San Mauricio (llamado también Maurice, Moritz o Mauritius). Era el comandante de la Legión Tebana y murió martirizado a principios del siglo III.
La Legión Tebana, integrada sólo por cristianos procedentes de Egipto, recibió órdenes de partir hacia Galia para auxiliar al emperador Maximiano. Aunque combatieron valientemente, rehusaron obedecer la orden imperial de perseguir a los cristianos, por lo que fueron diezmados. Al negarse por segunda vez, todos los integrantes de la Legión Tebana fueron ejecutados. El lugar en que supuestamente tuvieron lugar estos hechos, conocido como Agaunum, es ahora la sede de la abadía de Saint Maurice, en el cantón suizo de Valais.
Esta es la versión más antigua de la historia del martirio de la Legión Tebana, de acuerdo con la carta que Eucherius, arzobispo de Lyon (c. 434 – 450) dirigió al también obispo Salvius. En otras versiones varía la causa del martirio, y los legionarios son ejecutados por negarse a hacer sacrificios a los dioses romanos.
Blog Educativo: Religión Católica. CEIP Luis Palacios Valdepeñas (Cuidad Real)
22 de septiembre de 2023
SAN MAURICIO EL TEBANO
21 de septiembre de 2023
SAN MATEO
Dos de los cuatro evangelistas dan a San Mateo el nombre de Leví, mientras que San Marcos lo llama, "hijo de Alfeo". Posiblemente Leví era su nombre original y adoptó el mismo el nombre de Mateo cuando se convirtió en seguidor de Jesús.
- Biografía de San Mateo
- Oración a San Mateo por la prosperidad en el negocio
- Oración a San Mateo
- San Mateo en la Enciclopedia Católica
- Evangelio según San Mateo
20 de septiembre de 2023
SAN PEDRO ARBUÉS
19 de septiembre de 2023
SAN JOSÉ MARÍA DE YERMO Y PARRES
El sacerdote José María de Yermo y Parres nació en la Hacienda de Jalmolonga, municipio de Malinalco, Edo. de México el 10 de noviembre de 1851, hijo del abogado Manuel de Yermo y Soviñas y de María Josefa Parres. De nobles orígenes, fue educado cristianamente por el papá y la tía Carmen ya que su madre murió a los 50 días de su nacimiento. Muy pronto descubrió su vocación al sacerdocio.
A la edad de 16 años deja la casa paterna para ingresar en la Congregación de la Misión en la Ciudad de México. Después de una fuerte crisis vocacional deja la familia religiosa de los Paúles y continúa su camino al sacerdocio en la Diócesis de León, Gto. y allí fue ordenado el 24 de agosto de 1879. Sus primeros años de sacerdocio fueron fecundos de actividad y celo apostólico.
Fue un elocuente orador, promovió la catequesis juvenil y desempeñó con esmero algunos cargos de importancia en la curia, a los cuales por motivo de enfermedad tuvo que renunciar. El nuevo obispo le confía el cuidado de dos iglesitas situadas en la periferia de la ciudad: El Calvario y el Santo Niño. Este nombramiento fue un duro golpe en la vida del joven sacerdote. Le sacudió profundamente en su orgullo, sin embargo decidió seguir a Cristo en la obediencia sufriendo esta humillación silenciosamente.
Un día, mientras se dirigía a la Iglesia del Calvario, se halla de improviso ante una escena terrible: unos puercos estaban devorándose a dos niños recién nacidos. Estremecido por aquella tremenda escena, se siente interpelado por Dios, y en su corazón ardiente de amor proyecta la fundación de una casa de acogida para los abandonados y necesitados. Obtenida la autorización de su obispo pone mano a la obra y el 13 de diciembre 1885, seguido por cuatro valientes jóvenes, inaugura el Asilo del Sagrado Corazón en la cima de la colina del Calvario. Este día es también el inicio de la nueva familia religiosa de las “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”.
Desde ese día el Padre Yermo pone el pie sobre el primer peldaño de una larga y constante escalada de entrega al Señor y a los hermanos, que sabe de sacrificio y abnegación, de gozo y sufrimiento, de paz y de desconciertos, de pobrezas y miserias, de apreciaciones y de calumnias, de amistades y traiciones, de obediencias y humillaciones. Su vida fue muy atribulada, pero aunque las tribulaciones y dificultades se alternaban a ritmo casi vertiginoso, no lograron nunca abatir el ánimo ardiente del apóstol de la caridad evangélica.
En su vida no tan larga (1851-1904) fundó escuelas, hospitales, casas de descanso para ancianos, orfanatos, una casa muy organizada para la regeneración de la mujer, y poco antes de su santa muerte, acontecida el 20 de septiembre de 1904 en la ciudad de Puebla de los Ángeles, llevó a su familia religiosa a la difícil misión entre los indígenas tarahumaras del norte de México. Su fama de santidad se extendió rápidamente en el pueblo de Dios que se dirigía a él pidiendo su intercesión. Fue beatificado por Su Santidad San Juan Pablo II el 6 de mayo 1990 en la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe en la Ciudad de México y canonizado el 21 de Mayo del 2000 en Roma.
18 de septiembre de 2023
SAN JOSÉ DE CUPERTINO
"La obediencia es como un cuchillo por el cual se mata la voluntad del hombre y se le ofrece a Dios. Hace que el hombre se valla conformando con el cielo.”
- Biografía de San José de Cupertino
- Oración a San José de Cupertino
- Oración a San José de Cupertino para ayudar en exámenes y estudios
- San José de Cupertino en la Enciclopedia Católica
SANTA SOFÍA
SOFÍA SE VENERABA JUNTAMENTE CON SUS TRES HIJAS: PISTIS, ELPIS Y AGAPE, NOMBRES QUE SIGNIFICAN SABIDURÍA, FE, ESPERANZA Y CARIDAD.
Enseñó a sus tres hijas en el temor de Dios. Cuando ellas
tenían ocho, diez y once años respectivamente, su madre se mudó a Roma y las
llevó con ella. Todos los domingos, las cuatro visitaban juntas las diversas
iglesias de la ciudad.
Sofía hizo amistad con muchas matronas romanas y logró
convertir a varias de ellas. Alguien denunció este hecho ante el emperador
Adriano, quien al conocer a las tres niñas quedó tan prendado de ellas y de su
hermosura que intentó adoptarlas como hijas, pero como a este proyecto se
enfrentaran firmemente tanto las niñas como su madre, el emperador las condenó
a diferentes tormentos.
De torturar a Fe, la mayor, se encargaron treinta y seis
soldados, quienes primero la azotaron, y luego, delante de una enorme multitud,
le arrancaron de cuajo los pechos. Cuantos presenciaron tan terribles escenas
fueron testigos de que mientras las heridas que los azotes produjeron en el
cuerpo de la jovencita brotaba leche en vez de sangre, de las de sus senos
manaba sangre en lugar de leche. En vista de este milagro, el público empezó a
protestar y a insultar al césar, calificando su proceder de injusto. Fe, a
pesar de que estaba contenta de padecer aquellos suplicios por Cristo, unió sus
voces a las de la multitud e despreció también al emperador. Entonces éste
ordenó que colocaran a la doncella sobre una parrilla de hierro incandescente.
Ilesa salió la niña de tan terrible tormento, tercero de la serie de ellos a
que fue sometida, e ilesa salió del cuarto que a continuación le aplicaron, que
consistió en ser arrojada a una sartén llena de aceite y de cera hirviendo,
visto lo cual Adriano mandó a sus verdugos a que la degollaran, y a través de
esta quinta tortura la santa niña murió. Inmediatamente el emperador hizo
comparecer a Esperanza, y como no logró doblegar su voluntad para que
sacrificara ante los ídolos, ordenó que la metieran en una caldera en la que
hervía a borbotones un líquido compuesto de grasas, cera y resina derretidas.
Al introducir a la muchachita en el recipiente, las gotas que de él saltaron
produjeron quemaduras en los infieles que presenciaban el espectáculo; pero,
como a Esperanza aquel baño no le producía ni la más mínima lesión, Adriano mandó
que la sacaran de la caldera y que le cortaran la cabeza con una espada.
Mientras duraron los martirios de sus dos hijas mayores, Sofía permaneció al
lado de Caridad dándole ánimos, y ésta, a pesar de ser tan pequeñita, ni trató
de congraciarse con el emperador, ni cuando le llegó el turno hizo caso alguno
de los halagos ni de sus amenazas, por lo cual el impío Adriano mandó que la
tendieran en el suelo y que le descoyuntaran todos sus miembros; después, la
apalearon, luego la azotaron con varas, seguidamente la arrojaron a un horno
encendido del que salían aparatosas y prolongadas llamas que alcanzaron y
abrasaron a muchos idólatras que se encontraban cerca, presenciando el macabro
espectáculo. La niña, sin embargo, totalmente ilesa, y radiante como el oro,
risueña y feliz, iba de un lugar a otro, paseando contenta, entre el fuego de
la hoguera. Desde el exterior los verdugos atravesándole el cuerpo con barras
de hierro al rojo vivo; mas como tampoco esto hiciera mella en el ánimo de la
pequeña, Adriano mandó que la degollaran, como a sus hermanas. De este modo,
Caridad, que había sufrido alegremente las pruebas a las que fue sometida,
conquistó también la corona del martirio. La santa madre, ayudada por alguno de
los presentes, enterró los cuerpos de sus santas hijas, y postrada ante la
tumba común, exclamaba:
-¡Hijas mías queridísimas! ¡Yo quiero reunirme con
vosotras!
Algún tiempo después Sofía murió en la paz del Señor. Su
cuerpo fue enterrado por los cristianos en la misma sepultura de sus hijas.
También ella fue mártir, puesto que padeció en sus entrañas maternales cada uno
de los tormentos que padecieron sus tres hijas.
Adriano acabó su vida roído de podredumbre y de
remordimientos, reconociendo que se había comportado inicuamente con aquellas
santas y cruelmente con los adoradores de Cristo.
FELICIDADES A TODAS LAS QUE HOY CELEBRAN SU ONOMÁSTICA.
17 de septiembre de 2023
SAN FRANCISCO DE CAMPOROSO
Nació en el seno de una familia humilde y a igual que sus hermanos, recibió una educación religiosa muy simple. A los 18 años el santo conoció a un hermano del convento de los monjes menores, y despertó en él el deseo de consagrarse al servicio de Dios. Fue admitido como terciario en el convento franciscano de Sestri Ponente y queriendo tener una vida de mayor austeridad, solicitó su ingreso entre los frailes menores capuchinos. Al año siguiente hizo su profesión en Génova y se le envió a trabajar en la enfermería para el cargo de gestor, cuyo oficio consistía en pedir limosna de puerta en puerta. En numerosas ocasiones, San Francisco recibió rotundas negativas por parte de los genoveses que no estaban muy dispuestos a ayudar a los religiosos, pero preservó con inagotable paciencia durante 10 años y llegó ser el mejor limosnero conocido en la ciudad donde ninguno de sus habitantes lo trataba mal o le negaba algo. Se le atribuyeron numerosos milagros y curaciones de enfermos, y toda Génova lo llamaba Padre Santo pues él era un verdadero padre para todos los pobres y afligidos que acudían a él. Una terrible epidemia de cólera devastó la ciudad, y San Francisco, abatido y casi inmovilizado por una dolorosa operación, ofreció al Padre Celestial su vida a cambio del cese de la epidemia. El 15 de setiembre fue atacado por la enfermedad y dos días después falleció, disminuyendo la fuerza de la epidemia hasta que cesó completamente. El Papa Juan XXIII lo canonizó el 9 de diciembre de 1962.










