- Biografía de San Anselmo de Canterbury
- Oración a San Anselmo
- San Anselmo de Canterbury en la Enciclopedia Católica
Blog Educativo: Religión Católica. CEIP Luis Palacios Valdepeñas (Cuidad Real)
Nació el año 1033 en Aosta (Piamonte). Ingresó en el monasterio benedictino de Le Bec, en Normandía, y enseñó teología a sus hermanos de Orden, mientras adelantaba admirablemente por el camino de la perfección. Trasladado a Inglaterra, fue elegido obispo de Canterbury y combatió valientemente por la libertad de la Iglesia, sufriendo dos veces el destierro. Escribió importantes obras de teología. Murió el año 1109.
Nació en Montepulciano, (Italia) en 1268 y fue una de las figuras más brillantes de la Orden de Santo Domingo.
A los 9 años obtuvo que sus padres (que eran de una de las principales familias de la ciudad) la dejaran irse a vivir a un convento de religiosas. Allí su seriedad y su comportamiento tan inteligente le atrajeron de tal manera la confianza de las superioras que cuando apenas tenía catorce años la encargaron ya de la portería del convento y de recibir las visitas.
Santo de la Causas Justas y Urgentes
Es contemporáneo de Santa Filomena, y su martirio ocurrió el 19 de Abril del año 303.
Vivió a principios del siglo IV bajo el imperio de Diocleciano, emperador que años más tarde lo mandaría a matar. Era el comandante de una legión de soldados romanos. Por orden del emperador Diocleciano, fue sacrificado en Melitene, sede de una de la Provincias Romanas en Armenia. Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo.
A pesar de ser un soldado romano, encargado de defender el Imperio de Roma, cierto día, la gracia de Dios tocó su corazón y se convirtió al Cristianismo. Según dicen en el momento de la conversión un cuervo trató de persuadirlo que lo dejase para MAÑANA.
Como buen soldado, san Expedito reaccionó enérgicamente aplastando al cuervo diciendo repetidas veces HOY. No dejaré nada para MAÑANA, a partir de HOY seré cristiano.
San Expedito es reconocido por el Don para resolver necesidades urgentes pero también es Patrono de los Jóvenes, Socorro de los Estudiantes, Mediador en los Procesos y Juicios, Salud de los Enfermos, Protector en los Problemas de Familia, Laborales y Negocios, pudiendo ser invocado en otros casos.
Cada 17 de abril la Iglesia celebra la Fiesta de Santa Catalina (Kateri) Tekakwitha, la primera santa piel roja de Estados Unidos. Se le considera patrona de la naturaleza y de la ecología junto a San Francisco de Asís. Sus últimas palabras fueron: “¡Jesús, te amo!”.
Catalina nació en Auriesville, Nueva York (Estados Unidos), en 1656. Su madre era una cristiana miembro de la tribu algonquina, que había sido capturada por los iroques y liberada por quien sería el padre de Tekakwitha, un jefe tribal Mohawk.
A los cuatros años mueren sus padres y su hermano por la epidemia de viruela. A causa de esta misma enfermedad ella quedó con el rostro desfigurado, la vista seriamente dañada y a cargo de sus tíos.
A sus 11 años, Catalina conoció la fe cristiana cuando a su pueblo llegaron misioneros jesuitas, que acompañaban a los diputados mohicanos para firmar la paz con los franceses.
Si bien aceptó la fe rápidamente, la joven pidió bautizarse recién a los 20 años, haciendo frente a la oposición de su familia, y al rechazo de su comunidad. Tuvo que huir de su pueblo hasta llegar a unas comunidades cristianas en Canadá.
Más adelante hizo la Primera Comunión el día de Navidad y realizó el voto de castidad. Durante su corta vida, mantuvo una intensa devoción al Bendito Sacramento.
Partió a la Casa del Padre el 17 de abril de 1680, en Semana Santa de aquel año, y con tan solo 24 años. A su muerte, el pueblo desarrolló inmediatamente una gran devoción por ella, y muchos peregrinos acudían a visitar su tumba, en Caughnawaga.
Cuenta la tradición que las cicatrices que la santa tenía en el rostro se desvanecieron después que falleciera y que se sanaron muchos enfermos que fueron al funeral.
En 1884, el P. Clarence Walworth mandó erigir un monumento junto a su sepultura y llegó a ser conocida como “El Lirio de los Mohawks”.
Santa Catalina fue beatificada por San Juan Pablo II, en 1980 y canonizada por el Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI, en octubre de 2012.
Si bien en Estados Unidos su fiesta es el 14 de julio, en el resto del mundo, de acuerdo al martirologio, hoy se recuerda a Santa Catalina Tekakwitha.
Nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita.
San Damián nació el 3 de enero de 1840 en Bélgica; su nombre de pila fue Jozef de Veuster. Ingresó a la vida religiosa como miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar, conocidos como los Sagrados Corazones de Jesús y María (SS.CC). Fue enviado como misionero a las islas Hawaii (Estados Unidos), donde fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 1864 en Honolulu, la capital.
Por ese entonces se desató una terrible epidemia de lepra. Los que caían enfermos eran apartados inmediatamente de la comunidad y enviados a la isla de Molokai, donde eran abandonados a su suerte. La medida fue iniciativa de las autoridades quienes querían evitar que se extienda la epidemia, pero resultaba ser injusta y cruel con los que se enfermaron. Es en esas circunstancias, el P. Damián solicitó permiso para ir a ayudar y acompañar espiritualmente a los habitantes de Molokai. Es así que el P. Damián se embarcó rumbo a la isla, en una de las embarcaciones en las que se trasladaban leprosos.
Molokai se había convertido en un lugar sombrío y violento. Muchos de los que vivían allí lo hacían sin paz ni esperanza. A diario el P. Damián escuchaba cómo los leprosos eran objeto de las burlas y del desprecio de los pocos que aún estaban sanos; oía los lamentos de los moribundos o se convertía en testigo involuntario de escenas terribles, con cadáveres en las calles o en fosas a medio enterrar, sirviendo de alimento a los perros.
Poco a poco, el Santo misionero fue transformando el lugar: construyó una iglesia en honor a Santa Filomena, un pequeño hospital, una enfermería y, por si fuera poco, organizó la construcción de una escuela y viviendas para albergar a los que no tenían techo.
Lamentablemente en 1885 contrajo lepra, cuando tenía sólo 49 años. Ante las solicitudes para que deje la isla, él decidió permanecer allí, a lado de los suyos. Sabía que irse podía significar para más de uno que Dios los estaba abandonando. El P. Damián por eso rechazó ser trasladado para recibir tratamiento:
"Hasta este momento me siento feliz y contento, y si me dieran a escoger la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo: ‘Me quedo para toda la vida con mis leprosos’”.
El Santo continuó con su obra evangelizadora mientras las fuerzas le acompañaron. Antes de morir vio llegar al P. Wendelin y a las hermanas franciscanas que se encargaron de la enfermería. Entre ellas estaba la Beata Madre Mariana Cope que sirvió más de 30 años a los leprosos.
San Damián de Molokai partió a la Casa del Padre el 15 de abril de 1889. Una estatua con su imagen se encuentra hoy ubicada dentro del Capitolio de Estados Unidos, como símbolo máximo de la historia del estado de Hawái.
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Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos. Ella nos enseña a aprovechar la enfermedad para pagar nuestros pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice: Santa Liduvina fue "un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica".