atribuyeron, sobre todo después de su muerte. Su culto se propagó por Francia, Italia, España y Alemania y llegó hasta Polonia. El santo es titular de numerosas parroquias en Francia.

Nació en la diócesis de Vannes en Bretaña, de una familia originaria de Inglaterra o de Irlanda, según se dice. Muy joven, entró en el monasterio de Tincillac, del que sabemos muy poco, y llevó ahí una vida de gran santidad. Hacia los treinta y cinco años de edad, fue elegido abad; bajo su gobierno floreció extraordinariamente el monasterio y se convirtió en un verdadero jardín de virtudes. Nada tiene, pues, de extraño que las miradas del clero y el pueblo de Angers se hayan vuelto hacia san Albino cuando la sede quedó vacante, el año 529. Para gran pena suya y contento de san Melanio, obispo de Rennes, san Albino fue elegido obispo de Angers y demostró ser un hábil e inteligente pastor.

El santo predicaba todos los días, era muy generoso con los pobres y menesterosos, pero especialmente con las viudas que tenían muchos hijos. Otra de sus obras predilectas era el rescate de esclavos y gastó enormes sumas de dinero en rescatar a los prisioneros que los bárbaros habían hecho en sus numerosas invasiones. Según la tradición, san Albino rescató a un cautivo, no de los bárbaros, sino del propio rey Childeberto. Se trataba de una hermosa muchacha en quien Childeberto había puesto los ojos y a la que había mandado raptar y encerrar en una fortaleza. Tan pronto como la noticia llegó a oídos de san Albino, fue éste personalmente al castillo a exigir la libertad de la joven. La figura del obispo inspiró tal respeto a los guardias, que pusieron inmediatamente en libertad a la muchacha. La leyenda añade que uno de los soldados intentó detener a la joven, usando de amenazas y violencia; pero el obispo sopló sobre él y el soldado cayó muerto. El rey no trató de apoderarse de nuevo de la joven, llamada Eteria; pero cometió la villanía de exigir que el obispo pagase el rescate. Prescindiendo de la verdad dudosa de esta leyenda, lo cierto es que el rey Childeberto profesaba gran veneración a san Albino; en cambio la popularidad del obispo era menor entre algunos de sus súbditos, porque había puesto en ejecución los decretos de los dos Concilios de Orléans (538 y 541) contra los matrimonios incestuosos.

Se atribuyeron a san Albino muchos milagros. Además de varias curaciones de enfermos y de ciegos, se cuenta que resucitó a un joven llamado Albaldo. En otra ocasión, después de haber intercedido sin éxito por unos prisioneros, se derrumbó durante la noche una parte del muro de la prisión y éstos pudieron escapar; inmediatamente fueron a ver al santo y le prometieron cambiar de vida.






  



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