12 de enero de 2014

Tiempo Ordinario



Son treinta y tres o treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el Misterio Pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El Tiempo Ordinario del año comienza con el lunes que sigue del domingo después del 6 de enero y se prolonga hasta el martes anterior a la Cuaresma; vuelve a reanudarse el lunes después del domingo de Pentecostés y finaliza antes del Domingo Primero de Adviento.
Las fechas varían cada año, pues se toma en cuenta los calendarios antiguos que estaban determinados por las fases lunares, sobre todo para fijar la fecha del Viernes Santo, día de la Crucifixión de Jesús, a partir de ahí se estructura todo el año litúrgico.




Bautismo del Señor

Con la celebración del Bautismo del Señor se cierra la temporada de Navidad.



Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo, este año se celebra el domingo 12 de enero y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.
El bautismo en el Jordán fue para Jesús dejar la vida silenciosa de Nazaret y el comienzo de su misión mesiánica. Isaías habla del elegido que promoverá el derecho y la justicia, curará y librará. El "elegido" fue investido como Mesías en las aguas del Jordán donde se escuchó la palabra del Padre.
En muy poco tiempo la liturgia nos hace pasar de la cuna a la madurez.
Cristo estuvo preparándose para su misión durante 30 años, una misión que consistió en hacer cercano al hombre el Reino de Dios.
A lo largo de esos años Jesús fue descubriendo su identidad. Para descubrirlo, Jesús siente una llamada especial, es lo que hoy recordamos en la fiesta de su Bautismo.
La fiesta del Bautismo del Señor nos lleva al inicio de las cosas, a la génesis misma del mundo. Así como en el principio el Espíritu se cernía sobre la superficie de las aguas, en la escena que hoy contemplamos, el que va a ser Redentor de la humanidad brota de las aguas esenciales y es señalado por el Espíritu eterno como Salvador.
Jesús está a punto de iniciar su misión y busca a Juan Bautista, que predicaba junto al Jordán. El evangelio asegura que Juan se veía como un siervo del Mesías, anunciador de su llegada. Él decía no ser digno de desatarle las sandalias.
Jesús, pues, se acerca a Juan. Quiere ser bautizado. Es claro que no viene por un bautismo de regeneración, sino que quiere inaugurar su tarea.
El Padre de los cielos convierte la escena en una escuela personal para Jesús. Él nació de las entrañas de María. Ahora, al salir del agua, oye al Padre Dios decirle: “Tú eres mi Hijo muy querido”. Igual que su Madre le presentó a los pastores y a los magos del Oriente para que le adoraran, el Padre quiere empezar a presentarle ante el mundo, señalándolo como su “predilecto”. Por fin, igual que la estrella le distinguió entre la multitud, Jesús ve cómo el Espíritu Santo le reconoce entre la muchedumbre y, así como la paloma va derecho al lugar de su origen, viene a él para habitar en él. El Espíritu sabe que Jesús es su hogar perpetuo.
El Bautismo del Señor, además, inaugura el anuncio del Reino del Padre y constata que Jesús inicia la nueva creación. El Señor aparece ante nuestros ojos, finalmente, como nuevo Moisés que, rescatado de las aguas, inició el proceso que culminaría con la ruptura de las cadenas de esclavitud que ataban de pies y manos a sus hermanos.
Finalmente, nosotros confesamos que Dios nos hizo sus hijos en la fuente bautismal. Esta es nuestra fe: Cristo, que asumió nuestra carne y sangre, santifica las aguas comunicándoles fuerza redentora que se nos transmite en el bautismo. La acción salvífica de Dios actúa en su Hijo predilecto, Jesús, que sintetiza todo: el Espíritu, el agua y la sangre. Jesús como Dios que es, habiendo iniciado las cosas en las aguas primordiales, las restaura en las aguas bautismales.






21 de diciembre de 2013

Historias de Navidad

La primera Navidad


Un Cuento de Navidad-San Pablo
El niño del Tambor

Nochebuena y Navidad



El Adviento se clausura el 24 de diciembre con una solemne Vigilia que en la Liturgia, lo mismo que en la vida hogareña y social, es como el alboreo de la Pascua, la sonrisa inicial del Divino Infante, y el primer repique del interminable campaneo que ha de estallar en la “Misa del Gallo”, al oír cantar a los Ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.


LA NAVIDAD
La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.
En este tiempo los cristianos por medio del Adviento se preparan para recibir a Cristo, “luz del mundo" (Jn 8, 12) en sus almas, rectificando sus vidas y renovando el compromiso de seguirlo. Durante el Tiempo de Navidad al igual que en el Triduo Pascual de la semana Santa celebramos la redención del hombre gracias a la presencia y entrega de Dios; pero a diferencia del Triduo Pascual en el que recordamos la pasión y muerte del Salvador, en la Navidad recordamos que Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del pecado, el mundo, el demonio y de la carne para mostrarnos el camino a seguir. Con su luz nos muestra la verdad de nuestra existencia. Cristo mismo es la vida que renueva la naturaleza caída del hombre y de la naturaleza. La Navidad celebra esa presencia renovadora de Cristo que viene a salvar al mundo.
La Iglesia en su papel de madre y maestra por medio de una serie de fiestas busca concientizar al hombre de este hecho tan importante para la salvación de sus hijos. Por ello, es necesario que todos los feligreses vivamos con recto sentido la riqueza de la vivencia real y profunda de la Navidad.
Por último, es necesario recordar que durante la Navidad celebramos en tres días consecutivos, 26, 27 y 28 de diciembre, tres fiestas que nos hacen presente la entrega total al Señor :
San Esteban, mártir que representa a aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.
San Juan Evangelista, que representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz.
Los Santos Inocentes que representan a aquellos que murieron por Cristo sin saberlo

16 de diciembre de 2013

Tercer Domingo de Adviento- Ciclo A









La Liturgia de este domingo nos impulsa a la alegría. La alegría cristiana tiene un sólido fundamento: el Señor esta cerca; viene a liberarnos del mal, a darnos animo, a sostener nuestra esperanza.










DOMINGO GAUDETE



1.- Así llamábamos a este domingo de Adviento cuando decíamos las misas en latín. La antífona de entrada de la Eucaristía de la misa de este domingo recoge estas palabras de la carta de San Pablo a los filipenses: “Alegraos (gaudete) siempre en el Señor. Os lo repito: alegraos. El Señor está cerca”. Es, pues, el domingo de la alegría con la que debemos los cristianos esperar la venida del Señor, que ya está cerca. La esperanza cristiana debe ser siempre una esperanza alegre, porque esperamos a Alguien que sabemos que viene a salvarnos y porque estamos seguros que esta esperanza se cumplirá. Muchas veces los cristianos no vivimos como personas alegres; actuamos como personas tristonas, miedosas, pesimistas. Tenemos demasiado miedo a la enfermedad, a la crisis económica, al fracaso social, a las dificultades propias del momento. No se nos ve la alegría cristiana por ningún lado, no damos testimonio de alegría cristiana porque nos falta la esperanza cristiana. Muchas veces nuestra esperanza cristiana en el Dios que nos salva es sólo un barniz litúrgico y ritual, con el que envolvemos nuestras reales y corrosivas desesperanzas. Decimos, de palabra, que esperamos en Dios, que confiamos en él, pero ante una dificultad un poco seria nos asustamos y actuamos como personas sin esperanza, y, consecuentemente, sin alegría. Es evidente que nuestra esperanza cristiana no nos dispensa de la precaución y de la lucha contra las dificultades, más bien nuestra esperanza cristiana debe darnos fuerzas para luchar y trabajar con más seguridad y con alegría. No se trata de una alegría bulliciosa y exterior, sino de una alegría interior y espiritual, una alegría que nos hace más fuertes, más equilibrados, menos insensatos y miedosos. A vivir el Adviento con esta alegría cristiana es a lo que nos invitan las lecturas de este domingo.

2.- Se alegrará con gozo y alegría. El profeta Isaías exhorta al pueblo a mantener firme la esperanza en Dios, que vendrá a salvarles: “mirad a vuestro Dios que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”. Esta esperanza debe traducirse en gozo y alegría, porque el final “verán la gloria del Señor, los ciegos verán, saltarán los cojos y se abrirán los oídos del sordo”. Pero esta esperanza debe ser una esperanza activa, comprometida: “los cobardes de corazón deben hacerse fuertes, fortalecer las manos débiles, robustecer las rodillas vacilantes”. Este es el mensaje para nosotros en este tiempo de Adviento: animados por la esperanza en el Dios que viene a salvarnos, continuemos con fuerza interior y con alegría espiritual nuestro camino de preparación para la Navidad.

3.- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo. A la pregunta de los discípulos de Juan sobre si Jesús es o no el Mesías que tenía que venir, el mismo Jesús les responde diciéndoles que miren lo que están viendo y oyendo. Si él está haciendo lo que el profeta Isaías dijo que haría el Mesías, es que él es en realidad el Mesías. Las palabras pueden ser verdaderas o falsas, pero los hechos son siempre lo que son. También a nosotros, a los cristianos de este siglo XXI, la gente no nos va creer por lo que digamos, sino por lo que hagamos. Si nuestra generosidad cura la ceguera de los ciegos, la cojera de los cojos y la sordera de los sordos, seguro que la sociedad creerá en nosotros. Nuestra sociedad necesita más el ejemplo de la generosidad y caridad de la Iglesia, que la defensa teórica de sus dogmas y ritos. En estos tiempos de crisis económica y de valores los cristianos debemos comportarnos de tal manera que la gente vea y oiga que lo que estamos haciendo es atender a los más pobres, ayudar a los más necesitados, defender a los últimos y humillados, predicar la justicia evangélica y amar incondicionalmente a todas las personas. Y que, además, lo estamos haciendo con alegría cristiana. Los que vean esto en nosotros, seguro que empezarán a creer en nosotros.

7 de diciembre de 2013

Segundo Domingo de Adviento 2013- Ciclo A






En medio del Adviento se nos presenta esta gran fiesta de la Inmaculada Concepción que el pueblo cristiano celebra desde hace muchos siglos. Fue antes fiesta popular que conmemoración del propio Magisterio de la Iglesia. Eso hace más grande dicha fiesta y agasaja profundamente a María, la Madre de Jesús y Madre Nuestra. Por todo ello se entiende la prevalencia de la celebración de la Virgen ante el formulario del Domingo II de Adviento

Según disposición de los obispos españoles Este domingo, día 8 de Diciembre, prevalece la Solemnidad de la Inmaculada Concepción sobre los textos del Domingo II de Adviento. Pero se incluye en la Segunda Lectura la relativa al Segundo de Adviento, que es un fragmento de la Carta a los Romanos (Rom.15, 4-9).

 Lc 1, 26-38: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra"