San Juan Damasceno, el primero de la larga fila de aristotélicos cristianos, fue también uno de los dos grandes poetas de la Iglesia oriental. El santo pasó su vida entera bajo el gobierno de una califa mahometano y este hecho muestra el extraño caso de un Padre de la Iglesia cristiana, protegido de las venganzas de un emperador, cuyas herejías podía atacar impunemente, ya que vivía bajo el gobierno musulmán. Fue uno de los más grandes y fuertes defensores del culto de las sagradas imágenes en la amarga época de la controversia iconoclasta. Como escritor teológico y filósofo, no intentó nunca ser original ya que su trabajo se redujo más bien a compilar y poner en orden lo que sus predecesores habían escrito.
A pesar de su formación teológica, no parece haber considerado al principio, otra carrera sino la de su padre, Jefe del departamento de recaudación de impuestos, a quien sucedió en su oficio. En la corte podía llevar libremente una vida cristiana y ahí se hizo notable por sus virtudes y especialmente por su humildad. Sin embargo, el santo renunció a su oficio y se fue de monje a la "laura" de San Sabas, lugar donde escribió sus primeras obras contra los iconoclastas, compuso himnos y poemas. El resto de su vida la pasó escribiendo teología y poesía en San Sabas, donde murió en a una edad avanzada.
Iniciamos un nuevo ciclo litúrgico, el ciclo
B, y con él, el tiempo de Adviento,
tiempo de espera de la venida del Señor
que nos aguarda en la cueva de Belén.
En este primer domingo nos llaman la
atención dos ideas: el deseo de Isaías, para
que Dios venga y moldee nuestra vida con
sus propias manos; y la insistencia de Jesús
en el Evangelio de Marcos para vigilar nuestra
vida ante su venida.
El profeta Isaías se dirige a Dios con gran
ímpetu y deseo para expresarle unas palabras
muy atrevidas: «Ojalá rasgases el cielo
y bajases». Y es que el profeta le cuestiona a
nuestro Padre por qué nos deja vagar fuera
de sus caminos, siendo nosotros creaturas
suyas. No olvidemos que Dios nos ha creado
libres para que, cada cual, libremente, elija.
Esta elección será la apropiada cuando decidamos
acercarnos a Dios y queramos relacionarnos
con Él. Entonces, nos daremos
cuenta de nuestra debilidad, de nuestros límites humanos, de que nuestro barro necesita,
una y otra vez, de la ayuda de Dios para
ser renovado. Tener una relación con Dios
implica aceptar su Palabra y vivirla. Así,
nuestra arcilla, nuestro ser humano, llegará
a ser una vasija llena de amor trasmitido por
las manos de su alfarero.
Ante nuestro barro caído y destrozado,
no nos cansemos de pedir en la oración a
Dios que nos restaure, que nos vuelva hacer
cada día de nuevo, para que brille su rostro
sobre nosotros por medio de su Hijo Jesucristo,
que es nuestro mediador y salvador.
Nuestra tarea es mantenernos firmes, despiertos,
vigilantes en nuestro camino diario.
Estemos atentos a nuestros deseos, nuestras
inclinaciones, para discernir si son de Dios.
Tenemos un modelo perfecto de hombre, el
Hijo de Dios, que está con nosotros en la Eucaristía,
que se comparte con todos los que
se acercan a Él.
En este tiempo de Adviento, Jesús nos
invita a velar; a estar despiertos; a orar incesantemente
como lo hacía san Francisco
Javier, patrono de las misiones, cuya festividad
celebramos hoy.
Comentario dominical por: Antonia Ruiz Caballero
Mc 13, 33-37: “Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”.
La cosa va de prestar atención, de estar en vela, de no dormirnos ante la visita tan importante que viene, especialmente en Adviento, a nuestras vidas. ¿Qué nos impide estar despiertos? ¿Qué imposibilita que encendamos la vela de la acogida, del amor, del compartir, de la alegría, de la esperanza? ¿Quién puede encender la mecha de nuestra alma?
Hasta que no nos pongamos en tesitura de ofrecernos al Padre, esa llama no prenderá. La oración nos ayudará, como instrumento privilegiado para ese necesario encuentro.
¡Ánimo! ¡Velad! ¡Encended la vela! Hasta que la gran estrella nos oriente.
Nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Cuando estudiaba en París, se unió al grupo de san Ignacio. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años, y convirtió muchos a la fe. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China.
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:
La forma circular
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes
Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas
Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.
El Adviento es el tiempo de preparación para celebrar la Navidad y comienza cuatro domingos antes de esta fiesta. Además marca el inicio del Nuevo Año Litúrgico católico y este 2017 empezará el domingo 3 de diciembre.
Adviento viene del latín “ad-venio”, que quiere decir “venir, llegar”. Comienza el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés Apóstol (30 de noviembre) y dura cuatro semanas.
El Adviento está dividido en dos partes: las primeras dos semanas sirven para meditar sobre la venida final del Señor, cuando ocurra el fin del mundo; mientras que las dos siguientes sirven para reflexionar concretamente sobre el nacimiento de Jesús y su irrupción en la historia del hombre en Navidad.
En los templos y casas se colocan las coronas de Adviento y se va encendiendo una vela por cada domingo. Asimismo, los ornamentos del sacerdote y los manteles del altar se tornan de color morado como símbolo de preparación y penitencia.
Muchos católicos conocen del Adviento, pero tal vez las preocupaciones en el trabajo, los exámenes en la escuela, los ensayos con el coro o el teatro de Navidad, el armado del nacimiento o pesebre y la compra de regalos, hacen que se olvide el verdadero sentido de este tiempo.
Por ello, ACI Prensa ha preparado una sección especial con diversos recursos para vivir el Adviento, entre los que está cómo armar la corona y bendecirla, la liturgia familiar para cada domingo, videos, oraciones, imágenes, el Rosario de Adviento, reflexiones de San Juan Pablo II, etc.
El dibujante malagueño Pachi Velasco Fano nos regala este año diversos dibujos con los que profundizar en el Adviento y prepararnos al Nacimiento del Señor, en Navidad.
Bajo el lema "Busca la estrella que oriente tu vida", Fano nos invita a «que este Adviento sea para nosotros un reajustar la brújula y orientar nuestra vida para llegar a Jesús (nuestro Norte, nuestra Luz)».
Y nos ofrece la siguiente dinámica:
En La Sinagoga de Jesús, que era como su parroquia y su escuela a la vez, no había libros, todo estaba escrito en "rollos".
Cada domingo de Adviento escucharemos la Palabra de Dios y esta será nuestra auténtica guía. Desenrrollaremos el buen rollo de Jesús, descubriremos su Palabra y con ella, la estela que debemos seguir.
Desde nuestro centro escolar y en colaboración con Cáritas Interparroquial Valdepeñas, nos proponemos llevar a cabo una "Campaña de recogida de dulces navideños". Que Cáritas repartirá en estas Navidades a los más necesitados de nuestra localidad.
La recogida se realizará en la dirección del centro hasta el día 18 de diciembre.
El 27 de noviembre de 1830 la Virgen Santísima se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina, y se le apareció de esta manera: La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina:
"Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan".
Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y una voz dijo a Catalina: "Hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen", y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.