A Santa Lucía se le ha representado frecuentemente con dos ojos, porque según una antigua tradición, a la santa le habrían arrancado los ojos por proclamar firmemente su fe.
Nació y murió en Siracusa, ciudad de Italia, y gracias a sus múltiples virtudes entre las que se destaca la sencillez, la humildad y la honradez, el Papa San Gregorio en el siglo VI puso su nombre a dos conventos femeninos que él fundó.
Según la tradición, cuando la santa era muy niña hizo a Dios el voto de permanecer siempre pura y virgen, pero cuando llegó a la juventud quiso su madre (que era viuda), casarla con un joven pagano. Lucía finalmente obtuvo el permiso de no casarse, pero el joven pretendiente, rechazado, dispuso como venganza acusarla ante el gobernador de que la santa era cristiana, religión que estaba totalmente prohibida en esos tiempos de persecución. Santa Lucía fue llamada a juicio; fue atormentada para obligarla a adorar a dioses paganos, pero ella se mantuvo firme en su fe, para luego ser decapitada.
Los medios de comunicación nos informan cada vez con más
rapidez de lo que acontece en el mundo. Conocemos cada vez mejor las
injusticias, miserias y abusos que se cometen diariamente en todos los países.
Esta información crea fácilmente en nosotros un cierto
sentimiento de solidaridad con tantos hombres y mujeres, víctimas de un mundo
egoísta e injusto. Incluso puede despertar un sentimiento de vaga culpabilidad.
Pero, al mismo tiempo, acrecienta nuestra sensación de impotencia.
Nuestras posibilidades de actuación son muy exiguas.
Todos conocemos más miseria e injusticia que la que podemos remediar con
nuestras fuerzas. Por eso es difícil evitar una pregunta en el fondo de nuestra
conciencia ante una sociedad tan deshumanizada: «¿Qué podemos hacer?».
Juan Bautista nos ofrece una respuesta terrible en medio
de su simplicidad. Una respuesta decisiva, que nos pone a cada uno frente a
nuestra propia verdad. «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no
tiene; y el que tenga comida haga lo mismo».
No es fácil escuchar estas palabras sin sentir cierto
malestar. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos
interpelar. Son palabras que hacen sufrir. Aquí termina nuestra falsa «buena
voluntad». Aquí se revela la verdad de nuestra solidaridad. Aquí se diluye
nuestro sentimentalismo religioso. ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir
lo que tenemos con los que lo necesitan.
Muchas de nuestras discusiones sociales y políticas,
muchas de nuestras protestas y gritos, que con frecuencia nos dispensan de una
actuación más responsable, quedan reducidas de pronto a una pregunta muy
sencilla. ¿Nos atreveremos a compartir lo nuestro con los necesitados?
De manera ingenua creemos casi siempre que nuestra
sociedad será más justa y humana cuando cambien los demás, y cuando se
transformen las estructuras sociales y políticas que nos impiden ser más
humanos.
Y, sin embargo, las sencillas palabras del Bautista nos
obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nosotros. Las
estructuras reflejan demasiado bien el espíritu que nos anima a casi todos.
Reproducen con fidelidad la ambición, el egoísmo y la sed de poseer que hay en
cada uno de nosotros.
Lc 3, 10-18
En un mundo muchas veces preocupado y gris, estar alegres es un acto revolucionario. Estamos alegres porque sabemos que Jesús va a venir a nuestra vida, a nuestra casa, sea la que sea, esté como esté... Jesús no distingue clases sociales, ni países, ni razas...
Un sábado 9 de diciembre, el indio Juan Diego, recién convertido a la fe católica, se dirigió al templo para oír Misa. Al pie de un cerro pequeño llamado Tepeyac vio una nube blanca y resplandeciente y oyó que lo llamaban por su nombre. Vio a una hermosa Señora quien le dijo ser "la siempre Virgen María Madre de Dios" y le pidió que fuera donde el Obispo para pedirle que en aquel lugar se le construyera un templo. Juan Diego se dirigió a la casa del obispo Fray Juan de Zumárraga y le contó todo lo que había sucedido. El obispo oyó con admiración el relato del indio y le hizo muchas preguntas, pero al final no le creyó.
De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oír a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo. De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba. El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano.
Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.
Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio. Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pio XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".
Este Pontífice se hizo famoso por haber redactado y hecho grabar los epitafios o lápidas en los sepulcros de muchos famosos mártires de las catacumbas de Roma.
De familia española, el santo fue secretario de los Pontífices, San Liberio y San Félix, y al ser elegido Papa, en el año 366, hizo honor a su nombre, que significa "domador", porque tuvo que sofocar una sangrienta rebelión que se levantó en Roma contra él.
Tuvo como Secretario al gran San Jerónimo, a quien le encargó que tradujera la S. Biblia al idioma popular, conocida con el nombre de "La Vulgata", y que fue empleada por la Iglesia Católica durante cerca de 15 siglos.
La tradición señala que el Papa San Dámaso fue el que introdujo en las oraciones de los católicos el "Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén". Durante todo su pontificado se preocupó por conseguir que los obispos de todas las naciones reconocieran al Sumo Pontífice de Roma como el obispo más importante del mundo.
Murió el 11 de diciembre del año 384 a la edad de 80 años. Fue sepultado en la tumba que él mismo se había preparado humildemente, alejado de las tumbas de los santos famosos de Roma. Después construyeron sobre su sepulcro la basílica llamada San Dámaso.
A partir del siglo XVI, la "Santa Casa de Loreto" que se encuentra en la región italiana de la Marca de Ancona, ha sido un concurrido centro de peregrinación y una instancia de oración de famosos santos como San Francisco Javier, San Francisco de Borja, San Carlos Borromeo, San Luis Gonzaga, y muchos otros más, que dieron devoción de un santuario mariano muy amado en el occidente.
Pese a que la milagrosa traslación de la casa de Nazaret a Loreto no tiene ninguna prueba histórica, existen sólidas bases de esta devoción mariana. En 1470, una bula emitida por el Papa Pablo II, autorizaba la conmemoración de una imagen de la Santísima Virgen transportada por los ángeles a Loreto, dentro de un edificio sin cimientos, "milagrosamente fundado".
Hacia 1472, uno de los rectores del templo de Loreto relató sobre la forma en que la "Santa Casa de Nazaret" llegó a las cercanías de Fiume y después, a Loreto. De acuerdo con todos los relatos escritos, la bendita construcción debe haber llegado a las cercanías de Fiume en 1291 y a Loreto en 1294. Causa extrañeza a los investigadores el absoluto silencio sobre el suceso a lo largo de los siglos XIV y XV, pero sobre todo, que en una bula con fecha de 1320, relacionada con Loreto, no se hable para nada de la traslación. Tampoco en oriente aparece mención alguna sobre la "Santa Casa de Nazaret" antes del siglo VI.
Sin embargo, hay testimonios auténticos, que datan de los años 1193, 1194 y 1285, de que existía en Loreto una iglesia dedicada a Nuestra Señora. Es posible que los católicos sirios que huían de la persecución a fines del siglo XIII, transportarán hasta Loreto, donde se refugiaron, una estatua de la Virgen María, y no se puede descartar la probabilidad de que ellos mismos construyeron para proteger a su imagen, una casa a la que pusieron el nombre de Nazaret, de la misma manera que, en nuestros días, se han construido en todas partes grutas de Lourdes.
¡FELICIDADES A TODAS LAS PERSONAS QUE HOY CELEBRAN SU ONOMÁSTICA !
San Juan Diego nació en 1474 en el "calpulli" de Tlayacac en Cuauhtitlán, estaba localizado a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, México; establecido en 1168 por la tribu nahua y conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla".
Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del Imperio Azteca; según el Nican Mopohua, era un "macehualli", o "pobre indio", es decir uno que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etc., ni tampoco formaba parte de la clase de los esclavos. Hablándole a Nuestra Señora él se describe como "un hombrecillo" o un don nadie, y atribuye a esto su falta de credibilidad ante el Obispo.
Se dedicó a trabajar la tierra y fabricar matas las que luego vendía. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Más adelante, contrajo matrimonio con una nativa sin llegar a tener hijos.
Opción por Jesucristo Juan Diego antes de su conversión era un hombre muy devoto y religioso, -como lo testifica las Informaciones Guadalupanas de 1666-, esto lo ayudó a poder estar mejor preparado para que, entre los años de 1524 y 1525, realice una opción total por el Señor Jesús, bautizándose junto a su esposa; él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre", por su extrema gentileza y piedad y las ropas raídas que vestía. De acuerdo a la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos -las Informaciones Guadalupanas de 1666-, Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso, aún antes de su conversión.
La Virgen de Consolación recorre las calles de Valdepeñas en una Salida Extraordinaria.
Los valdepeñeros arropan a su patrona, la trasladan en
andas y le cantan en el recorrido
La patrona de Valdepeñas, la Virgen de Consolación,
recorre las calles de la ciudad del vino este miércoles, 8 de diciembre, fiesta
de la Inmaculada Concepción, en una Salida Extraordinaria, que ha comenzado
pasadas las 11.30 horas, tras la celebración de una Santa Misa en la parroquia
de la Asunción y con unas gotas de lluvia, que luego han parado, pero que han
aparecido después haciendo que el recorrido haya tenido que acortarse.
Los valdepeñeros han arropado a su patrona por las calles
de la ciudad, que se han engalanado para la ocasión, la han trasladado en andas
(todo aquel que quisiera hacerlo, solicitándolo primero) y le han cantado en
varios puntos del recorrido, así como la Agrupación Musical Maestro Ibáñez iba
tras la imagen de la Virgen interpretando diversas piezas musicales.
La Santísima Virgen ha vestido una nueva saya y corpiño,
que han sido donados de manera anónima y que lucía para esta ocasión tan
especial en la que la imagen de la patrona ha vuelto a recorrer las calles de
Valdepeñas tras más de dos años sin poder hacerlo debido a la situación
sanitaria por la COVID-19.
La Policía Local de Valdepeñas pidió estos días en su
Twitter a los propietarios de vehículos que respetaran el itinerario de la
Salida Extraordinaria de la Virgen de Consolación, y que no estacionaran
durante la mañana en dicho recorrido, previsto por la plaza de España, calles
Real, Pintor Mendoza, Seis de Junio y Bernardo de Balbuena, para llegar de
nuevo a la plaza de España.
Sin embargo, el recorrido ha tenido que acortarse por la
lluvia y cuando la Virgen iba por la calle Pintor Mendoza esquina con calle
Unión, la patrona de Valdepeñas ha dado la vuelta y ha regresado por la calle
Pintor Mendoza y calle Castellanos.
La Hermandad de la Virgen de Consolación ha puesto a
disposición de los devotos unas velas, especialmente concebidas para acompañar
a la Virgen. El beneficio obtenido por su venta será enviado íntegramente al
obispado de San Cristóbal de la Laguna, destinado a la reedificación de la
Iglesia de Todoque, destruida por la erupción del volcán de La Palma.
Desde el lunes, 29 de noviembre y hasta ayer martes, 7 de
diciembre, se ha celebrado un Solemne Novenario a la Santísima Virgen de
Consolación a las 19 horas con el rezo del Santo Rosario y a las 19.30 con la
celebración de la Santa Misa, que se ha ofrecido en acción de gracias por su
celestial protección durante la pandemia de la COVID-19.