Este Pontífice se hizo famoso por haber redactado y hecho grabar los epitafios o lápidas en los sepulcros de muchos famosos mártires de las catacumbas de Roma.
De familia española, el santo fue secretario de los Pontífices, San Liberio y San Félix, y al ser elegido Papa, en el año 366, hizo honor a su nombre, que significa "domador", porque tuvo que sofocar una sangrienta rebelión que se levantó en Roma contra él.
Tuvo como Secretario al gran San Jerónimo, a quien le encargó que tradujera la S. Biblia al idioma popular, conocida con el nombre de "La Vulgata", y que fue empleada por la Iglesia Católica durante cerca de 15 siglos.
La tradición señala que el Papa San Dámaso fue el que introdujo en las oraciones de los católicos el "Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén". Durante todo su pontificado se preocupó por conseguir que los obispos de todas las naciones reconocieran al Sumo Pontífice de Roma como el obispo más importante del mundo.
Murió el 11 de diciembre del año 384 a la edad de 80 años. Fue sepultado en la tumba que él mismo se había preparado humildemente, alejado de las tumbas de los santos famosos de Roma. Después construyeron sobre su sepulcro la basílica llamada San Dámaso.
En el Evangelio de este segundo
domingo de Adviento,
Juan prepara el camino para
la manifestación de Dios en
la persona de Jesús.
«Voy a enviar a mi mensajero delante
de ti»… las palabras de los profetas
se hacen realidad en Juan, que
aparece delante de Jesús, anunciando
su llegada.
Utiliza una práctica común entre
las comunidades judías para la
limpieza y renovación: la inmersión
de la persona en agua, pero
superando el mero ritual judío, ya
que exige la confesión de los pecados
y la penitencia como algo
previo, una preparación sincera y
profunda.
Destaca su actitud, tanto por
dentro como por fuera: sus ropas
signos de humildad y su ilusión por
acercar a la gente a Jesús mediante
el bautismo.
En el tiempo litúrgico que vivimos
cada uno de nosotros debemos
ser el mensajero que va delante del
Señor, preparando con ilusión la llegada
de la Navidad, con humildad,
sin caer en los excesos consumistas y
con la conciencia clara de lo que estamos
preparando.
Que de alguna manera sepamos
ejercer el difícil oficio de profeta, que
es «decir a su tiempo contra su tiempo
lo que Dios manda decir».
Porque ir delante de Él diciendo
lo que Dios manda decir supone,
muchas veces, ir contracorriente: del
consumismo, de la apatía, de la indiferencia,
de la falta de ilusión y esperanza…
es una lucha por avanzar
con fe en el desierto, muchas veces
árido, de nuestra sociedad y de nuestros
corazones.
Son palabras de Isaías: «En el desierto preparadle un camino
al Señor»… hagámoslo así en este tiempo de adviento, tiempo de oración y de
reflexión, de espera vigilante, de arrepentimiento y por supuesto de alegría.
Mari Carmen Antón Rodríguez
Mc 1,1-8
De la mano de Juan el Bautista tenemos una tarea inaplazable en el tiempo de Adviento -y siempre-. Se trata de preparar el camino al Señor. Lo cantamos, los interiorizamos y, ¿qué consecuencias tiene para nuestra vida?
Con el dibujo de Fano de este domingo, se nos invita a poner una alfombra al pobre. ¿Qué significa esto? Quitar a los pobres las piedras que les ponemos en su vida, en su trayectoria, en su día a día. Facilitarles la vida, que esa vida realmente sea digna y pueda ser vivida.
Juan asumía, en su austeridad y pobreza, en su desierto, la historia de los pobres. Él podía preparar el camino porque se identificaba con ellos.
¿Cómo estamos nosotros? ¿Qué papel ocupan los pobres en nuestra vida?
Dibu: Patxi Velasco Fano
Texto: Fernando Cordero ss.cc.
El cantautor malagueño Unai Quirós ha compuesto la canción "¡¡Adviento llegó!!" con la que invitar a los niños a vivir con intensidad el tiempo litúrgico que comenzamos el domingo 3 de diciembre. En el siguiente vídeo podéis disfrutar de la obra, acompañada por dibujos del dibujante también malagueño Patxi Velasco Fano.
A partir del siglo XVI, la "Santa Casa de Loreto" que se encuentra en la región italiana de la Marca de Ancona, ha sido un concurrido centro de peregrinación y una instancia de oración de famosos santos como San Franciso Javier, San Francisco de Borja, San Carlos Borromeo, San Luis Gonzaga, y muchos otros más, que dieron devoción de un santuario mariano muy amado en el occidente.
Pese a que la milagrosa traslación de la casa de Nazaret a Loreto no tiene ninguna prueba histórica, existen sólidas bases de esta devoción mariana. En 1470, una bula emitida por el Papa Pablo II, autorizaba la conmemoración de una imagen de la Santísima Virgen transportada por los ángeles a Loreto, dentro de un edificio sin cimientos, "milagrosamente fundado".
Hacia 1472, uno de los rectores del templo de Loreto relató sobre la forma en que la "Santa Casa de Nazaret" llegó a las cercanías de Fiume y después, a Loreto. De acuerdo con todos los relatos escritos, la bendita construcción debe haber llegado a las cercanías de Fiume en 1291 y a Loreto en 1294. Causa extrañeza a los investigadores el absoluto silencio sobre el suceso a lo largo de los siglos XIV y XV, pero sobre todo, que en una bula con fecha de 1320, relacionada con Loreto, no se hable para nada de la traslación. Tampoco en oriente aparece mención alguna sobre la "Santa Casa de Narazet" antes del siglo VI.
Sin embargo, hay testimonios auténticos, que datan de los años 1193, 1194 y 1285, de que existía en Loreto una iglesia dedicada a Nuestra Señora. Es posible que los católicos servios que huían de la persecución a fines del siglo XIII, transportasen hasta Loreto, donde se refugiaron, una estatua de la Virgen María, y no se puede descartar la probabilidad de que ellos mismos construyesen para proteger a su imagen, una casa a la que pusieron el nombre de Nazaret, de la misma manera que, en nuestros días, se han construido en todas partes grutas de Lourdes.
"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.
"Dogma proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.
San Nicolás, cuyo nombre significa "protector y defensor de los pueblos" fue tan popular en la antigüedad que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado por los fieles en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, consiguiendo éstos favores admirables por parte del santo.
San Juan Damasceno, el primero de la larga fila de aristotélicos cristianos, fue también uno de los dos grandes poetas de la Iglesia oriental. El santo pasó su vida entera bajo el gobierno de una califa mahometano y este hecho muestra el extraño caso de un Padre de la Iglesia cristiana, protegido de las venganzas de un emperador, cuyas herejías podía atacar impunemente, ya que vivía bajo el gobierno musulmán. Fue uno de los más grandes y fuertes defensores del culto de las sagradas imágenes en la amarga época de la controversia iconoclasta. Como escritor teológico y filósofo, no intentó nunca ser original ya que su trabajo se redujo más bien a compilar y poner en orden lo que sus predecesores habían escrito.
A pesar de su formación teológica, no parece haber considerado al principio, otra carrera sino la de su padre, Jefe del departamento de recaudación de impuestos, a quien sucedió en su oficio. En la corte podía llevar libremente una vida cristiana y ahí se hizo notable por sus virtudes y especialmente por su humildad. Sin embargo, el santo renunció a su oficio y se fue de monje a la "laura" de San Sabas, lugar donde escribió sus primeras obras contra los iconoclastas, compuso himnos y poemas. El resto de su vida la pasó escribiendo teología y poesía en San Sabas, donde murió en a una edad avanzada.
Iniciamos un nuevo ciclo litúrgico, el ciclo
B, y con él, el tiempo de Adviento,
tiempo de espera de la venida del Señor
que nos aguarda en la cueva de Belén.
En este primer domingo nos llaman la
atención dos ideas: el deseo de Isaías, para
que Dios venga y moldee nuestra vida con
sus propias manos; y la insistencia de Jesús
en el Evangelio de Marcos para vigilar nuestra
vida ante su venida.
El profeta Isaías se dirige a Dios con gran
ímpetu y deseo para expresarle unas palabras
muy atrevidas: «Ojalá rasgases el cielo
y bajases». Y es que el profeta le cuestiona a
nuestro Padre por qué nos deja vagar fuera
de sus caminos, siendo nosotros creaturas
suyas. No olvidemos que Dios nos ha creado
libres para que, cada cual, libremente, elija.
Esta elección será la apropiada cuando decidamos
acercarnos a Dios y queramos relacionarnos
con Él. Entonces, nos daremos
cuenta de nuestra debilidad, de nuestros límites humanos, de que nuestro barro necesita,
una y otra vez, de la ayuda de Dios para
ser renovado. Tener una relación con Dios
implica aceptar su Palabra y vivirla. Así,
nuestra arcilla, nuestro ser humano, llegará
a ser una vasija llena de amor trasmitido por
las manos de su alfarero.
Ante nuestro barro caído y destrozado,
no nos cansemos de pedir en la oración a
Dios que nos restaure, que nos vuelva hacer
cada día de nuevo, para que brille su rostro
sobre nosotros por medio de su Hijo Jesucristo,
que es nuestro mediador y salvador.
Nuestra tarea es mantenernos firmes, despiertos,
vigilantes en nuestro camino diario.
Estemos atentos a nuestros deseos, nuestras
inclinaciones, para discernir si son de Dios.
Tenemos un modelo perfecto de hombre, el
Hijo de Dios, que está con nosotros en la Eucaristía,
que se comparte con todos los que
se acercan a Él.
En este tiempo de Adviento, Jesús nos
invita a velar; a estar despiertos; a orar incesantemente
como lo hacía san Francisco
Javier, patrono de las misiones, cuya festividad
celebramos hoy.
Comentario dominical por: Antonia Ruiz Caballero
Mc 13, 33-37: “Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”.
La cosa va de prestar atención, de estar en vela, de no dormirnos ante la visita tan importante que viene, especialmente en Adviento, a nuestras vidas. ¿Qué nos impide estar despiertos? ¿Qué imposibilita que encendamos la vela de la acogida, del amor, del compartir, de la alegría, de la esperanza? ¿Quién puede encender la mecha de nuestra alma?
Hasta que no nos pongamos en tesitura de ofrecernos al Padre, esa llama no prenderá. La oración nos ayudará, como instrumento privilegiado para ese necesario encuentro.
¡Ánimo! ¡Velad! ¡Encended la vela! Hasta que la gran estrella nos oriente.