- Biografía de Santa Bernadette de Soubirous
- Oración a Santa Bernadette de Soubirous
- Especial de Nuestra Señora de Lourdes
Blog Educativo: Religión Católica. CEIP Luis Palacios Valdepeñas (Cuidad Real)
Nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita.
San Damián nació el 3 de enero de 1840 en Bélgica; su nombre de pila fue Jozef de Veuster. Ingresó a la vida religiosa como miembro de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar, conocidos como los Sagrados Corazones de Jesús y María (SS.CC). Fue enviado como misionero a las islas Hawaii (Estados Unidos), donde fue ordenado sacerdote el 24 de mayo de 1864 en Honolulu, la capital.
Por ese entonces se desató una terrible epidemia de lepra. Los que caían enfermos eran apartados inmediatamente de la comunidad y enviados a la isla de Molokai, donde eran abandonados a su suerte. La medida fue iniciativa de las autoridades quienes querían evitar que se extienda la epidemia, pero resultaba ser injusta y cruel con los que se enfermaron. Es en esas circunstancias, el P. Damián solicitó permiso para ir a ayudar y acompañar espiritualmente a los habitantes de Molokai. Es así que el P. Damián se embarcó rumbo a la isla, en una de las embarcaciones en las que se trasladaban leprosos.
Molokai se había convertido en un lugar sombrío y violento. Muchos de los que vivían allí lo hacían sin paz ni esperanza. A diario el P. Damián escuchaba cómo los leprosos eran objeto de las burlas y del desprecio de los pocos que aún estaban sanos; oía los lamentos de los moribundos o se convertía en testigo involuntario de escenas terribles, con cadáveres en las calles o en fosas a medio enterrar, sirviendo de alimento a los perros.
Poco a poco, el Santo misionero fue transformando el lugar: construyó una iglesia en honor a Santa Filomena, un pequeño hospital, una enfermería y, por si fuera poco, organizó la construcción de una escuela y viviendas para albergar a los que no tenían techo.
Lamentablemente en 1885 contrajo lepra, cuando tenía sólo 49 años. Ante las solicitudes para que deje la isla, él decidió permanecer allí, a lado de los suyos. Sabía que irse podía significar para más de uno que Dios los estaba abandonando. El P. Damián por eso rechazó ser trasladado para recibir tratamiento:
"Hasta este momento me siento feliz y contento, y si me dieran a escoger la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo: ‘Me quedo para toda la vida con mis leprosos’”.
El Santo continuó con su obra evangelizadora mientras las fuerzas le acompañaron. Antes de morir vio llegar al P. Wendelin y a las hermanas franciscanas que se encargaron de la enfermería. Entre ellas estaba la Beata Madre Mariana Cope que sirvió más de 30 años a los leprosos.
San Damián de Molokai partió a la Casa del Padre el 15 de abril de 1889. Una estatua con su imagen se encuentra hoy ubicada dentro del Capitolio de Estados Unidos, como símbolo máximo de la historia del estado de Hawái.
Para conocer más de la vida de este santo ingrese al siguiente enlace.
Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos. Ella nos enseña a aprovechar la enfermedad para pagar nuestros pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice: Santa Liduvina fue "un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica".
San Martín fue el último Papa martirizado. Nació en Todi, Italia, y se distinguió entre los sacerdotes de Roma por su santidad y su sabiduría. Fue elegido Papa el año 649 y poco después convocó a un Concilio o reunión de todos los obispos, para condenar la herejía de los que decían que Jesucristo no había tenido voluntad humana, sino solamente voluntad divina.
Como el emperador de Constantinopla Constante II era hereje monotelita, envió a un batallón militar para darle muerte. Sin embargo, el agravio contra el Pontífice fue infructuoso provocando la cólera del emperador. Éste mandó otro batallón, y aprovechando la enfermedad del Papa, los militares lo hicieron prisionero y lo trasladaron a Constantinopla, en tormentoso viaje, en el cual el Papa soportó pacientemente durante 14 meses los abusos y malos tratos de sus captores.
Al llegar a Constantinopla, el Emperador lo expuso en público para que el pueblo lo humillara y lo insultara. Un tribunal de herejes lo condenó sin permitirle que dijera una palabra en su defensa, encerrándolo en el calabozo por tres meses. Por petición del Patriarca de Constantinopla, el Papa logró ser desterrado en el desierto donde pasó mas tormentos y sufrimientos, que no le impidieron continuar rezando a Dios por sus feligreses y enemigos.
Falleció en el año 656, siendo declarado santo en Constantinopla.
Hermenegildo y su hermano, Recaredo eran hijos de Leovigildo, rey de los visigodos de España, y de su primera esposa, Teodosia. Su padre los educó en la herejía arriana. Sin embargo, Hermenegildo se casó con una católica, quien con su ejemplo y oraciones convirtieron al mártir. Su padre al enterarse de esto se enfureció y lo desheredó, y tomó prisioneros a su esposa e hijo. Sin embargo, luego de un año hicieron las paces. Tiempo después, la segunda esposa de Leovigildo empezó a despertar nuevas sospechas contra Hermenegildo, que fue encarcelado en Tarragona acusado de herejía; se le ofrecía la libertad a condición de que se retractase.
El mártir pidió fervorosamente a Dios que le fortaleciese en su combate por la fe, añadió mortificaciones voluntarias a sus sufrimientos y se vistió con un saco, como los penitentes. Al negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano, su padre lo mandó matar. Hermenegildo recibió la noticia con gran resignación y murió instantáneamente de un solo golpe de mazo. San Gregorio el Grande atribuye a los méritos de San Hermenegildo la conversión de su hermano Recaredo y de toda la España visigótica.
San Giuseppe fue el séptimo hijo del matrimonio conformado por Francesco Moscati (abogado) y una aristócrata, Rosa De Luca dei Marchesi di Roseto. La familia vivía en Santa Lucía di Serino, luego se trasladó a Nápoles en 1884, aquí recibió la Primera Comunión, cuatro años más tarde, en la iglesia de las Hermanas del Sagrado Corazón. En esta iglesia, Moscati se reúne con el beato Bartolo Longo, fundador de la ermita de Pompeya al lado de la iglesia y conoció a Santa Caterina Volpicelli.
La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje:
Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia"(Diario, 723).
Miquel Argemir i Mitjà (1591-1626) nació en Vic, un
municipio de Barcelona. Fue el séptimo de los ocho hermanos de una familia
cristiana. Cuentan sobre él que dormía bajo su cama y que utilizaba una piedra
como almohada.
Siendo muy joven, Miquel siente la llamada de Dios y
decide emprender una vida como ermitaño, refugiándose en el Macizo del Montseny.
Y, con sólo doce años, es admitido como monaguillo en los trinitarios calzados
de Barcelona, provocando la sorpresa entre los religiosos debido a su fervor y
devoción hacia el sacramento de la Eucaristía.
Su maestro de novicios, ya en el convento de San
Lamberto, llegó a afirmar sobre él cuando tenía quince años que "Fray
Miguel era de una humildad profundísima, tenía una especial diligencia para
hacer los servicios más modestos y para prestar la ayuda en lo más
pequeño".
Por ello, un tiempo después recibió el hábito descalzo,
emitiendo los votos y tomando el nombre de Miguel de los Santos. Se trasladó a
Salamanca y estudió Teología. De hecho, se cuenta que obró un milagro. Ante la
presencia del maestro Antolínez, Miguel dio un grito y se elevó a una altura de
un metro sobre el suelo, con los brazos en cruz y la mirada perdida.
Las conversiones que consiguió durante sus predicaciones
le valieron para ser ordenado sacerdote. Preparaba sus sermones pasando tres días
en oración a los pies de un crucificado. Con frecuencia y mientras celebraba el
acto litúrgico, el milagro de Salamanca volvía a repetirse ante la mirada de su
público. Por ello, se ganó el apodo de El extático. El santo reflejó sus
experiencias místicas en su obra La tranquilidad del alma.