En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal. (640 - c.721).
Tanto el historiador pagano Tácito, en su obran Annales, como el Papa
Clemente, en su Carta a los Corintios, testifican que muchos cristianos
sufrieron martirio en medio de indecibles tormentos con la persecución
desencadenada por el emperador Nerón después del incendio de Roma, en el
año 64.
Algunos de ellos fueron quemados como antorchas humanas en los banquetes
nocturnos, otros crucificados o echados como alimento de animales
salvajes. Estos mártires murieron antes que San Pablo y San Pedro y son
llamados "Los discípulos de los Apóstoles".
Cada 29 de junio, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, recordamos a estos grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, hacemos una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ante todo es una fiesta de la catolicidad.
Probablemente nació por el año 125, por alguna provincia de Asia Menor. Recibió una educación muy esmerada, ya que tenía profundos conocimientos de las Sagradas Escrituras, la literatura y la filosofía. Tuvo el privilegio de estar entre algunas personas que habían conocido a los Apóstoles y a sus primeros discípulos. Entre éstos figura San Policarpo, quien ejerció una gran influencia en su vida.
Entre los puertos de Asia Menor y Marsella existían grandes relaciones comerciales, en estos viajes llegaban los sacerdotes y misioneros que portaban el evangelio a los galos paganos y fundaron la iglesia local. A esta iglesia llegó San Irineo para servir como sacerdote, y ahí se quedó hasta su muerte.