7 de junio de 2026

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI - LEÓN XIV EN MADRID

El Corpus Christi, festividad católica que venera la eucaristía, se celebra cada año en una fecha diferente. En algunos puntos del país es festivo local, mientras que en otros también se considera no laborable a nivel autonómico.

El día del Corpus Christi es el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. O lo que es lo mismo, el jueves posterior a la solemnidad de la Santísima Trinidad, que a su vez tiene lugar el domingo siguiente a Pentecostés. Es decir, el Corpus Christi se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección, por lo que cada año cae en una fecha (como la Semana Santa).





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EL PAPA LEÓN XIV PRESIDE LA MISA Y PROCESIÓN DEL CORPUS CHRISTI EN MADRID






La Iglesia celebra el Día de la Caridad 2026 el próximo domingo 7 de junio. Como es costumbre, la celebración coincide con la Solemnidad del Corpus Christi y la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social publica el mensaje de los obispos miembros de esta Subcomisión, con el título "Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo". Como indica, la jornada de este año está marcada por la presencia del Papa León XIV en España con motivo de su visita apostólica.

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV

Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo

Un acontecimiento histórico, para alzar la mirada

La festividad del Corpus Christi está marcada este año por la visita del papa León XIV a nuestro país. El Santo Padre ha querido que uno de los actos centrales de su estancia sea la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus por las calles de Madrid. El Papa nos anima, durante estos días, a alzar la mirada.

Esta mirada a lo alto solo es posible en Cristo resucitado. Él es quien abre las puertas y ventanas de la casa donde estaban los discípulos encerrados por miedo, para salir al mundo con una mirada renovada. «Paz a vosotros» fueron las primeras palabras del resucitado, al igual que han sido las primeras con las que el papa León saludaba a la humanidad entera en el comienzo de su pontificado.

Hace más de 20 años, San Juan Pablo II, con la carta apostólica Mane nobiscum Domine presentó al mundo «la Eucaristía como una gran escuela de paz». La celebración del Corpus es una invitación para el mundo entero a profundizar en esta escuela.

Mirar desde las víctimas

Si hablamos de una escuela de paz hemos de reconocer que estamos aún en los cursos más elementales, que no hemos sido alumnos muy aplicados, que la humanidad parece haber dado la espalda a la paz. Las numerosas guerras en diversas partes del mundo son una clara muestra, guerras que ocupan las portadas de los medios de comunicación, pero también aquellas guerras olvidadas de las que nadie habla, como si no existieran.

Es en esos lugares, donde se sufre la violencia, donde la fraternidad se ha resquebrajado, donde la pobreza es una carga insoportable..., es en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad «donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica». «En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos», porque aquí es donde se aprende la gran lección de esta escuela de paz: «la santidad cristiana».

Poner la mirada en Cristo

Estamos llamados a mirar a Cristo desde esta escuela de la santidad que son las víctimas de este sistema injusto. Al igual que el grano triturado forma el pan que se transformará en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, así la vida quebrada de tantas personas víctimas de violencia nos facilita poner la mirada en el Dios que reconocemos en los pobres y sufrientes. En la celebración del Corpus, el papa León invita a toda la Iglesia a dirigir la mirada continuamente al Señor, presente en el Sacramento del Altar y en el cual se descubre la plena manifestación de amor.

Al alzar nuestra mirada a Cristo Eucaristía descubrimos que se cumple su promesa: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Esta mirada da lugar a un encuentro transformador con Cristo de corazón a corazón, un movimiento «del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva».

El encuentro con Cristo transforma la vida, «para que toda ella llegue a ser en cierto modo “eucarística”». Transformar la existencia personal y comprometernos con la transformación del mundo según el Evangelio. Es necesario ver la luz del Señor y creer en Él para no hundirse en la oscuridad. Esta luz se abre paso en el corazón de cada ser humano a pesar de las resistencias, guerras y egoísmos. «La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. Como dijo el papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, «la paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”».

Dejarse iluminar por quien camina entre nosotros

Durante la procesión del Corpus se manifiesta el caminar de Dios en medio de su pueblo. Como un faro luminoso que ilumina nuestra vida social y personal, Cristo va calando en nuestras vidas. En la medida que reine entre nosotros, «la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y de dignidad para todos». De este modo, la experiencia cristiana provoca consecuencias sociales.

En la escuela de la Eucaristía, el cristiano aprende a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. Aprende a vivir el discipulado en Cristo, que ilumina un nuevo nacimiento capaz de regenerar la fraternidad como base de la vida social. La presencia de Cristo entre nosotros nos ilumina para reconocer las estructuras de injusticia que deben ser destruidas con la fuerza del bien, mediante un cambio de mentalidad, pero también con políticas que buscan el bien común y que promueva una solidaridad capaz de transitar caminos «hacia la paz y hacia el desarrollo».

Tal y como nos recordaba el papa León XIV, queremos «invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento». Gestos que hagan presente el Reino de Dios, como anunció Jesús en la sinagoga de Nazaret

- Vivir en relación con los demás, salir del aislamiento y hacer que la comunidad sea espacio para tejer relaciones fraternales y amistosas.

 - Realizar signos de entrega y servicio verdadero. El amor no es un sentimiento, el amor o es real o es una fantasía novelada. Decir que uno se hace pan significa que trabaja por saciar el hambre en todos los aspectos y dimensiones.

- Abrir espacios nuevos acogedores y hospitalarios, en los que podamos activar la caridad para servir y atender mejor, para cuidarnos mutuamente, para celebrar y dar gracias por la vida.

Un deseo desde el corazón

Nuestro deseo, desde lo más hondo del corazón, es que la celebración del Corpus sea un encuentro con Cristo que camina en medio de nosotros, que nos pide alzar la mirada desde nuestras heridas, que nos urge a dejarnos iluminar y transformar por Él, y que nos exige demostrar todo eso siendo agentes convencidos de transformación y cambio de las estructuras injustas de este mundo. El papa León XIV lo dice con mucha claridad: «En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos».


 


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