13 de diciembre de 2018

SAN JUAN DIEGO

San Juan Diego nació en 1474 en el "calpulli" de Tlayacac en Cuauhtitlán, estaba localizado a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, México; establecido en 1168 por la tribu nahua y conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla".
Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del Imperio Azteca; según el Nican Mopohua, era un "macehualli", o "pobre indio", es decir uno que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etc., ni tampoco formaba parte de la clase de los esclavos. Hablándole a Nuestra Señora él se describe como "un hombrecillo" o un don nadie, y atribuye a esto su falta de credibilidad ante el Obispo.
Se dedicó a trabajar la tierra y fabricar matas las que luego vendía. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Más adelante, contrajo matrimonio con una nativa sin llegar a tener hijos.
Opción por Jesucristo Juan Diego antes de su conversión era un hombre muy devoto y religioso, -como lo testifica las Informaciones Guadalupanas de 1666-, esto lo ayudó a poder estar mejor preparado para que, entre los años de 1524 y 1525, realice una opción total por el Señor Jesús, bautizándose junto a su esposa; él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre", por su extrema gentileza y piedad y las ropas raídas que vestía. De acuerdo a la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos -las Informaciones Guadalupanas de 1666-, Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso, aún antes de su conversión.

9 de diciembre de 2018

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

                             

Juan es la «voz que grita en el desierto: Preparad el camino al Señor».
Es el medio del que Dios se sirve para que el pueblo se prepare para la venida del salvador, el que grita lo que tienen que hacer para que el salvador llegue a ellos. 
Hoy son muchas las voces que escuchamos que nos llaman a una vida que no es precisamente la vida del creyente. 
Oímos la voz de un mundo sin Dios y sin fe, que vocea a la oreja y al corazón del joven actual; que si se es creyente no se puede ser feliz, porque la fe coarta la libertad; el hacer e ir por donde uno quiera, cuando es todo contrario la fe nos hace libres y rompe todas nuestras esclavitudes. Voces de la mundanidad que invitan a pasarlo bien a costa de lo que sea, pasando por encima de quien y de lo que sea; lo importante es divertirse. 
Voces que nos llaman continuamente al egoísmo, a pensar solo en nosotros mismos y a olvidarnos de los demás y a no complicarnos nuestra vida con sus problemas, allá cada uno con lo suyo, sálvese quien pueda, que cada cual se saque sus castañas del fuego.
Voces que desprecian a Dios y la fe en Él como algo inservible e inútil y sobrevaloran el dinero y lo material como el único dios al que servir y lo único que sirve para todo. 
Voces y voces y voces que nos aturden y confunden y señalan otro camino distinto o contrario al camino del Evangelio. 
Voces que tienen que hacernos pensar que en medio de ellas no puede faltar la voz de los cristianos, que con su vida y testimonio anuncian a Jesús y su mensaje al hombre de hoy, para que se produzca en ellos la conversión. 
Yo, tú, todos, podemos anunciar al Señor como hizo Juan el Bautista. Él gritaba el mensaje de Dios en el desierto y llamaba a preparar el camino al salvador. Nosotros estamos todos, como creyentes, llamados a preparar nuestra vida y nuestro corazón para recibir el Salvador que quiere nacer en cada uno de nosotros. Por otra parte estamos llamados a gritar el mensaje de Jesús al hombre de hoy, que vive en medio del mundo tantas veces separado de Dios y su mensaje, pero que lleva en el corazón impreso el sello de Dios, por lo que no prescindir de él, porque como decía san Agustín: «Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Dios ha querido tener necesidad de nuestra pobre aportación para darse a conocer al hombre actual, para que el mensaje que Él trae llegue al hombre de hoy. Él quiere que le prestemos nuestra voz para decir al hombre actual que tiene que cambiar, que no puede seguir las llamadas de la mundanidad olvidándose de las llamadas que el mismo Dios le hace personalmente. Para ello necesita de nuestra voz, n u e s t r a vida vivida desde los valores que él trae a este mundo; de nuestro testimonio de vida que recuerde, al ser humano del siglo XXI, que Dios quiere nacer en su vida y en su corazón y que debe disponerse a recibirle, como necesitó la voz de los profetas y de Juan para anunciar a su pueblo su llegada a este mundo.
Nuestro mundo actual necesita oír la voz de Cristo que anuncia un estilo propio y peculiar para aquellos que quieran seguirle. Esta voz de Cristo va a llegarles a los hombres de hoy a través nuestro, por medio de nuestra voz, de nuestra vida y de nuestro testimonio. Preparemos el camino al Señor, seamos instrumentos al servicio del anuncio de la llegada de Cristo salvador a la vida de los hombres, descubrámosles que Cristo viene a curar todo lo enfermo que hay en nosotros y dar sentido a todo aquello a lo que, sin Él, no encontraríamos sentido. Pero para ello es necesario que le recibamos, que le abramos nuestro corazón y le dejemos entrar en nuestra vida, porque Cristo ya nació hace veinte siglos, pero quiere nacer hoy y ahora en el corazón de todos los seres humanos del momento actual de nuestra historia.
                                                                                         Monseñor Gerardo Melgar
                                                                            Obispo Prior de la Diócesis de Ciudad Real










Tan solo hay un nosotros
Nunca en la historia nuestro estilo de vida ha estado tan relacionado con la vida de millones de personas.
En la sociedad del hiperconsumo, nuestros hábitos y decisiones cotidianas influyen en las condiciones de vida de millones de personas que sufren situaciones de pobreza, exclusión y violencia en un mundo cada vez más individualista y desigual.
En nuestro modelo social todo son estímulos, cada vez hay menos espacio para el silencio, para el encuentro, y hasta la solidaridad o la espiritualidad se convierten en artículos de consumo.
Sin embargo, el cambio viene desde el desierto, donde no hay distracciones, solo silencio, donde lo único que importa es la vida.
En el desierto descubrimos lo importante, el valor del hermano, del otro que busca, igual que yo, vivir, ser feliz. En el desierto, lejos del egoísmo, lejos de las luces que me separan de lo importante, me encuentro con el hermano que tan solo quiere una vida mejor. En el desierto desaparecen las fronteras, las barreras físicas y mentales, las razas, las clases sociales… todo lo que hemos creado para no reconocernos. En el desierto encontramos nuestro auténtico yo, en el que Dios habita, encontramos al otro y descubrimos que no hay un “otro”, que, en la humanidad, solo hay un “nosotros”, y todo lo que nos aleje de ahí, nos separa de nuestro auténtico yo, nos distancia del Padre que nos habita.
Francisco Jiménez, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga.













8 de diciembre de 2018

INMACULADA CONCEPCIÓN

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.
"Dogma proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.

La maternidad espiritual de María en el pasado, el presente y el futuro de la Iglesia y del Mundo


SAN AMBROSIO

San Ambrosio cuyo nombre significa "Inmortal" es uno de los más famosos doctores que la Iglesia de occidente tuvo en la antigüedad junto con San Agustín, San Jerónimo y San León.
Cuando apenas tenía 30 años fue nombrado gobernador de todo el norte de Italia, con residencia en Milán, y posteriormente, fue elegido Obispo de esta ciudad por clamor popular. San Ambrosio se negó a aceptar el cargo pues no era sacerdote, pero se hicieron memoriales y el Emperador mandó un decreto señalando que el santo debía aceptar ese cargo. Desde entonces se dedicó por horas y días a estudiar las Sagradas Escrituras hasta llegar a comprenderla maravillosamente.
San Ambrosio componía hermosos cantos y los enseñaba al pueblo; además, escribió muy bellos libros explicando la Biblia, y aconsejando métodos prácticos para progresar en la santidad. Especialmente famoso se hizo un tratado que compuso acerca de la virginidad y de la pureza. Además de su sabiduría para escribir, tenía el don de la diplomacia siendo llamado muchas veces por el alto gobierno como embajador del país para obtener tratados de paz cuando se suscitaba algún conflicto.
San Ambrosio falleció el viernes santo del año 397, a la edad de 57 años.

SAN NICOLÁS

San Nicolás, cuyo nombre significa "protector y defensor de los pueblos" fue tan popular en la antigüedad que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado por los fieles en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, consiguiendo éstos favores admirables por parte del santo.


SAN SABAS

Nació en Turquía en el año 439. Era hijo de un comandante del ejército, quien tuvo que partir a lejanas tierras y lo dejó confiado a un tío. Apenas a los ocho años, sufrió el desprecio de sus parientes, los cuales se rehusaban a educarlo. San Sabas, se fue a un monasterio, y después de pasar varios años como monje ejemplar en su tierra, decidió partir a Jerusalén para aprender la santidad con los monjes de ese país.
Se dedicó a una vida llena de oración y penitencia. Trabajaba diez horas al día, hacía canastos y los vendía para poder llevar alimentos a los más ancianos y débiles.
El santo pasó cuatro años seguidos en el desierto sin hablar con nadie. Luego empezaron a llegar monjes a pedirle que los dirigiera hacia la santidad a lo que el santo accedió. Llegó a tener 150 monjes cerca del Mar Muerto, y cuando tuvo 50 años fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Jerusalén, y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa. Con la herencia que le dejaron sus padres construyó dos hospitales.
Por tres veces fue enviado a Constantinopla, residencia del emperador, a obtener que este no apoyara a los herejes y que favoreciera la Tierra Santa. San Sabas llegó a dirigir personalmente a muchos monjes y entre sus dirigidos hay varios santos canonizados como San Juan Damasceno y San Teodoro.
Murió el 5 de diciembre del año 532, a los 94 años de edad. Su monasterio, cerca del Mar Muerto, es uno de los tres monasterios más antiguos que existen en el mundo.


SANTA BARBARA Y SAN JUAN DAMASCENO

Según una antigua tradición, Santa Bárbara era hija de un hombre muy rudo llamado Dióscoro. Como ella no quería creer en los ídolos paganos de su padre, éste la encerró en un castillo, al cual le había mandado colocar dos ventanas, pero la santa mandó a los obreros a que añadieran una tercera ventana para acordarse de las Tres Divinas personas que conforman la Santísima Trinidad. Sin embargo, este acto enfureció más a su incrédulo padre, quien permitió que la martirizaran cortándole la cabeza con una espada.
De esta manera, Santa Bárbara es representada con una espada, una palma (señal de que obtuvo la palma del martirio) y con una corona porque se ganó el reino de los cielos. La misma tradición señala además, que cuando Dióscoro bajaba del monte donde habían matado a su hija, le cayó un rayo y lo mató, y es por este hecho, que muchas personas rezan a la santa para pedir su intersección y verse libre de los rayos de las tormentas. En su sepulcro se obraron muchos milagros.



San Juan Damasceno, el primero de la larga fila de aristotélicos cristianos, fue también uno de los dos grandes poetas de la Iglesia oriental. El santo pasó su vida entera bajo el gobierno de una califa mahometano y este hecho muestra el extraño caso de un Padre de la Iglesia cristiana, protegido de las venganzas de un emperador, cuyas herejías podía atacar impunemente, ya que vivía bajo el gobierno musulmán. Fue uno de los más grandes y fuertes defensores del culto de las sagradas imágenes en la amarga época de la controversia iconoclasta. Como escritor teológico y filósofo, no intentó nunca ser original ya que su trabajo se redujo más bien a compilar y poner en orden lo que sus predecesores habían escrito.
A pesar de su formación teológica, no parece haber considerado al principio, otra carrera sino la de su padre, Jefe del departamento de recaudación de impuestos, a quien sucedió en su oficio. En la corte podía llevar libremente una vida cristiana y ahí se hizo notable por sus virtudes y especialmente por su humildad. Sin embargo, el santo renunció a su oficio y se fue de monje a la "laura" de San Sabas, lugar donde escribió sus primeras obras contra los iconoclastas, compuso himnos y poemas. El resto de su vida la pasó escribiendo teología y poesía en San Sabas, donde murió en a una edad avanzada.