18 de mayo de 2015

PRIMERA COMUNIÓN



Mayo y Junio, meses en los que se celebran las Primeras Comuniones de nuestros pequeños.



La Primera Comunión, para un/a niño/a, es uno de los momentos más importantes en el período de su infancia, ya que espiritualmente está preparado para recibir el sacramento de la Eucaristía, ese pan y vino que anhela probar para sentirse envuelto por la gracia divina de Dios, luego de atravesar un período de preparación de al menos dos años.
Con ello, la familia, principalmente padres y madres, deberán asumir el compromiso de acompañar a sus hijos en la fe, y no convertir el momento en tan sólo un acto social, que en muchos de los casos culminaría con una celebración en la que se incurren en gastos exagerados.
Para la comunidad católica, ese acontecimiento es una bendición que recibe la familia y que debe ser vista como la gran fiesta de la fe, pero a la vez, se debe trabajar para que los niños refuercen ese compromiso.




¡¡ Muchas Felicidades !! 
Para todos los alumnos/as que en estas fechas celebran su Primera Comunión. 


17 de mayo de 2015

ASCENSIÓN DEL SEÑOR



Luego que el Señor Jesús se apareció a sus discípulos fue elevado al cielo. Este acontecimiento marca la transición entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. Marca también la posibilidad de que la humanidad entre al Reino de Dios como tantas veces lo anunció Jesús. De esta forma, la ascensión del Señor se integra en el Misterio de la Encarnación, que es su momento conclusivo.




Esta solemnidad ha sido trasladada al domingo 7º de Pascua desde su día originario, el jueves de la 6º semana de Pascua, cuando se cumplen los cuarenta días después de la resurrección, conforme al relato de san Lucas en su Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles; pero sigue conservando el simbolismo de la cuarentena: como el Pueblo de Dios anduvo cuarenta días en su Éxodo del desierto hasta llegar a la tierra prometida, así Jesús cumple su Exodo pascual en cuarenta días de apariciones y enseñanzas hasta ir al Padre. La Ascensión es un momento más del único misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo, y expresa sobre todo la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús como contrapunto a la humillación padecida en la pasión, muerte y sepultura.
Al contemplar la ascensión de su Señor a la gloria del Padre, los discípulos quedaron asombrados, porque no entendían las Escrituras antes del don del Espíritu, y miraban hacia lo alto. Intervienen dos hombres vestidos de blanco, es una teofanía, la misma de los dos hombres que Lucas describe en el sepulcro (24,4). En ellos la Iglesia Madre judeo-cristiana veía acertadamente la forma simbólica de la divina presencia del Padre, que son Cristo y el Espíritu. Las palabras de los dos hombres son fundamentales: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse (Hechos 1,11). En un exceso de amor semejante al que le llevó al sacrificio, el Señor volverá para tomar a los suyos y para estar con ellos para siempre; y se mostrará como imagen perfecta de Dios, como icono transformante por obra del Espíritu, para volvernos semejantes a él, para contemplarlo tal como él es (1 Juan 3,1-12). Contemplando en la liturgia el icono del Señor - sobre todo en la Eucaristía - intuimos el rostro de Dios tal como es y como lo veremos eternamente. Y lo invocamos para que venga ahora y siempre.
En el relato de este misterio según el Evangelio de san Mateo (28,19-20), el Señor envía a los discípulos a proclamar y a realizar la salvación, según el triple ministerio de la Iglesia: pastoral, litúrgico y magisterial: Id y haced discípulos de todos los pueblos (por el anuncio profético y el gobierno pastoral, formando y desarrollando la vida de la Iglesia), bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo (aplicándoles la salvación, introduciendo sacramentalmente en la Iglesia); y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado (mediante el magisterio apostólico y la vida en la caridad, el gran mandato). Se está cumpliendo el plan de Dios, y la salvación, anunciada primero a Israel, es proclamada a todos los pueblos. En esta obra de conversión universal, por larga y laboriosa que pueda ser, el Resucitado estará vivo y operante en medio de los suyos: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
El misterio
La lectura apostólica que propone la Iglesia interpreta perfectamente el acontecimiento de la Ascensión del Señor, adentrándonos en el misterio del ingreso del resucitado en el santuario celeste. Ahora podemos decir con el canto del Santo que los cielos y la tierra están llenos de la gloria de Dios (En Isaías 6,3 sólo se nombraba a la tierra). Ahora, con la ascensión de la humanidad del Hijo de Dios, conmemorada en el misterio litúrgico, sobre la que reposa la gloria del Padre, adorada por los ángeles, también nosotros somos unidos por la gracia a esta alabanza eterna, en el cielo y en la tierra. Estamos en el penúltimo momento del misterio pascual, antes de la donación del Espíritu Santo al cumplirse los días de la cincuentena, el Pentecostés.
La vida cristiana
Las oraciones de esta solemnidad piden que permanezcamos fieles a la doble condición de la vida cristiana, orientada simultáneamente a las realidades temporales y a las eternas. Esta es la vida en la Iglesia , comprometida en la acción y constante en la contemplación. Porque Cristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo hacia sí a todos los hombres; resucitando de entre los muertos envió a su Espíritu vivificador sobre sus discípulos y por él constituyó a su Cuerpo que es la Iglesia, como sacramento universal de salvación; estando sentado a la derecha del Padre, sin cesar actúa en el mundo para conducir a los hombres a su Iglesia y por Ella unirlos a sí más estrechamente y, alimentándolos con su propio Cuerpo y Sangre, hacerlos partícipes de su vida gloriosa. Instruidos por la fe acerca del sentido de nuestra vida temporal, al mismo tiempo, con la esperanza de los bienes futuros, llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y labramos nuestra salvación (Vaticano II, Lumen gentium 48).

SAN ISIDRO LABRADOR

San Isidro Labrador nace en Madrid el 4 de abril de 1082, donde vive humildemente con su familia hasta que, ante la inminente invasión árabe, se traslada a Torrelaguna. Allí se casa con Santa María de la Cabeza, en el 1109, y 10 años después regresa a Madrid para trabajar como criado para la familia Vargas, viviendo en la casa que ésta tenía para los mozos de labranza, junto a la parroquia de San Andrés. Allí nace su único hijo, Juan.
Labrador y carpintero de vida sencilla, marcada por una profunda fe y devoción a la Virgen, y espíritu caritativo. Todos los días, de madrugada, acudía a la iglesia de Santa María de la Concepción, hoy Catedral de la Almudena, y a la ermita de Santa María Magdalena, por la que tenía especial devoción. Por la tarde, repetía sus itinerarios marianos, lo que provocaba las críticas de algunos de sus compañeros, que le calumniaban por tener abandonado el trabajo. Además de esta vida de oración y este fervor por la Virgen, se consagró a los pobres, con la ayuda de su mujer, que compartía con él su amor por los más necesitados.
Sus milagros, muy sencillos, se correspondían con su tipo de vida. Así, una vez hizo brotar un torrente de una roca, para dar agua a su amo sediento. Salvó con sus oraciones a su hijo Juan, que cayó a un pozo, del que fue salvado milagrosamente. Su patrón fue testigo de algunos de estos milagros, por lo que cuando San Isidro murió, el 30 de noviembre de 1172, a los 90 años, todos lo consideraban ya un santo.
Enterrado primero en el cementerio de la parroquia de San Andrés, fue trasladado a la Iglesia, ya que la lluvia desenterró su cuerpo incorrupto. Alfonso VIII en 1212 mandó que hicieran un arcón para enterrar su cuerpo. Allí permanece hasta 1619, fecha en que es beatificado por la Santa Sede, con 438 milagros aprobados. Pablo V firma el decreto y se fija su fiesta para el 15 de mayo. Fue canonizado en 1622 por el papa Gregorio XV. En tiempos de Carlos III, su cuerpo se traslada a la Colegiata donde se encuentra hoy.
El 11 de agosto de 1697, Inocencio XII declara a su mujer Beata, y en 1752 es proclamada como Santa María de la Cabeza.

13 de mayo de 2015

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

13 de mayo



En el año 1916, cuando la guerra se había extendido sobre Europa y Portugal, en una de las colinas que rodean Fátima, tres pequeños campesinos portugueses: Lucía de 9 años, Francisco de 8 y Jacinta de 6, se encontraron con una resplandeciente figura que les dijo: "Soy el Angel de la Paz". Durante aquel año vieron dos veces la misma aparición. Los exhortó a ofrecer constantes "plegarias y sacrificios" y a aceptar con sumisión los sufrimientos que el Señor les envíe como un acto de reparación por los pecados con los que El es ofendido.
El 13 de mayo de 1917, se les apareció una "Señora toda de blanco, más brillante que el sol", a quien Lucía preguntó de dónde venía; ella respondió: "Vengo del cielo". Les pidió que regresaran al mismo lugar durante seis meses seguidos, los días trece.
El hambre, la sed, las burlas de los que no creían en las apariciones (incluyendo a la familia de Lucía), los ofrecían como la Señora lo había pedido, por la conversión de los pecadores.
El 13 de junio de ese año, mientras se celebraba a San Antonio, patrono de Fátima, Nuestra Señora se apareció nuevamente a los tres niños. Alrededor de 50 personas se encontraban con ellos en Cova. La Señora dijo que Jacinta y Francisco irían pronto al cielo, que Lucía permanecería para ayudar a establecer el culto al "Sagrado Corazón de María" El 13 de julio de 1917, se trató de impedir que Lucía asistiera a este encuentro que fue uno de los más extensos y en el cual los niños tuvieron una visión del infierno que les despertó un anhelo de oración y penitencia incontenibles. Además les fue prometido que en octubre se realizaría un milagro para demostrar la verdad de las apariciones. En agosto de ese mismo año, el anticlerical administrador de Ourem, con engaños alejó a los tres pastores de Fátima y logró impedir que asistieran a la cita del día trece.
El 13 de octubre de 1917 alrededor de 70,000 personas habían llegado al lugar para presenciar el milagro de Fátima. Ese día, el sol se podía mirar sin cerrar los ojos y como un prisma gigantesco, cubría el cielo con franjas de colores. Luego giró 3 veces y se precipitó en "zig zag" hacia la multitud. La gente quedó conmovida y convencida de la veracidad de las apariciones. Antes de que pasaran tres años, Jacinta y Francisco habían muerto ya. Lucía fue religiosa con las hermanas de Santa Dorotea desde 1925.











4 de mayo de 2015

Primer Domingo de Mayo, Día de la Madre




La celebración del Día de la Madre se remonta a la Antigüedad puesto que existen indicios de que ya en Egipto honraban a las progenitoras, aunque simbolizada en la diosa Isis, que representa la maternidad y la fuerza fecundadora de la naturaleza. Estas celebraciones se mantuvieron también en la antigua Grecia, con la diosa Rea así como en el Imperio Romano, que honraba al igual que en Asia menor a la Diosa Cibeles.
Quizás por eso, y a pesar de que el popular refrán asegura que «madre no hay más que una», la celebración del Día de la Madre no se realiza en la misma fecha en todos los países. En España, el Día de la Madre se celebra el primer domingo de mayo, aunque no siempre ha sido así. Mucho antes de que la celebración adquiriera un marcado carácter comercial, ya existían desde el siglo XIV cofradías creadas en honor a la Inmaculada. Por eso, inicialmente, las madres eran homenajeadas el 8 de mayo. Uno de los primeros países en separar la celebración de la Inmaculada y el Día de la Madre fue Estados Unidos, tendencia que acabaría llegando a España en 1965, cuando se decide que el día de la madre se celebrará el primer domingo de mayo, fecha que aún se mantiene. 
Pero a lo largo de todo el planeta, la celebración dedicada a nuestras progenitoras es una de las que más baila en el calendario mundial. El Día de la Madre se celebra en veinte días diferentes. El mismo día que en España se celebra también en Hungría, Lituania, Portugal, Sudáfrica y Rumanía, es decir, el primer domingo del mes de mayo (en este 2015 el día 3); cuestión diferente es en Brasil, Grecia, Venezuela, Canadá, Estados Unidos, Colombia, Cuba, Ecuador, Honduras y Uruguay donde las madres tendrán que esperar hasta el segundo domingo del mes de mayo para poder disfrutar de su merecidísimo día.
El Día de la madre francés se retrasa un poquito más. Y es que las madres galas, junto con las de República Dominicana y Suecia celebrarán su día el último domingo de este mes. Las madres de Argentina, así como las de Bielorrusia, serán homenajeadas en el mes de octubre, concretamente el tercer domingo de este otoñal mes.
Pero este confuso baile de fechas en torno a la celebración del Día de la madre no se resuelve aquí. Y es que la mayor parte de los países que antaño pertenecieron a la URSS trasladaron su Día de la madre hasta el 8 de marzo, día que coincide precisamente con el Día Internacional de la Mujer trabajadora. Estas mujeres no son las únicas que deben compartir su Día de la madre con otra señalada fecha en los almanaques. En Noruega, los hijos felicitan a sus madres el segundo domingo de febrero y en Reino Unido e Irlanda el cuarto domingo de cuaresma está reservado también para celebrar el Mothering Day (o Día de la madre). 
Sin embargo, el mes de mayo es por excelencia el favorito en la mayor parte de los países para celebrar el Día de la madre. Junto con España, otros 54 países reservan estas primaverales semanas para recordar a sus madres lo especiales que son. En México, Guatemala e India, entre otros, el Día de la madre se celebra siempre el 10 de mayo, el 14 en Samoa, en Paraguay el Día de la madre tiene lugar el 15 de mayo; mientras que el 26, 27 y el 30 las homenajeadas son todas las madres de Polonia, Bolivia y Nicaragua.
¿Y por qué hay tantas diferencias entre las fechas de la celebración del Día de la madre? Lo cierto es que el baile en esta celebración viene precisamente dado por la falta de información sobre el origen de esta fiesta. Según algunos expertos, en la antigua Grecia ya se celebraba el Día de la madre; una fecha que además se utilizaba para honrar a la diosa Rea (la madre de los dioses en la mitología griega y diosa de la fertilidad). Los romanos decidieron continuar con la tradición y años más tarde el Catolicismo convertiría y adaptaría a otra fecha el Día de la madre en un homenaje a la Virgen María; haciendo así que cada 8 de diciembre se celebrara la Inmaculada Concepción como el día dedicado a la madre de Jesús. Algunos países como Panamá decidieron adaptar su Día de la madre, precisamente a esta fecha tan invernal.
En Europa, los antecedentes del Día de la madre se remontan hasta el siglo XVII en Inglaterra, donde el origen de esta fecha también tiene cierto apego a la religión. En esta época el cuarto domingo de Cuaresma se utilizaba para honrar a la virgen María y era una fecha reservada para que los siervos volvieran a sus lugares de origen para visitar las iglesias en las que habían sido bautizados, las iglesias «madres». La vuelta a casa significaba además ir bien pertrechados con regalos, flores y pasteles con los que poder agasajar a sus madres; una tradición que sentó las bases de la actual tradición. 
A pesar de que los colonos ingleses intentaran por todos los medios mantener esta bonita celebración del Día de la madre en Estados Unidos, la fiesta acabó cayendo en desuso durante muchos años. Fue la activista Julia Ward quien en 1870 escribió un apasionado llamamiento a la paz y al desarme para el Día de la madre. El 2 de junio, esta poetisa y activista organizó una gran manifestación a la que invitó a todas aquellas madres que hubieran perdido a alguno de sus vástagos en la guerra. Las buenas intenciones de Ward Howe no llegaron a buen puerto. A pesar de que su congreso con motivo del Día de la madre se mantuvo durante un par de años, la idea no acabó por calar en la conciencia de los americanos.
Fue Anna Reeves Jarvis la que años después conseguiría afianzar la celebración del Día de la madre. En 1907 esta activista inició una fuerte campaña a nivel nacional para conseguir que se instaurase oficialmente la celebración del Día de la madre el segundo domingo del mes de mayo, fecha en la que precisamente había fallecido su propia madre. Después de un arduo trabajo y de pedir a través de carta a numerosas personalidades e intelectuales influyentes del país para que apoyasen su petición, en el año 1910 el país entero sucumbió a sus encantos y decidió celebrar su Día de la madre. Pero sin duda el año 1914 fue el que decantó la balanza a favor de las progenitoras americanas, cuando el presidente Woodrow Wilson convirtió el Día de la madre en una celebración oficial en todo el país.
A pesar de que las fechas no coincidan, lo cierto es que los tradicionales regalos que se acostumbran a hacer en el Día de la madre a las progenitoras son bastante similares en todo el mundo. Las flores -siendo el clavel y la rosa los grandes protagonistas-, los bombones y sobre todo las cosas hechas a mano con mucho cariño son los tres elementos que más se repiten entre los hijos de todo el mundo. Y es que las grandes y copiosas comidas familiares, así como los regalos forman parte de la tradición de este señalado día; una tradición que muchos vinculan directamente con intereses comerciales. 





Dos versiones de una misma canción....






3 de mayo: Día de la Santa Cruz o Cruz de Mayo

Cuenta la leyenda que el Emperador Constantino se enfrentó a los bárbaros a orillas del Danubio. Creía imposible la victoria, por  la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tuvo una visión: en el cielo apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, In hoc signo vincis (“Con esta señal vencerás”). El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, venciendo sin dificultad a la multitud. De vuelta a la ciudad, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias. Envió a su madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. En el monte donde la tradición situaba la muerte de Jesús, encontraron tres cruces ocultas. Para descubrir cuál de las tres era la verdadera, las colocaron sobre enfermos que sanaron al ser tocados por la Cruz de Cristo. Santa Elena murió rogando a los que creen en él que celebraran el día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo.
Pero mucho antes de Cristo ya se celebraban Cruces de mayo. Mayo es el mes de las flores, la vegetación y desde siempre el mes de muchas fiestas populares. La naturaleza lo impregna todo, la celebración es un saludo a la primavera, el comienzo de un nuevo ciclo de vegetación, se dan las gracias por las futuras cosechas, se exalta el amor y los sentimientos. Tradicionalmente se colocaba un “mayo” que es un tronco o palo alto (árbol de mayo) que se alzaba en la plaza o lugar público durante mayo y donde concurrían los jóvenes a divertirse con bailes y festejos. Competían por trepar por el árbol hasta alcanzar una bandera, mientras las muchachas les animan desde abajo bailando y cantando en torno al árbol.
Llegado el cristianismo, hubo un interés especial por eliminar antiguas prácticas paganas y supersticiosas, muchas veces escandalosas y casi siempre contrarias a su moral, en un momento dado, las fiestas naturalistas de mayo se transformaron y agruparon en torno a un nuevo motivo, la Cruz. El mayo-árbol se convirtió en mayo-cruz.En muchos lugares de España se sigue celebrando esta festividad.



Mayo: Mes de María


La Iglesia otorga este mes a María para conocerla y amarla más.




 Mayo es el mes de las flores, de la primavera. Muchas familias esperan este mes para celebrar la fiesta por la recepción de algún sacramento de un familiar. También, Mayo es el mes en el que todos recuerdan a su mamá (el famoso 10 de Mayo) y las flores son el regalo más frecuente de los hijos para agasajar a quien les dio la vida.

Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?
  • Recordar las apariciones de la Virgen.  En Fátima, Portugal; en Lourdes, Francia y en el Tepeyac, México (La Guadalupe) la Virgen entrega diversos mensajes, todos relacionados con el amor que Ella nos tiene a nosotros, sus hijos.
  • Meditar en los cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:
  1.  Su inmaculada concepción: A la única mujer que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen María porque iba a ser madre de Cristo.
  2.  Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.
  3.  Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.
  4.  Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.
  • Recordar y honrar a María como Madre de todos los hombres.
María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.
  • Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.
María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
  • Vivir una devoción real y verdadera a María.
Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:
  1. Mirar a María como a una madre: Platicarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.
  2. Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.
  3. Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.
  4. Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.
  • Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María.
La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como la del Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía), el Regina Caelila Consagración a María y el Rosario.
Varias oraciones Marianas
Que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos




Pincha y podrás investigar...