Desde 1964, para conmemorar la muerte de Gandhi, se celebra el 30 de enero el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, reconocido por la UNESCO en 1993.
En esta fecha se recuerda la necesidad de la educación para la tolerancia, la solidaridad, el respeto a los Derechos Humanos, la no violencia y la paz.
El lema de este día es:
"amor universal, no-violencia y paz. El amor universal es mejor que el egoísmo, la no-violencia es mejor que la violencia y la paz es mejor que la guerra'.
Tomás nació en medio de una aristocrática familia, alrededor de 1225. A pesar de la fuerte oposición de los suyos, ingresó a la orden de Santo Domingo a la edad de 19 años. En 1245, sus superiores lo enviaron a estudiar a París, donde sus dotes de humildad hicieron que al principio su gran inteligencia y saber pasasen desapercibidos. Sus condiscípulos llegaron a llamarlo, por su silenciosa y meditativa timidez, y su físico corpulento, “el buey mudo”.
Al recibirse de bachiller, siguiendo el orden académico de la época, comenzó a enseñar en la Universidad de París, y compuso obras como sus comentarios sobre el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, sobre el libro de Isaías y sobre el Evangelio según San Mateo. Cuatro años más tarde, se le confió la cátedra de doctor, encargado de enseñar, discutir y predicar y algún tiempo después, empezó a escribir la Suma contra los Gentiles.
De 1259 a 1268, el santo era muy popular en toda Italia, país en el que enseñó y donde también predicó en muchas ciudades. Hacia 1266, comenzó a escribir la más famosa de sus obras: la Suma Teológica. De vuelta a París, el santo continuó, en medio sus clases, predicaciones y discusiones públicas, la redacción de la Suma, incluido el tratado de la Eucaristía. Dice una tradición que el Crucifijo le habló y le dijo: “Has escrito bien de mí, Tomás”, confirmando su teología eucarística. Posteriormente, Tomás fue llamado nuevamente a Italia y ocupó el cargo de rector en la Universidad de Nápoles.
Al año siguiente, por causa de una poderosa visión, Tomás cesó de escribir y enseñar, sin terminar la Suma Teológica. Se hallaba muy enfermo cuando el Papa Gregorio X lo invitó al Concilio de Lyon, pero durante el viaje su enfermedad se agravó aún más, siendo trasladado a la abadía cistercience de Fossa Nuova, donde falleció en la madrugada del 7 de marzo de 1274.
Fiesta de la Conversión de San Pablo 25 de Enero
Judío de la tribu de Benjamín, Saulo fue enviado por sus padres desde muy joven a Jerusalén, donde se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. Luego, ingresó a la severa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y ya cerca de Damasco, una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, cegándolo por espacio de tres días, tiempo en el que permaneció en casa de un judío llamado Judas, sin comer ni beber.
Por revelación de Cristo, el cristiano Ananías fue al encuentro de Saulo, quien recuperó la vista y se convirtió, accediendo al bautismo y predicando en las sinagogas al Hijo de Dios, con gran asombro de sus oyentes. Así el antiguo perseguidor blasfemo se convirtió en apóstol y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.
NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ 24 de Enero
Nuestra Señora de la Paz es una advocación de la virgen a la que en las letanías se le invoca como Reina de la Paz. El 18 de diciembre del año 645, pasada la medianoche, terminado el IX Concilio de Toledo, su arzobispo Ildefonso (luego declarado Santo), ferviente devoto de la Virgen María, en compañía de algunos colaboradores, se dirigió a la Catedral para cantar los maitines (oraciones que se realizaban hacia las 3 de la noche). Al entrar, se produjo en el altar un resplandor fuerte e irresistible.
Los acompañantes del arzobispo huyeron asustados, pero él avanzó resueltamente y vio a la Santísima Virgen, que había descendido del cielo y estaba sentada en su cátedra episcopal.
La Madre de Dios habló con dulces palabras a su fiel servidor y promotor de la fe en su inmaculada concepción, le entregó una casulla, que se conserva allí, y después desapareció. Por este particular beneficio, a su muerte ocurrida el 23 de enero de 667, la Iglesia de Toledo decretó que el 24 de enero se celebrase solemnemente en todo el arzobispado, el memorable descenso de la Virgen María a la Iglesia Catedral.
Pero el nombre y la advocación de Nuestra Señora de la Paz le es dado a fines del siglo XI.
Por eso en el arzobispado de Toledo se celebra una fiesta el día 24 de Enero para conmemorar la admirable descensión de la Reina de los Ángeles a la Santa iglesia Catedral de ésta ciudad con el fin de manifestar su agradecimiento a su devotísimo siervo San Ildelfonso.
Gracias“Un niño de Infancia Misionera siempre dice: Gracias”: así reza uno de los postulados del Decálogo del Niño Misionero. En él se ha inspirado el Secretariado de esta Obra Pontificia para proponer el lema de este año. GraciasLa Obra de la Infancia Misionera invita a los más pequeños a contemplar el mundo desde la curiosidad y la admiración. Les ayuda a salir de sí mismos y a descubrir que, más allá de las propias fronteras, hay otros niños, otra realidad, otro mundo. Los educadores tienen la hermosa tarea de ayudarles a valorar esta novedad como un don y un regalo. Su respuesta no se hace esperar: “Gracias”.
GraciasLa gratitud brota, de manera natural y sencilla, al reconocer los dones recibidos. Ir descubriendo la alegría de ser “pequeños misioneros” de Jesús, que pueden compartir con otros niños y niñas a través de la oración y de la ayuda económica, es también un enorme motivo de agradecimiento.
Cartel Infancia Misionera 2016
Un grupo de niñosque están alegres y contentos. Algo ha sucedido en sus vidas. Tal vez sea, precisamente, la misma vida y el gozo de estar juntos. Como expresión de universalidad, sus rasgos faciales manifiestan la diversidad de sus razas. Es una muestra de cómo los más pequeños se unen para un fin bueno.
La pancarta les delata. Quieren dar gracias por la creación, por la amistad, por la vida. En una de las gorras aparecen las siglas “IM” como distintivo, y se ven dos banderas en el horizonte. Son los niños de Infancia Misionera, que muestran su gratitud por lo que son y por lo que están viviendo.
La Jornada de Infancia Misionera 2016 lleva por lema "Gracias"
Solo los niños que saben ser agradecidos por lo que tienen pueden asumir el compromiso de 'darse' ayudar a los demás como hacen los misioneros.
El 17 de enero se celebra la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema, “Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la Misericordia“. Esta mañana, viernes 8 de enero, en la sede de la Conferencia Episcopal Española, se ha presentado la campaña que ha puesto en marcha la Comisión Episcopal de Migraciones con motivo de esta Jornada.
Saber mirar es saber amar
El autobús está arrancando. La madre, que viene de lejos, al final del día duerme mirando a su hija. La pequeña quiere jugar y provoca la atención de un transeúnte. Le interpela para que se detenga con una llamada en el cristal. El hombre apenas tiene un segundo mientras el autobús coge velocidad. Entonces dibuja con sus manos el corazón de la misericordia. Ambos sonríen, se han mirado en la noche. Aunque el destino sea incierto, en un momento fugaz se han visto sorprendidos por un encuentro. Los obstáculos de diferencia de edad, de raza o de idioma han sido derribados. Han aprovechado el instante. Y en éste se hace un pequeño milagro que cambia el mundo.
Del 18 al 25 de enero se celebra la Semana
de Oración por la Unidad de los Cristianos que este año lleva el lema,
“Destinados a proclamar las grandezas del Señor”. Durante estos días, en
las diócesis españolas, se organizan distintas celebraciones
ecuménicas. La Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales
ha editado unos materiales par facilitar su preparación.
Destinados a proclamar las grandezas del Señor (CF. 1 PE 2.9)
Cada 17 de enero se celebra la Fiesta de San Antonio Abad, ilustre padre de los monjes cristianos y modelo de espiritualidad ascética. San Antonio, cuyo nombre significa “floreciente”, nació en Egipto por el año 250 de padres campesinos y acaudalados. En una Misa resonaron en él estas palabras de Jesús: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres”.
Cuando murieron sus padres cuando tenía unos 20 años, repartió sus bienes entre los pobres y se fue a hacer penitencia al desierto. Allí hizo vida de ermitaño y más adelante vivió junto a un cementerio, reflexionando en este tiempo sobre la vida de Jesús que venció a la muerte. “Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: ‘El que no trabaja que no coma’; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres”, afirma San Atanasio en la biografía que escribió del Santo.
Organizó comunidades de oración y trabajo. Sin embargo, optó de nuevo por ir al desierto, donde integró la vida solitaria con la dirección y organización de un grupo de ermitaños que se encontraban en esa zona. De esta manera San Antonio Abad se convirtió en uno de los iniciadores de las comunidades de monjes en la historia del cristianismo, que luego se fueron expandiendo por todo el mundo y que siguen existiendo en nuestros días. Junto al Obispo San Atanasio defendió la fe contra el arrianismo, una herejía que negaba la divinidad de Jesucristo. Además, según San Jerónimo, el abad San Antonio se hizo amigo de San Pablo el ermitaño.
“Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: En efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llegó un momento en que su memoria suplía los libros”, destaca San Atanasio. “Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano”, añade. San Antonio Abad partió a la Casa del Padre hacia el 356, en el monte Colzim, próximo al Mar Rojo. Es considerado también patrón de tejedores de cestos, fabricantes de pinceles, cementerios y carniceros.
El Tiempo Ordinario de la Liturgia, ordinario no significa de poca importancia 11 de enero de 2016 Ordinario
no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro.
Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos
fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y
su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además,
ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.
El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y
buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo
Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le
encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante
de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por
cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también
nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra
fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la
Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e
implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.
Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere.
Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida
espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las
relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros
sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en
todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico
para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en
virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación,
en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y
tiene fe y amor!
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI
dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía
peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas
de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues
esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del
Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”.
Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde
después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la
Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento.
Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con
esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y
salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta
tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en
nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y
durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora
a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a
todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le
consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día
siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el
Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos
entusiasmaremos?
Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que
aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con
los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a
quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro
mundo.
Por: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Catholic.net