14 de abril de 2020

TERCER TRIMESTRE



Estimadas familias:

Espero y deseo que toda la familia os encontréis  bien de salud.

Estamos viviendo una situación excepcional y complicada y todos/as hemos tenido que cambiar nuestros hábitos, rutinas y métodos de trabajo.

Desde el ámbito educativo también hemos tenido que adaptarnos a esta nueva situación. No sabemos el tiempo que va a durar el confinamiento y tampoco si podremos volver a vernos en el colegio este curso, aunque espero que así sea. Mientras se nos da respuesta a estas cuestiones, desde Religión Católica voy realizar mi labor educativa.

Según instrucciones recibidas por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del 13 de Abril de 2020, donde se regulan las medidas educativas para el desarrollo del tercer trimestre, voy a llevar el siguiente plan de actuación:

A.- Se llevará a cabo el repaso y refuerzo de objetivos y contenidos de trimestres anteriores, y en su caso, presentación de contenidos básicos y mínimos para garantizar al alumnado la promoción y superación del curso escolar.

B.- La Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha dispuesto para el profesorado un entorno virtual, oficial y seguro, la plataforma Papás 2.0, que nos mantendrá en contacto, aunque todavía no la domino en toda su variedad, por lo que vamos a seguir utilizando el blog de Religión Católica del centro. Os recuerdo los enlaces, general y por cursos.



C.- Se ajustarán los procesos de control  por medio de los comentario que hagáis a las entradas al  blog por semana, donde deben constar nombre y curso y por los envíos de las actividades, (podéis enviarlas por papas 2.0) Si esto fuera difícil, guardad las actividades para cuando nos podamos ver. Confío totalmente en vosotros.
Que cada familia se adapte a sus circunstancias. (Notificádmelo, gracias)

Quedo a vuestra entera disposición.

Sin más, y agradeciendo de antemano su colaboración, reciban un cordial saludo.

Marina

Religión Católica
CEIP. Luis Palacios



13 de abril de 2020

OCTAVA DE PASCUA

Con el Domingo de Resurrección comienza los cincuenta días del tiempo pascual que concluye en Pentecostés. La Octava de Pascua se trata de la primera semana de la Cincuentena; se considera como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se prolonga ocho días seguidos.

Las lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado y que nos transmiten fielmente. En la primera lectura iremos leyendo de modo continuo las páginas de los Hechos de los Apóstoles.

En este tiempo litúrgico, la primera lectura que comúnmente se toma del Antiguo Testamento, se cambia por una de Los Hechos de los Apóstoles.





El lunes de la octava de Pascua es fiesta en la mayoría de países europeos y en algunas comunidades españolas. Esta costumbre tiene sus orígenes en el hecho de que entre los siglos IX al XIII en la mayor parte de los lugares se oía Misa y se abstenían de trabajos serviles durante toda la semana de Pascua; más tarde esta norma se limitó a dos días (lunes y martes) y desde finales del siglo XVIII, quedó reducida al lunes solamente. En algunos países como los Estados Unidos y actualmente en España en algunas comunidades, incluso el lunes no es fiesta de precepto.
También ocurre esto último en Italia, donde no es un día de precepto pero si un día festivo que tiene una denominación especial, se le llama el “lunedì dell’Angelo” (el lunes del Ángel) y que recibe el nombre popular de Pasquetta en casi toda Italia, con pequeñas excepciones, como los genoveses entre otros, que le dan este nombre al seis de enero.
En el evangelio de Marcos se cuenta cómo pasado el sábado María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ungir el cuerpo de Jesús. Iban preocupadas porque no sabían quién les movería la piedra de la puerta del monumento. Cuando llegaron vieron que la piedra estaba movida. Entrando en el monumento vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca y quedaron sobrecogidas de espanto. El Ángel les dijo “No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; no está aquí; mirad el sitio donde lo pusieron. (Cfr Mc 16, 1-8).
A pesar de que estos hechos que relatamos ocurrieron el día después de la Pascua (hebrea), que cayó en sábado en aquella ocasión, la tradición los ha trasladado al día después de nuestra Pascua.
Esta fiesta civil, con un trasfondo religioso, fue instaurada en Italia después de la Gran guerra, con el fin de prolongar la fiesta de la Pascua y los italianos, aprovechando la recién llegada primavera.



Hoy primer lunes de Pascua, la Iglesia celebra el llamado “Lunes del Ángel”, llamado así porque fue precisamente un ángel en el sepulcro, el que anunció a las mujeres que el Señor Jesús había resucitado.
San Juan Pablo II hizo una explicación de este día en 1994.
“¿Por qué se le llama así?”, se le preguntó al Pontífice, poniendo en evidencia la necesidad de destacar la figura de aquel ángel, que dijo desde lo más profundo del sepulcro: “Ha resucitado”.
Estas palabras “eran muy difíciles de pronunciar, de expresar, para una persona. También, las mujeres que fueron al sepulcro lo encontraron vacío, pero no pudieron decir "ha resucitado"; solo afirmaron que el sepulcro estaba vacío. El ángel dice más: "no está aquí, ha resucitado”.
Así lo narra el Evangelio según San Mateo: "El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: 'Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho'". (Mt 28, 5-7)
Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Como criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles.
El resplandor de su gloria da testimonio de ello: Cristo es el centro del mundo de los ángeles y estos le pertenecen, más aún, porque los hizo mensajeros de su designio de salvación.
Desde hoy, hasta el final de la Pascua en Pentecostés, se recita la oración del Regina Coeli en vez del Ángelus. Durante el tiempo pascual la Iglesia Universal se une en la oración Regina Coeli o Reina del Cielo para unirse con alegría a la Madre de Dios por la resurrección de su Hijo Jesucristo, hecho que marca el misterio más grande de la fe católica.

El rezo de la antífona de Regina Coeli fue establecida por el Papa Benedicto XIV en 1742 y reemplaza durante el tiempo pascual –desde la celebración de la resurrección hasta el día de Pentecostés – al rezo del Ángelus cuya meditación se centra en el misterio de la Encarnación.

Al igual que el Ángelus, el Regina Coeli se reza tres veces al día, al amanecer, al mediodía y al atardecer como una manera de consagrar el día a Dios y a la Virgen María.

No se conoce el autor de esta composición litúrgica que data siglo XII, pero se sabe que era repetido por los frailes menores franciscanos después de las completas (Liturgia de las Horas) en la primera mitad del siguiente siglo. Luego, la popularizaron y extendieron por todo el mundo cristiano.

En 2009, el Papa Emérito Benedicto XVI señaló que el “alégrate” María pronunciado por el ángel resuena en una invitación a la alegría: “Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya”.





12 de abril de 2020

TIEMPO PASCUAL 2020


TIEMPO PASCUAL

Los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de Pentecostés.
El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios.

Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.


La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

La fiesta de la Pascua es tan importante, que un solo día no nos alcanza para festejarla. Por eso la Iglesia ha fijado una octava de Pascua (ocho días) para contemplar la Resurrección y un Tiempo Pascual (cincuenta días) para seguir festejando la Resurrección del Señor.

¿Cómo se celebra el Domingo de Pascua?

Se celebra con una Misa solemne en la cual se enciende el cirio pascual, que simboliza a Cristo resucitado, luz de todas las gentes.
En algunos lugares, muy de mañana, se lleva a cabo una procesión que se llama “del encuentro”. En ésta, un grupo de personas llevan la imagen de la Virgen y se encuentran con otro grupo de personas que llevan la imagen de Jesús resucitado, como símbolo de la alegría de ver vivo al Señor.



En algunos países se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.



La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar la Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.



A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.


La tradición de los “huevos de Pascua”

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos decorados por ellos mismos. Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado. Ellos los ponían como adornos en sus casas.

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían hacer sacrificios para limpiar su alma. Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma. Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de huevos para regalar a los demás cristianos. Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Uno de estos primeros cristianos se acordó un día de Pascua de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar. A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron. Desde entonces, se regalan huevos de colores en Pascua para recordar que Jesús resucitó.
Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas, como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua. Son esos los que regalamos hoy en día.

¿De dónde viene lo del “conejo de Pascua”?

Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue incluyendo la imagen del conejo a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar en Alemania conejos y huevos de chocolate y azúcar para regalar en la Pascua.

Los alemanes, para justificar "cristianamente" la mezcla de símbolos paganos y cristianos, inventaron una muy curiosa leyenda, cuento o fábula, que se ha ido transmitiendo de generación en generación y que dice así:

Había una vez un conejo que vivía en el sepulcro que pertenecía a José de Arimatea donde depositaron el cuerpo de Jesús después de su muerte en la cruz.
El conejo estaba presente cuando lo sepultaron y vio cómo la gente lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.
Cuando pusieron la piedra que cerró la entrada, el conejo se quedó ahí mirando el cuerpo de Jesús y preguntándose quien sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas. Pasó todo un día y toda una noche mirándolo, cuando de pronto Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca! El conejo entonces comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y se sintió obligado a avisar al mundo y a todas las personas que lloraban que ya no tenían que estar tristes, pues Jesús no estaba muerto, sino que había resucitado. Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo, símbolo de la vida, los hombres entenderían el mensaje de resurrección y alegría. Desde entonces el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres.
















DOMINGO DE RESURRECCIÓN O DOMINGO DE GLORIA


El Domingo de Resurrección o Domingo de Gloria es la fiesta más importante para los cristianos porque celebran la Resurrección de Jesucristo tras haber sido crucificado.

Con esta celebración religiosa finaliza de la Semana Santa para la fe católica y cristiana.
La Biblia señala que Cristo triunfó sobre la muerte y con esto abrió las puertas del cielo a los creyentes.
En la Misa dominical se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo Resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando se conmemora la subida de Jesús al cielo.

¿Qué ocurrió durante el Domingo de Resurrección?

Según relatan los Evangelios, aquel día tres mujeres se presentaron muy temprano en el sepulcro de Jesús de Nazaret, ellas eran María Magdalena y María la madre de Santiago y una seguidora de llamada Salomé.
Ante ellas se presenta un ángel anunciando la resurrección de Cristo. Ellas atemorizadas van en busca de los apóstoles y Jesús se les presenta nuevamente.
La aparición de Jesús de Nazaret es interpretada como oportunidad de salvación, de entrar al cielo. Por eso, este día también recibe el nombre de Pascua, que significa “paso”, el paso de la muerte a la vida.

¿Cómo se celebra el Domingo de Resurrección?

En el último día de Semana Santa se moderan las actividades religiosas.
Las celebraciones por el Domingo de Gloria se inician con la Misa dominical del encendido del Cirio Pascual y se canta el Pregón Pascual, un canto que anuncia la Resurrección de Cristo.
El Cirio Pascual simboliza la luz de Cristo que llega a toda la humanidad.


También se realiza una procesión llamada El Santo Encuentro. En una intersección de calles o en una plaza, coinciden la imagen del Cristo resucitado con el de la Virgen María o la Señora de la Alegría.






11 de abril de 2020

SÁBADO SANTO O SÁBADO DE GLORIA


Hoy es Sábado Santo y es un día de espera. Jesús se encuentra en el sepulcro y es María quien acompaña a la Iglesia.
María es la madre de la paciente espera, aunque está dolida por la muerte de su hijo. Ella fue la única que mantuvo viva la llama de la fe cuando Cristo fue sepultado.
Según el P. Paniagua en una reflexión sobre el Sábado Santo, muchos de los seguidores de Jesús se desilusionaron porque creían que él iba a ser el Gran Mesías de Israel.
Ellos esperaban a un guerrero que los liberara del dominio romano con puño de hierro y un ejército numeroso. Sin embargo, cuando vieron que Cristo se dejó crucificar y murió, quedaron tristes y desilusionados. “Jesús fracasó, volvamos a nuestras tareas ordinarias”, dijeron los discípulos de Emaús. También  los apóstoles estaban con miedo, y se mantenían escondidos.
Incluso las mujeres que estuvieron al pie de la Cruz, van a embalsamar el cuerpo del Señor porque ya lo consideran como a un muerto. Ellas no habían creído en la resurrección de Cristo, y cuando encontraron el sepulcro vacío se llenaron de terror. Y no entienden por qué no está el cuerpo de Jesús y comienzan a dudar de lo que él les había dicho sobre la resurrección. Al aparecerse el ángel , una de ellas le pregunta : ¿ Adónde se han llevado al Señor? Sólo cuando Cristo se les aparece, creen.
María, en cambio, no fue al sepulcro porque había acogido la palabra de Dios en su corazón. Y por ser una mujer de fe profunda, había creído. Por lo tanto, ella no estaba desilusionada, ni asustada, ni desconfiaba. Sino que espera plenamente en la resurrección de su hijo.
Pese de haber visto todo el dolor del día anterior, su fe y su esperanza son mucho más grandes aún. Se mantuvo firme al pie de la cruz, aunque profundamente dolida. En esos momentos lo único que la sostuvo fue la fe. Y también la esperanza de que se cumplirían las promesas de Dios.
Más información:





















10 de abril de 2020

VIERNES SANTO


La celebración de Viernes Santo es una de las más representativas y profundas de la liturgia y piedad de la Iglesia. Se conmemora la crucifixión y muerte del Señor, razón por la cual los fieles guardan ayuno y abstinencia de carne como penitencia por sus pecados que han merecido tales tormentos al Señor. 
Viernes Santo es un día a-eucarístico pero no a-litúrgico. No hay celebración de la Eucaristía, pero sí celebraciones litúrgicas.  En lugar de la Eucaristía se celebra la Liturgia de la Pasión del Señor a la hora más cercana a las 15:00, por ser la hora en que murió Jesús. Los ornamentos de este día son de color rojo por la sangre derramada por Jesús en la Cruz y a lo largo de toda su Pasión. Es una celebración austera pero muy rica en significado. Los altares están desnudos, sin manteles ni adornos, pues han sido despojados tras la celebración de Jueves Santo. 
Peculiaridades del Viernes Santo
En la celebración litúrgica de Viernes Santo hay varias cosas peculiares.
  • Comienza en silencio y de rodillas:
Ya se empieza significativamente: en adorante y sobrecogedor silencio, el obispo y sacerdotes postrados en tierra mientras que el resto de fieles están de rodillas. En este día se proclama la Pasión entera, igual que Domingo de Ramos.
  • Adoración de la Cruz:
Es el único día del año en el que la cruz se adora, no se venera. La Cruz recibe el obsequio de nuestra genuflexión. Doblamos la rodilla ante ella. Esta cruz es mostrada al pueblo siendo despojada del velo que la cubre a la aclamación “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid, a adorarlo”. Tras esto, los fieles adoran la cruz con una genuflexión y un beso. 
  • Una colecta especial:
La colecta de este día es especial, pues está destinada al sostenimiento de los Santos Lugares en Tierra Santa. 
Devociones y costumbres populares del Viernes Santo
Este día es también marco cronológico para muchas devociones populares en torno a la Pasión del Señor. Es costumbre rezar el Vía crucis, la meditación de las Siete Palabras que el Señor pronunció en la Cruz, las procesiones del entierro y la vela ante el sepulcro 
En este día que como hemos dicho es a-eucarístico por estar de luto por la muerte del Señor, al igual que el Sábado hasta la celebración de la Vigilia Pascual, la Iglesia, en señal de su duelo también, hace callar las campanas que volverán a sonar cuando se anuncie que Cristo ha resucitado. En su lugar suenan unas matracas de madera, con un sonido muy característico. El órgano tampoco suena y el canto es monódico, evitándose la polifonía. 
Otras costumbres y tradiciones de este día es cubrir las imágenes de Jesús con una tela morada, y que serán descubiertas el Domingo de Resurrección. La imagen de la Virgen María se viste de luto por el profundo dolor causado por la muerte de su Hijo. Los fieles de la parroquia, sobre todo en la procesión del Santo Entierro también lo hacen. 
¿Cómo vivir bien el Viernes Santo?
Para poder vivir bien este día te recomendamos lo siguiente
  • Guarda el ayuno y abstinencia mandados por la Iglesia
  • Reza piadosa y atentamente el Vía crucis
  • Medita con atención y recogimiento las Siete Palabras
  • Participa de la Liturgia de Adoración de la Cruz
  • A las 15:00, hora en que murió Jesús, reza un Credo